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martes, 4 de marzo de 2014

El arte de no entender

Hermes Ingenui
Copia romana del original del siglo V a.C.
Museo Pío-Clementino, Vaticano
¿Qué es el lenguaje? A veces pareciera una vil sátira de tantos poemas, de una infinidad de maravillas; las palabras de los pequeños humanos se quedan en nada frente a las más bellas prosas, los más complejos epítetos, la historia relatada en verso y el ser del poeta, que deja de ser suyo (de él) en su palabra y pasa a tener otro dueño, que no es más que otra persona, usted o yo, o quizá aquel joven dormido en la esquina, el todo y la nada de la interpretación subjetiva de la subjetividad. El hermoso arte de no entender. Así pues, en el presente ensayo se pretende demostrar al lector que es así, en el ejercicio del arte de no entender, que podemos comprender.

Como cuando un rápido pensamiento atraviesa el pecho de un hombre al que inquietan numerosas preocupaciones, o como cuando centellea en los ojos el brillo de la mirada, así se ocupaba a la vez de la palabra y la acción el ilustre Hermes.” Versa así uno de los himnos de Homero, bardo de bardos, que relata la historia de Hermes y su gran habilidad con la palabra, su gran astucia, ingenio y la agilidad que le caracteriza en la mitología. Era Hermes el mensajero de los dioses griegos, un ser que en el mismo día de su nacimiento roba las vacas de Apolo y al día siguiente, cual diestro pícaro, dice a su padre la verdad ante su inquisitiva búsqueda, pero utilizando de tal manera la palabra que no queda la menor duda de su inocencia.

Dirá entonces Hermes, con implacable habilidad, a su padre: “Zeus padre, sin duda que te diré la verdad, pues soy franco y no sé mentir. Llegó a mi casa en busca de las vacas de tortuoso paso hoy, nada más salir el sol, y no llevaba consigo ni testificante ni testigo de vista de los dioses inmortales. Me instaba a confesar bajo violenta coacción. Muchas veces me amenazaba con arrojarme al ancho Tártaro, porque él posee la tierna flor de la juventud ganosa de gloria y yo en cambio nací ayer (y eso lo sabe también él mismo), sin que tenga tampoco el aspecto de un varón robusto como para ladrón de vacas. Créeme, pues te glorías de ser mi padre, que no me llevé las vacas a casa (¡ojalá fuera yo rico!) ni atravesé el umbral. Lo declaro sinceramente. Mucho reverencio al Sol y a los demás dioses; a ti, te quiero, y a él le tengo un respetuoso temor. También tú sabes que no soy culpable, así que pronunciaré un gran juramento. ¡No, por estos pórticos hermosamente adornados de los inmortales! Yo un día le haré pagar con creces su implacable rapto, por fuerte que sea. ¡Pero tú protege a los más jóvenes!“ Curiosamente, solo versó con sinceridad, pues nunca llevó las vacas a casa, ni estas pasaron por el umbral de la misma.

Hans-Georg Gadamer, en su teoría ontológica del lenguaje y del ser en este, plantea en el Giro Lingüístico la habilidad del sujeto hablante de ser y no ser en el mismo instante: antes de comunicarse, el sujeto tiene pensamientos, ideas que dan forma al lenguaje en su mente y que son parte de su ser, de modo que es el ser mismo del hablante el que se comunica en cada palabra y cada gesto. Pero, he aquí el giro: el ser no se agota en este lenguaje debido a que no es posible comunicarlo (al ser) en su totalidad en un solo instante, ni dar a conocer todo lo que las palabras emitidas realmente significan, aunque se use a la perfección el código semiótico y lingüístico, o tantos fonemas, morfemas y oraciones que sea posible. Así, es en el acto lingüístico en el que comunicamos una parte de nuestro ser y dejamos para nosotros aquello que resta del mismo; pero, para quién está escuchando nuestras palabras y percibiendo nuestros gestos, es únicamente lo comunicado lo que logra llegar a él, de tal manera que todo aquello que se calló, sencillamente no existe para el receptor, pues no se puede conocer algo que no es. De este modo, al hablar, nuestras palabras cambian de dueño, dejan de ser nuestras y pasan a ser de quién las escucha, quién las interpreta desde su subjetividad posiblemente entendiendo algo totalmente distinto a la parte de nuestro ser que quisimos comunicar, algo diferente al ser que somos en realidad, pero ya no somos dueños de esas palabras dichas; solo somos dueños de nuestro silencio, aquello que hemos de callar.

Al compartir únicamente aquello que quería que la corte divina escuchara y quedándose con lo que no, es como Hermes pudo ser sincero sin decir toda la verdad y, aun cuando en ningún momento arguya su inocencia, la interpretación de su hábil discurso permite intuirla incluso cuando esta es falsa. Ya el austríaco Ludwig Wittgenstein en 1953 dejaba por escrito su teoría referente a lo que él llamó los “Embrujos del lenguaje”: una tergiversación del lenguaje por entenderlo desde nuestra subjetividad o por la utilización de palabras confusas o ya tergiversadas, de manera que no podemos abordar eficazmente la subjetividad del emisor pues nuestro entendimiento resulta “hechizado” en este proceso, perdiéndose gran parte del ser comunicado inicialmente por el hablante. Curiosamente, también las palabras de Wittgenstein, aunque estén escritas en sus Investigaciones Filosóficas, ahora son mías y, en el instante que las comparto con usted, son suyas para entender algo completamente distinto a lo que él pensó, o quizá algo similar en el mejor de los casos…parafraseando a Gadamer, decía que traducir es traicionar. De este modo, se entiende Biblia no solo es el libro mas traducido, sino también el más malinterpretado de incontables maneras, todas alejadas de lo que algún día quiso relatarse en estos papiros provenientes del borde del Nilo, como también Hermes fue malinterpretado, aunque él astutamente planeó que sucediera así. “Son estos los juegos del lenguaje”, diría Wittgenstein, o diría yo apropiándome de su teoría y de su nombre en mi discurso. Lastimosamente para Hermes, su padre (Zeus) bien sabía la verdad, distinto a lo que hoy nos sucede con la Biblia.

La ironía del lenguaje es que no entendamos lo que se nos quería decir, ni siquiera lo que se nos dijo, pero aquí mismo está nuestra capacidad de comprender. El lenguaje, estructuralmente, puede entenderse como “cualquier tipo de código semiótico estructurado, para el que existe un contexto de uso y ciertos principios combinatorios formales.”[[1]¨] Así pues, al señalar un contexto de uso, estaríamos refiriéndonos explícitamente a la praxis del lenguaje, es decir, al “acto comunicativo”. Jürgen Habermas profundiza significativamente este concepto en la Teoría de la Acción Comunicativa, dónde lo plantea como “la interacción de al menos dos sujetos capaces de lenguaje y de acción que (ya sea por medios verbales o con medios extra-verbales) entablan una relación interpersonal.”[[2]] De este modo, no solo me apropio del ser que el otro me expresa en sus palabras, sino también en sus gestos y en todo acto que me comunique algo, del mismo modo que yo me apropio de la teoría comunicativa de Habermas aun cuando desconozco su historia personal. Aunque conozca sus teorías políticas, usted lector seguramente las desconoce, así que sencillamente, para usted, estas no existen y se sorprenda cuando le diga que él es disglósico.

¿A qué viene esto? Es la muestra fehaciente de que pensamos en términos de lenguaje y que este nos transforma. Que posteriormente compartimos nuestro conocimiento en la comunicación y somos en este lenguaje, que finalmente pasa a ser el ser del otro. Heidegger acertadamente afirmaba que “El lenguaje es la casa del ser” y no solo es su casa, sino que es su transporte: es esta la habilidad y astucia de Hermes, quizá es por esto que muchos ponen alas en su casco, pues representa la maestría que debe tenerse en el pensamiento para poder hablar congruentemente con este y, también puede ser este el motivo por el que otros tantos pongan alas en sus sandalias, por la delicadeza en el vuelo hasta el receptor, pero a partir de ese momento el receptor es libre de hacer lo que desee con el paquete que recibió de las manos de nuestro mensajero celestial.

Visto desde la dialéctica hegeliana, cada elemento de la realidad, incluido el lenguaje del otro, impacta mi ser y lo transforma, así que este se encuentra en un eterno devenir dialéctico, y en su cambio, transforma mi pensamiento y mi realidad junto con mi lenguaje y aquello que comunico. Dicho de otro modo, cualquier estímulo que percibamos de la realidad nos transforma, sea un auto que viene en nuestra dirección, el carné que no encontré para entrar a la universidad y que me haya tocado buscar algún comprobante para acceder, el hecho de que el joven siga profundo en la esquina de este recinto o incluso que ya se haya ido pues estas experiencias transforman nuestro ser y a cada instante toma nuevas formas y profundidades, incluso cuando lo comunicamos y cuando se ve impactado por el lenguaje del otro y su ser, pues el apropiarse de este ser es lo que nos permite comprender a los demás.

Ahora bien, en el acto comunicativo, al apropiarme del ser del otro, yo no soy una tabula rasa como Locke propuso. Cada ser interpreta la realidad partiendo de su subjetividad y no aprehende la realidad tal cual esta es, pues solo logra percibir una parte de esta y esta pequeña porción que percibe pasa por el filtro de su consciencia y posteriormente es interpretada de manera subjetiva como un fenómeno, siendo esta la magia de la Fenomenología de Husserl: como no se percibe completamente la realidad ni todo aquello que nos comunican, ni siquiera todo lo que nos dicen ni las intenciones del hablante (pues estas son la nada), Hermes viene del otro con un fragmento de su ser (“fenómeno”), pero en el camino hasta nosotros, se pierde parte del mismo; posteriormente, el mensaje ya cortado que se convierte en mío en el proceso de interpretación subjetiva debido a que no comprendo exactamente lo que quería comunicárseme, sino tan solo aquello que percibo desde mi subjetividad: una mala interpretación de el mensaje cortado de un ser que no se muestra por completo, pero es, de manera incompleta y manipulada, como aprehendemos el ser del otro, nos apropiamos de él y comprendemos más o menos lo que quiso decirnos.

Por lo tanto, al igual que sucede en el arte (que es una expresión, un lenguaje comunicado en sí mismo), realmente no existen géneros, sino múltiples expresiones, realidades y una infinidad de interpretaciones de las mismas, sea que se logren desde su contexto histórico, desde la historia personal del artista o desde algún otro ámbito, pues llega a nosotros a modo de fenómeno que interpretamos subjetivamente. Así, la expresión de un artista está en su obra, pero el arte está en la interpretación y comprensión de la obra; Hermes es mensajero y el artista solo expresa su ser a su manera, pero es quien lee y comprende tergiversadamente ese ser quién le da el calificativo de Arte, de bello o de aversivo, de modo que el Arte no existe, ni los artistas realmente existen por sí mismos, solo existen las múltiples interpretaciones de un mismo fenómeno y es en esta donde se da el arte y se califica como hermoso o como el “mayor pegote que he visto”, como acertado o equivocado lo que nos dice el profesor en la medida que su lenguaje nos impacta y nos apropiamos del ser que habita sus palabras o incluso cuando decido no prestar atención porque la clase únicamente vale 2 créditos.

Resta únicamente hacer que esta parte de mí sea suya, lector. Que Hermes lleve este pequeño texto, un collage de teorías lingüísticas y comunicativas que hacen parte de mi, con tantos nombres y postulados en los que baso mi pensamiento que compone cada palabra que sale de mi boca para que deje de ser mía y yo me adueño de mi silencio. Pudiendo elegir cuales serán las últimas palabras que compartiré hoy, que valga repetir la introducción a este texto ya habiendo explicado cada una de sus partes, pero no como palabras mías, sino como cita de lo que fui algún día, siendo diferente a como soy ahora; dije en aquel entonces: “El lenguaje… ¿Qué es el lenguaje? A veces pareciera una vil sátira de tantos poemas, de tantas maravillas; las palabras de los pequeños humanos se quedan en nada frente a las más bellas prosas, los más complejos epítetos, la historia relatada en verso y el ser del poeta, que deja de ser suyo (de él) en su palabra y pasa a tener otro dueño, que no es más que otra persona, usted o yo, o quizá aquel joven dormido en la esquina, el todo y la nada de la interpretación subjetiva de la subjetividad. El hermoso arte de no entender.”

Finalmente, cito a Homero en su oda a Hermes que mueve mi ser entre usted y yo: “¡Salve, Hermes, dispensador de alegría, mensajero, dador de bienes! “ Dador de ser… malinterprétese, así, cuanto sea posible aquello que dije y entiéndase  por favor (ojalá) mi ser en estas palabras. Le regalo al lector la posibilidad de interpretar mis palabras y mi silencio, pues aquello que no digo me pertenece, pero todo cuanto el silencio comunica, será suyo, lector, pues hasta el silencio comunica y las mentiras hablan igualmente del ser, de cómo él decide expresarse en mentiras que todos creen y verdades que ninguno escucha mientras se espera lo mejor de este dudoso y frágil proceso…Es este el hermoso Arte de no entender.

Y ahora que vuelvo a leerlo, falta decir que no estoy de acuerdo.




[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Lenguaje.
[2] HABERMAS, Jürgen. Teoría de la Acción Comunicativa, I pág. 124

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[Escrito: miércoles 18/05/2011]

*Nota: Este es uno de los textos medio serios más viejitos que tengo y bueno, aun hay mucho que corregirle entre los conceptos, la citación y muchas otras cosas... pero es uno de esos textos que recuerdo con mucho cariño así como es, sin más ni menos. Fue un ensayo que escribí para Procesos Psicológicos Básicos III, en tercer semestre, porque nos pidieron un ensayo sobre el Lenguaje y el Pensamiento como procesos mentales, de modo que me puse a leer de neuro y este fue el texto que salió; no quise escribir de otra cosa o de otra forma.  

Uno esperaría que me hubiera sacado un 1.0, pero no, me saqué un 4.8 por un ensayo de filosofía en el lugar equivocado, siendo el 0.2 que me rebajaron justamente por no citar bien. Admito que ese día me sentí profundamente feliz porque el profesor me felicitó y me dijo que era un muy buen ensayo a pesar de tener otro enfoque al que había pedido y que por eso lo reconocía como válido, aun cuando no toqué el tema de Pensamiento.