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domingo, 1 de junio de 2014

Y si no se van ustedes, por mi salud, me voy yo.

Una vez se despotrica de la Lógica y se tergiversa la Racionalidad durante la modernidad emerge, como un solloso dubitativo pero potente en plena edad victoriana, el gran grito de las estirpes de los sistemáticos y ritualistas del saber: ¿Qué significa Pensar?

En ese punto, el Pensar es una cuestión emocionalmente emergente, y aun es esa una de las preguntas que faltan por resolver, que nos urge a los que hemos optado por este.

Se entiende por qué Freud, Heidegger, Foucault, Deleuze, Lacan, Gadamer, Dalí, entre muchísimos otros, nos hemos preguntado por el significado de este acto, o por el sentido que pueda tener en la existencia o acontecer humano. Semejante movimiento pareciera llevarse a cabo como un intento de rescatar una parte de nosotros del olvido anómico, que fue y sigue siendo sugerido (y obedientemente acatado) por alguna lógica capitalista, además del respectivo devenir de la distancia cuerpo-alma instaurada desde Platón y exacerbada desmedidamente en las sociedades e instituciones medievales en occidente. Se entiende por qué en la obsesión duele tanto el pensar: se piensa sobre un vacío generado adrede.

Supongo que cada psicólogo tiene su vicio y su visión en cuanto le sostiene su delirio. Siendo así, he de admitir que me causa especial desagrado cuando se desacredita el pensar por no ser un sentir histérico, llevado desde una supuesta espontaneidad y un impulso claro de inconsciencia; pienso que declaraciones caprichosas de ese tipo sólo podrían hacer más grande la brecha en la que se ha querido encadenar el pensar y las tareas reflexivas con la típica frase "el que piensa, pierde". ¿Y quién dijo que había algo por ganar?

Sería igual de absurdo pedirle a una persona dada a la histeria que piense como una persona dada a la obsesión puede pensar; el hecho de que una esté mas de moda que la otra no da fundamento argumentativo y mucho menos ético a este tipo de peticiones que se sostienen desde un capricho desgastante, doloroso (para mí) y tautológico en que se ataca al otro por "no ser como yo soy" aun cuando "yo no soy feliz con quién yo soy", ni da sustento a las afirmaciones categóricas y jerárquicas en términos morales (sea bueno/malo, mejor/peor o salud/enfermedad) que tan salvájemente suelen hacerse en forma de veredicto.

Yo he optado por la consciencia, por la reflexión, por el pensamiento, por las letras, por la escritura, por los conceptos, por la episteme; he optado por delimitar los cuerpos con mis palabras y mis trazos. Prefiero mi camino al de ustedes y nunca les demandaré que lo acaten; ustedes verán qué hacen con el suyo, pero conmigo pierden el tiempo pretendiendo generalidades y exclusividades. Lo que si les pido por favor es que se vayan si no saben hacer nada más que imponer, pues yo estoy acá para construir en conjunto, sin tiranías... y si no se van ustedes, por mi salud, me voy yo.


[Escrito: miércoles 21/05/2014]