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lunes, 16 de marzo de 2015

El regalo: ¿Cómo diferenciar fácil y prácticamente el amor de la histeria del de la obsesión?

Una pareja de novios, Natalia y Juan, están próximos a su primer aniversario y, como dicta la costumbre, ambos están ansiosos de intercambiar regalos para expresar y demostrarse mutuamente su amor.

  1. Natalia no tardó en tener una buena idea. Le regalará a Juan algo que haga que él se parezca más a lo que ella busca en el hombre perfecto. Ella sospecha conscientemente que quizá su regalo no le guste demasiado a él, pero se lo compra con muchísimo cariño y esperando lo mejor. Para no arruinar la sorpresa, nunca le pregunta si le gustan ese tipo de cosas.
    Efectivamente, cuando Juan recibe el regalo y lo destapa, no estalla con la euforia que Natalia deseaba y añoraba profundamente, así que ella se entristece, siente algo de rabia contra su pareja por la situación, pero especialmente se siente muy culpable, haciéndose sentir aun peor por este evento.

  2. Juan pasa una semana terrible pensando en qué puede regalarle a Natalia para su aniversario. Él sabe más o menos qué le gusta a ella, se lo ha preguntado un millón de veces, y ha pasado toda la semana buscando en una infinidad de lugares el regalo perfecto que pueda hacerla muy feliz; sin embargo, no hace más que dudar de cada una de las opciones: duda de si es adecuado, de si a ella le gusta, de si es demasiado obvio, si es muy rebuscado, de si es el de mejor calidad, si efectivamente le parecerá bello, si podrá entender su sentido, de si le puede agradar, y un largo etc.
    Para el día del aniversario, él continua dudando, así que llega con las manos vacías. Se siente muy avergonzado por no llevar regalo alguno aun después de haber tenido tanto tiempo para pensar, pero ninguno lo convenció.

La situación empeora cuando Juan le dice a Natalia que no trajo un regalo y, aunque intente explicarle a ella el porqué de esta situación, Natalia ya se encuentra devastada por la “falta de reacción” inicial de él. Ella, sumando estas dos situaciones, no puede más que interpretar que Juan ya no la quiere, que seguramente ama a otra a quién si le daría (o le da) esos regalos, esa euforia y ese cariño que ella tanto desea. Para colmo ella se siente culpable y principal causante de que esta situación pensando que no le dio un regalo suficientemente bueno para que él se alegrara, pero le reprocha agudamente a Juan por todo esto para intentar sentirse un poco mejor consigo misma, sin éxito.

Por el otro lado, Juan se siente culpable y avergonzado por no haber respondido ante el presente de Natalia como ella deseaba y, para colmo, por haber llegado sin regalo alguno para ella, motivo por el cual se siente fatal. Para rematar, se siente celoso porque, a partir del regalo de Natalia, interpreta que ella lo quiere volver otra persona y por eso está intentando hacer que él se parezca a otro hombre, seguramente a algún exnovio o algún sujeto que toda la vida le ha encantado.

De esta situación se gesta una gran pelea cargada de culpas, inconformidades, rabias y reproches que ninguno de los dos parece tener la capacidad de resolver, reparar o amainar.

Tristemente, ni Juan ni Natalia logran ver los regalos que realmente se dieron: Natalia le regaló a Juan su ideal, su amor por él mismo, su deseo y cariño al ideal que ella reconoce en él y del que se enamoró en primer lugar. Juan, por otra parte, le regaló a Natalia su rumiación, la duda y la división que acompañan su existencia y que se han configurado en su modo más apasionado de amar junto al esfuerzo siempre fallido de intentar hacerla a ella feliz.

Y seguramente ambos se aman, pero se encuentran tan heridos que les cuesta muchísimo reconocer el amor que causó las heridas y la sinceridad del cariño que se esconde tras este dolor.


[Escrito: lunes 16/03/2015]