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lunes, 12 de septiembre de 2016

Compromiso

Últimamente me han saltado a la vista los efectos en el tejido social y subjetivo que ha tenido la firma del “Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”, por amañada que sea la pregunta que esgrime el plebiscito.

Uno de esos efectos –uno que compite por el podio de mi favoritismo personal y pierde por poco– es la principal consecuencia de dos periodos seguidos de Santismo en la política colombiana. Se trata del enervamiento exponencial y sistemático del Uribismo mediante una infinidad de estrategias, algunas creativas y precisas, otras más bien bajas y sosas, sin contar los accidentes que rodean al Partido de la U (“U” que era de Uribe y no de “Unión”, claro está) y demás acontecimientos externos a la voluntad. Para decirlo con claridad: a veces se necesita un bufón para desenmascarar a un fanático. Deben estar las tiendas naturistas vendiendo valeriana a cuatro manos, pa’ que vea que trabajo si hay.

La firma del acuerdo junto con las manifestaciones públicas, las campañas publicitarias, el movimiento en redes sociales, destituciones, entre otros, ha sido catalizador suficiente para reafirmar fracturas ideológicas al interior de cada partido político colombiano, siendo estas las divisiones que ya estaban esbozadas desde tiempo atrás. Recordándome a Molière, lo repentino de este movimiento termina por develar, de golpe, a los tartufos de nuestro tiempo que, desvergonzados y librados de culpa como los “ciudadanos de bien” que son, salen afanosas de su escondite como alimañas domésticas que huyen del sol buscando oscuridad, amparo y territorio en otros campos más cómodos para sus propias ambiciones carroñeras. Los domingos los veremos a ojo cerrado repitiendo el Yo pecador mientras, de rodillas, se hacen notar; hasta la indulgencia les sale barata a los terratenientes.

Claramente, no son los ciudadanos investidos con el poder estatal los únicos que se ven develados (es decir, privados de velos) por la vertiginosidad de los acontecimientos. Álgidas discusiones se instalan sin delicadeza alguna en las familias, en los grupos de amigos que se reúnen los viernes o sábados cada tanto, en las parejas de novios adolescentes y los salones de clase, aquí y allá. Ha aflorado con particular violencia la tiranía de las personas “del común” que no están dispuestas a ceder ni escuchar, que gustosas impondrían su opinión sobre el otro, que no pueden coexistir, que no saben conversar. La dificultad que tenemos, más que política, es social.

Me causa gran inconformidad ver cómo somos un país tan profundamente intolerante. No tiene caso apostarle a ninguna paz si sólo se hace con la motivación de erradicar al otro, es decir, en aras de hacer que algo o alguien deje de existir. Si fuéramos a hacer una Pedagogía para la paz efectiva, habría que dedicar por lo menos un par de horas a aclarar la diferencia entre un acuerdo y un exterminio, porque evidentemente se nos olvida no es lo mismo “convivir en paz” que “descansar en paz”. Que la impartan los supervivientes de El Aro, por favor, y de paso diferenciamos la palabra “convivir” de las Convivir.

Intentaré ejemplificar un poco más los efectos de develamiento que mencioné:
  • Uno tiene que ser bastante narcisista e infantil como ser humano para esperar la total sumisión del otro ante los propios caprichos, deseos o principios, aún si cuenta con los argumentos para ello; un berrinche no deja de ser tal incluso si el niño o la niña tienen la razón.
  • Así mismo, es necesario un rasguito paranoico para tener la constante impresión de que el otro te va a someter, te va a hacer daño, te despojará de lo tuyo y arruinará todo aquello por lo que has trabajado toda tu vida.
  • También, una persona tendría que ser muy orgullosa y necesitada de atención para buscar el reconocimiento de todos los otros (sea con la familia o los amigos, en persona, en televisión o en redes sociales, a nivel nacional o internacional)  por cada una de sus pequeñas acciones o ideas; me recuerda al comportamiento normal de los niños que llevan sus pequeñas producciones a sus padres para ser felicitados por ellas.
Hay más develamientos, pero estos tres bastan por ahora para hacerme entender y para preguntarnos: ¿no serán estas, más bien, revelaciones de algunos de sus rasgos, de algo que también son estas personas además del lado más amable que ya conocemos? Porque no creo que firmar papeles tenga el efecto de engendrar psicopatologías. Caso contrario, habrá que escribir a la OMS para que contraindique esta práctica.


Sin embargo, el efecto que hasta ahora ha sido mi favorito es otro. Se trata de algo de lo que se ha hablado bastante últimamente, así que seré resumido. Creo que por primera vez desde el alzamiento en armas como consecuencia de los eventos circundantes a la masacre de las bananeras (1928), parece posible concebir una salida pacífica y dialogada a los últimos restos de diferencias ideológicas irreconciliables en el territorio político. Sea por medio de este acuerdo o de otro, con cada uno de los recovecos que fulano le quiera agregar y mengano le quiera quitar al papel, pero por primera vez al menos en mi vida parece una posibilidad real. Me pregunto por el impacto, el efecto subjetivo, que esto tiene en las personas que han estado de verdad sumergidas entre la sangre, el barro y la pólvora; confieso que me emociono y enternezco con la idea de que quizá llegue el día en que los podamos entrevistar.

A su vez, hay consecuencias interesantes en el tejido social mundial, aunque no podemos vislumbrar aún su alcance. ¿Qué pensarán los nativos europeos cuando les cuentan que existe un paisito del “nuevo mundo” en el que gente de esa dizque tercermundista negociando acerca de cómo pueden vivir en paz mientras ellos se encuentran bajo el lamentable flagelo de la discriminación, el extremismo ideológico y la recesión económica? Si uno se guiara por los estándares tradicionales, entonces habría que concluir que esto anda patas arriba. Y bueno, ya que la estrategia más efectiva y empática que ha producido el mundo contemporáneo para acompañar el sufrimiento de las personas o a las causas nobles son aplicaciones para poner churumbelitos en las fotos de perfil de Facebook – ¡6 mil años de cultura humana desde la invención de la escritura para llegar a eso! –, quizá un granito de esperanza caiga mejor esta vez.

Llegados a este punto, viene a mi mente el concepto de Formación de compromiso de Freud. Para ser conciso, hace referencia a que en el aparato psíquico (entiéndase “mente”) hay una diversidad de fuerzas, motivaciones e impulsos que son contradictorios e irreconciliables entre ellos, dando así origen al conflicto psíquico. Para hacer frente a esto, el recurso que –para Freud– tenemos es la formación de síntomas: la producción de actos que no entendemos del todo e incluso a menudo ni siquiera nos percatamos de ellos (en ese sentido, dirá que son inconscientes), que tienen la particularidad de satisfacer en una pequeña medida a cada uno de esos impulsos contradictorios que habitan en nosotros, dejando así una gran insatisfacción general y un monto de angustia o desesperación considerables, que comúnmente se expresan como vergüenza, culpa, tristeza, rabia, euforia sostenida o ansiedad.

Traigo este concepto para pensar en que un acuerdo de paz que es, literalmente, una “formación de compromiso”. En este caso, no es una rendición por parte de las FARC-EP puesto que no abandonan sus ideales ni se disuelven radicalmente –no, no es un exterminio pactado y firmado–, sino que abandonan los medios por los cuales han intentado alcanzarlos hasta ahora; tampoco es una rendición por parte del Estado porque no abandona su legitimidad ni se disuelve, sino que maniobra (ojalá con precisión) para promover la reintegración digna a la vida civil de todas las personas que habitan su territorio nacional con todo lo que eso significa, es decir que se trata de un proceso que debería reafirmar al Estado en cuanto tal. Vale la pena diferenciar, como hace Leila Guerriero, un “Estado civil de derecho” de una máquina que consume personas y escupe huesos; luego les comparto algo de ella.

Ya que estas dos (el Estado y las FARC-EP) y muchísimas otras fuerzas que habitan nuestro país son profundamente irreconciliables ideológicamente, hoy pienso que un buen acuerdo sería aquel que nos dejara a todos insatisfechos por igual, siempre y cuando promueva la integridad –pero no la satisfacción, hago un énfasis aquí– del estado y de los que participamos de él, cosa que implica la renuncia a la vía armada y acoger la dinámica de la conversación y el voto popular propios de la democracia. No hay acuerdo si nadie cede, no hay paz sin compromisos, no hay convivencia posible sin renuncias e insatisfacción, sin malestar, y eso aplica para ellos, para nosotros y para todos los que elegimos vivir en sociedad.

Viéndolo desde esta perspectiva, concluyo que en vez de haber un exceso de cambios propuestos en el acuerdo –como bastante he escuchado decir por estos días–, han hecho falta transformaciones todavía más contundentes para dar fuerza a la reorganización que hace falta en la ley colombiana desde la fundación de la Patria Boba, por allá en la primera década de 1800, y que ha terminado por devenir en una serie de deposiciones colosales que no creo que haga falta siquiera mencionar aquí. 

Agrego: Dios nos libre de un magnicidio o un atentado del extremismo (diestro o zurdo) justo ahora… pero si calcáramos con juicio el transcurso de esta historia tricolor, pues algo así es lo que seguiría para fracturar el porvenir que a duras penas se comienza a crear. ¡Ay Nietzsche! Vos y tu Eterno retorno de lo mismo. Hoy quiero no tener razón.



[Escrito: viernes 10/09/2016. Corregido: lunes 12/09/2016]

jueves, 30 de abril de 2015

Dios ha muerto en Colombia

Si uno se ocupara de leer la historia más a menudo, sería más sencillo rastrear la forma del estado moderno hasta sus inicios, sus primeros planteamientos y sus fundamentos. Cuando Nietzsche dice en La Gaya Ciencia su famoso "Dios ha muerto", lo hace de este modo: "¿No nos llega todavía ningún olor de la putrefacción divina? ¡También los dioses se pudren! ¡Dios ha muerto! ¡Y nosotros lo hemos matado! ¿Cómo podremos consolarnos, asesinos entre los asesinos? Lo más sagrado y poderoso que poseía hasta ahora el mundo se ha desangrado bajo nuestros cuchillos. ¿Quién nos lavará esa sangre?"

No se refiere a la muerte de Dios como ser, sino como concepto. El movimiento histórico y cultural que inicia en la ilustración y encuentra su cima en la modernidad es el desplazamiento de Dios como centro de la visión-del-mundo occidental, es decir, como encarnación (transubstanciación B| ) del saber y del poder y, en remplazo, se ubican dos grandes potencias para tomar su lugar: La Ciencia (en mayúscula) como forma absoluta de saber, y el Estado (en mayúscula también) como forma absoluta de poder.

Pretelt tenía razón cuando señaló la distinción entre la ética y el derecho. Se podían igualar cuando la justicia era impartida por una entidad divina puesto que el judeo-cistianismo es una corriente religiosa con fundamentos éticos, pero ahora que el estado corre por cuenta propia y el Papa no tiene espada, ambos conceptos se han distanciado. Las formas jurídicas sirven para determinar y asignar la verdad e impartir alguna "justicia" de acuerdo a eso, para ordenar socialmente, nada más. Que sea ético o no, es otro cuento. Ese olor a podrido que emite la política a nivel mundial y que se huele tan fuertemente en la política colombiana no es más que una consecuencia a penas lógica del olor a podrido que Nietzsche señaló que emitía el cadáver divino; cuando Dios murió (cuando dejó de ser el centro de la vida humana en occidente), la ética y el poder se divorciaron. Si hay algún sujeto con poder que se comporte éticamente, entonces lo celebraré: es un milagro.

Día tras día el Estado también se muere, y no termina de morir. Quien quiera encarnar el poder para los otros siempre será un canalla, pero hay unos peores que otros. Que Santos, que Uribe, o que algún otro u otra (y que conste que no estoy mencionando a Parody) actúen como cínicos desgraciados no debería sorprendernos tanto, porque uno tiene que tener un rayón muy grande y profundo en la cabeza para querer gobernar a las demás personas a toda costa y sobrevivir a la carrera de ratas que es la escalera política. Después de jugar los Sims durante un día, es común buscar modos creativos para matar a los personajes... después de todo, es jugar a ser Dios (literalmente) y el poder no corrompe a las personas, sino que las hace mostrarse tal cual son. 

No podemos olvidar que nuestra Colombia es producto de nuestros políticos, pero también somos productores de la clase política colombiana, productores de la guerra, la pobreza, la corrupción, y un largo etc... Les recuerdo que a ellos no los parió el vacío. Si estamos decepcionados del Estado, a mi parecer, eso debería llevarnos a revisarnos a nosotros mismos y no sólo a quejarnos y chismorrear de los dirigentes que hemos producido como país. La "muerte de dios" no es que haya políticos poco éticos, sino la pérdida de la dimensión ética de los habitantes de un país. 

Lo quiero gritar: ¡¡ TENDRÍAMOS MEJORES DIRIGENTES SI, COMO PUEBLO, TUVIÉRAMOS LA AUTORIDAD MORAL PARA DECIRLE A NUESTROS GOBERNANTES QUE LO ESTÁN HACIENDO MAL !! Pero si usted es como yo y es capaz de cruzar la calle como peatón sin usar el puente peatonal ni esperar a que su semáforo esté en verde, si usted se cuela en una fila, si compra marigüanita en las plazas de vicio, si le saca un peso de más a alguien en el comercio diario, o si usted no es capaz de aceptar cuando se equivocó, o si es capaz de sobornar a un agente para que no lo perjudique o de hacerle un daño a otro sólo por envidia o por resentimiento, entonces estamos cagados desde un principio. Dios ha muerto en Colombia bajo nuestros cuchillos, machetes, motosierras, negligencias, mermeladas y disparos. Cada día somos asesinos de cualquier benevolencia que nos reste como país porque "el vivo vive del bobo", por la "malicia indígena" y cualquier otro eufemismo que sirva para justificar que una persona saque provecho de otra persona. La peste de Colombia somos los colombianos, los políticos son apenas un penoso síntoma.



[Escrito: jueves 30/04/2015]
RABIA.

domingo, 15 de junio de 2014

Oposición

 
A mi juicio, hay dos grandes ganadores en el proceso electoral colombiano en el presente año: el re-elegido Juan Manuel Santos y la oposición (aclarando que la oposición no son los uribistas sólamente). Creo que hoy se ha expresado un movimiento de oposición enorme que bien podría dar origen a procesos de veeduría más serios que en los años anteriores en la medida en que, más que santistas, hay muchos "neosantistas provisionales" que seguirán siendo oposición al gobierno, sumados a los uribistas que está más que claro que tendrán un ojo fiscal ante las promesas y acciones del presidente electo.

Consolidar una oposición atenta sirve para aclarar los límites de lo permitido y lo no permitido, para exigirle a la corriente política imperante que se mantenga dentro de los límites de lo legal, lo moral y lo ético. Si todos los que no votaron por Santos se unieran para gestar una oposición sólida sumados a muchos de los que sí, podrían hacer del Presidente de la República un servidor público, es decir, alguien que sirve al pueblo, y no alguien que se sirve del pueblo; es este el papel de la oposición.

Traigo entonces el estado de Facebook de Antanas Mockus que, como saben, se unió a la campaña de Santos en esta ocasión. Dice esto: "¡Colombia eligió la paz, la vida sagrada! Con independencia y libertad seguiremos exigiendo que el Presidente Santos rinda cuentas a la ciudadanía, cumpla sus deberes y garantice los derechos humanos."

En este sentido, lo importante para mí no es que haya ganado Santos o que haya perdido Zuluaga. Lo que para mí es importante es que tenemos una gran tarea como oposición, y es hacer de Juan Manuel Santos el Presidente que Colombia necesita en estos próximos 4 años. Nuestra tarea es ser una oposición constructiva y propositiva, no por el bien de su gobierno 2014–2018, sino por el bien de los colombianos de hoy y de siempre.

Queda claro que hoy ganó Santos y que se expresó la oposición, votando tanto a favor como en contra de este –siendo el acto expresivo en sí mismo un logro considerable–, pero tendremos 4 años para hacer de esta expresión más que una simple manifestación aislada del deseo de ver mejor a nuestro país, y hacer también de la oposición una ganadora de estos comicios. Voté por Santos y lo felicito por su victoria; así mismo declaro que, de manera respetuosa y constructiva, me opongo a él.


*Nota: La pregunta es en serio... ¿Qué lograremos hacer con el concepto de Demokrácia?
*Nota 2: Queda claro que es mucho más peligroso ser oposición del uribismo que de Santos. Les dejo en el siguiente link el venenoso pronunciamiento de Álvaro Uribe Vélez ante la victoria santista: http://twishort.com/YWAfc

[Escrito: domingo 15/06/2014]

viernes, 6 de junio de 2014

Nota: Zuluaga y Santos.

Parce, política aparte, Zuluaga tiene que ser muy feo para que Santos se vea bien al lado suyo.


*Nota: Obvio si es un comentario político, pero shhh, que no se den cuenta jajajajaja.
[Escrito: viernes 06/06/14]

El orgullo herido de los militares colombianos

La lectura de algunas respuestas en cartas abiertas de los militares a Santos, motivadas por el comercial de este último con la sonada pregunta "usted prestaría a sus hijos para la guerra", me deja un hostigante sabor a dogmatismo y egos (o narcisismos) profundamente heridos. 

Aparentemente los gestores de estas cartas están más dispuestos a morir por la victoria (con el honor y la gloria que esto significa) que a vivir en paz, y cualquier forma de poner en cuestión esta propensión pareciera ser tomada como una ofensa directa y de carácter personal frente a ellos o a la institución que ellos dicen representar. Sus réplicas tienen una similitud espeluznante con los esfuerzos de auto-afirmación identitaria de un adolescente cuando pelea con sus padres; y digo espeluznante porque ellos están más armados que un adolescente promedio.

(Con estos comentarios no estoy dando opinión alguna frente al contenido de la publicidad mencionada, pues creo que hay mucho por discutir ahí.)

Queda claro que no sólo no hemos tenido una educación que fomente la convivencia con la diferencia o la sana deliberación a través de los argumentos, sino que se nos ha formado y nos hemos formado en ideologías ámpliamente militaristas en las que la única forma de resolver las dificultades es borrándolas del mapa o aniquilando a quién las causa... pero en este caso las dificultades son una infinidad de conflictos que se remontan a muchos años antes que el nacimiento de Zuluaga, Uribe o Santos y cuyas causas suelen ser atribuidas a personas (aun siendo "narcoterroristas", "perversos" o "psicópatas" son personas, ¿no?) que deben de ser eliminadas para que supuestamente todo se solucione. 

En cualquier caso, encarna una tragicomedia el ver peleando como infantes a los candidatos presidenciales, posteriormente leer las réplicas propias de un puberto puestas en la letra de algunos militares y finalmente venir a Facebook a ver a más gente peleando entre ellos al rededor de qué candidato tiene la mano mas dura, o el pene mas grande, o el prontuario más judicializable.

Sinceramente aspiro a que algún día podamos aspirar a más que esto.


[Escrito: jueves 05/06/2014]




Históricamente han sido muy pocas las instituciones militares que se han mantenido en la idea de buscar y mantener la paz, de modo que no es novedosa la estrategia de la creación de nuevos enemigos que permitan perpetuar el objetivo de la institución y a la institución misma, pues si se acaba la guerra y el riesgo de ataques no habría por qué mantener una milicia. La milicia ha sido sensata y astuta a la hora de perpetuarse pues siempre pueden crearse nuevos enemigos, es un negocio redondo, un vals interminable (como en Gundam). En cuanto a las personas que creen en la milicia para recuperar la paz, por el contrario, me parecen lejanos de la sensatez.

Lo que, a mi juicio, da origen a estas respuestas por parte de algunos militares es -como ellos mismos lo nombran- un fuerte ofensa contra el orgullo militar, una profunda herida el honor de los soldados que ha sido insultados por las palabras del presidente. Finalmente es eso lo que hay en el centro de una milicia o de la gran mayoría de militancias: por honor se vive, por orgullo se defiende a capa y espada, por orgullo y honor mata, se muere y se manda a matar; honores son lo que gana un soldado condecorado y es una misma noción de honor/orgullo lo que mantiene a las personas enfocadas en los mismos objetivos, como autómatas.

¿Querés manipular a un hombre? Basta con cuestionar los frágiles pilares en que se sostiene su noción de honor, hacelo dudar de quienes son sus amigos o sus enemigos por supuestas traiciones al honor que lo sostiene y lo dirige en su vida, y dale poder, para que actúe con miedo.

Lo honorable es lo que un orador demagógico y locuaz haga creer a los otros que deben ser y hacer con sus vidas para ser más o mejores que las personas que no lo hacen o que desarrollan la práctica contraria, hasta el punto en que se asume como una verdad, como un axioma fundamental e indudable. Así que, retomando y modificando un poco lo que dijo un compañero del colegio, el honor está en bendecirse a sí mismos como los hombres élite, auto-nombrándose como los mejores hombres del país mediante una serie de tautologías: "Somos los mejores porque somos militares, somos militares porque somos los mejores", lo que conlleva a que los que no son militares sean peores porque no son militares, y que los del bando contrario no sean más que psicópatas o terroristas sin causa, incluso inhumanos, justificando así el asesinato de los que piensan de modo opuesto.

Con esto no digo que sea o no justificada la ofensiva armada, pero sí que esta es una estrategia que tiene muchísimos mas años que esta patria boba. En cuanto al honor y orgullo heridos, pienso que es una reacción mas bien lejana a la que un mayor de edad podría tener, y más cercana a la de un puberto cuyo padre (o comandante en jefe) le ha dicho que no es tan especial como toda la vida se ha imaginado a sí mismo.


*Nota: este último fragmento fue escrito como respuesta a una publicación que hace en Facebook ese compañero del colegio.


[Escrito: sábado 07/06/2014]

lunes, 26 de mayo de 2014

Folklore

¡ Quac !
No hombre, no es que Colombia sea un país sin memoria:
¡Es que tenemos la costumbre de Pasar al acto*!

Es que la gente no lo entiende: Colombia es pasión,
Colombia es Folklore.


*Pasaje al acto: Wikipedia: Paso al acto (link)
*Video recomendado: Palabras de Jaime Garzón, para no olvidar (link)
[Escrito: lunes 26/05/2014]

sábado, 24 de mayo de 2014

A propósito de los comicios de mañana

Sinceramente, me gustaría tener la disposición a hacer un texto más decente para mostrar ámpliamente mi posición a propósito de los comicios de mañana, pero con la gripa que tengo no es que tenga la capacidad cognitiva para eso. 

En cualquier caso, quiero recordarles que su voto tiene poder y, por tanto, pedirles como favor que voten a consciencia tanto por un candidato o candidata como por su programa de gobierno; no se dejen llevar sólo por la pasión que les produzca la imagen de un candidato o por su capacidad discursiva, pero tampoco ignoren este aspecto.

También tengan en consideración los chismes, rumores y procesos judiciales asociados con su candidato sabiendo que no todos y no todo de ellos es veraz, pero que algo de veracidad han tener pues, tanto un chiste como un chisme, tienden a decir una "verdad" velada en ellos... gracias a Freud por esa consideración.

A usted, lector(a), no le pido que vote por mi candidato(a), le pido que vote por usted mismo y por el país que usted desea. Para estos casos, creo que el fanatismo nos nubla profundamente, así que le pido que haga uso de su sensatez de modo razonable y prudente para elegir por quién depositar su voto mañana.

Gracias por leer.


[Escrito: sábado 24/05/2014]

sábado, 17 de mayo de 2014

"No todo vale"

Me pregunto, y les comparto mi pregunta, ¿cómo fue que pasamos del "No todo vale" de Mockus en la Ola Verde de hace cuatro años al circo mediático del "todo vale, y vale mucho" que presenciamos en estas elecciones presidenciales?

Lo más trágico -a mi parecer- es que, dado tanto escándalo y ataque malintencionado entre los partidos, pareciera que la intención de voto se sostiene (y en algunos casos se eleva) superviviente a las acusaciones, cuya veracidad es de por sí considerable con o sin pruebas.

Cada día me sorprende más la raza colombiana tan desbordada en sus pasiones, tan lejana a la reflexión y cercana a las decisiones axiomáticas, tan dada a las imágenes polarizadas y generalizantes, tan amiga de la pelea de borrachos en la cantina y de solucionarla a machetazos. 

No me cabe duda de que estamos asistiendo al prólogo de lo que nos espera en los años venideros en Colombia, pues no espero nada distinto en ninguno de los estamentos cuya tarea es propender por la realización del lema de nuestra Patria: "Libertad y orden". De República sólo nos quedaron un juego de palabras, el platonismo y la demagogia.

En cualquier caso, saldré a votar porque soy responsable de mi posición y de compartirla tanto como me sea posible: para mí, cuatro años después, no todo vale. No soy verde o de algún otro color, no tengo afiliación política; soy reflexivo, sensato y razonable... creo.


[Escrito: sábado 17/05/2014]