Una pareja de novios, Natalia y Juan, están próximos a su
primer aniversario y, como dicta la costumbre, ambos están ansiosos de
intercambiar regalos para expresar y demostrarse mutuamente su amor.
- Natalia
no tardó en tener una buena idea. Le regalará a Juan algo que haga que él se
parezca más a lo que ella busca en el hombre perfecto. Ella sospecha
conscientemente que quizá su regalo no le guste demasiado a él, pero se lo
compra con muchísimo cariño y esperando lo mejor. Para no arruinar la sorpresa,
nunca le pregunta si le gustan ese tipo de cosas.
Efectivamente, cuando Juan recibe el regalo y lo destapa, no estalla con la euforia que Natalia deseaba y añoraba profundamente, así que ella se entristece, siente algo de rabia contra su pareja por la situación, pero especialmente se siente muy culpable, haciéndose sentir aun peor por este evento. - Juan
pasa una semana terrible pensando en qué puede regalarle a Natalia para su
aniversario. Él sabe más o menos qué le gusta a ella, se lo ha preguntado un
millón de veces, y ha pasado toda la semana buscando en una infinidad de
lugares el regalo perfecto que pueda hacerla muy feliz; sin embargo, no hace
más que dudar de cada una de las opciones: duda de si es adecuado, de si a ella
le gusta, de si es demasiado obvio, si es muy rebuscado, de si es el de mejor
calidad, si efectivamente le parecerá bello, si podrá entender su sentido, de
si le puede agradar, y un largo etc.
Para el día del aniversario, él continua dudando, así que llega con las manos vacías. Se siente muy avergonzado por no llevar regalo alguno aun después de haber tenido tanto tiempo para pensar, pero ninguno lo convenció.
La situación empeora cuando
Juan le dice a Natalia que no trajo un regalo y, aunque intente explicarle a
ella el porqué de esta situación, Natalia ya se encuentra devastada por la “falta
de reacción” inicial de él. Ella, sumando estas dos situaciones, no puede más
que interpretar que Juan ya no la quiere, que seguramente ama a otra a quién si
le daría (o le da) esos regalos, esa euforia y ese cariño que ella tanto desea.
Para colmo ella se siente culpable y principal causante de que esta situación
pensando que no le dio un regalo suficientemente bueno para que él se alegrara,
pero le reprocha agudamente a Juan por todo esto para intentar sentirse un poco
mejor consigo misma, sin éxito.
Por el otro lado, Juan se
siente culpable y avergonzado por no haber respondido ante el presente de Natalia como ella
deseaba y, para colmo, por haber llegado sin regalo alguno para ella, motivo
por el cual se siente fatal. Para rematar, se siente celoso porque, a partir
del regalo de Natalia, interpreta que ella lo quiere volver otra persona y por
eso está intentando hacer que él se parezca a otro hombre, seguramente a algún exnovio
o algún sujeto que toda la vida le ha encantado.
De esta situación se gesta una
gran pelea cargada de culpas, inconformidades, rabias y reproches que ninguno
de los dos parece tener la capacidad de resolver, reparar o amainar.
Tristemente, ni Juan ni
Natalia logran ver los regalos que realmente se dieron: Natalia le regaló a
Juan su ideal, su amor por él mismo, su deseo y cariño al ideal que ella
reconoce en él y del que se enamoró en primer lugar. Juan, por otra parte, le
regaló a Natalia su rumiación, la duda y la división que acompañan su existencia y que se han configurado en su modo más apasionado de amar junto al esfuerzo siempre fallido
de intentar hacerla a ella feliz.
Y seguramente ambos se aman,
pero se encuentran tan heridos que les cuesta muchísimo reconocer el amor que causó las
heridas y la sinceridad del cariño que se esconde tras este dolor.
[Escrito: lunes 16/03/2015]
