Lo más trágico -a mi parecer- es que, dado tanto escándalo y ataque malintencionado entre los partidos, pareciera que la intención de voto se sostiene (y en algunos casos se eleva) superviviente a las acusaciones, cuya veracidad es de por sí considerable con o sin pruebas.
Cada día me sorprende más la raza colombiana tan desbordada en sus pasiones, tan lejana a la reflexión y cercana a las decisiones axiomáticas, tan dada a las imágenes polarizadas y generalizantes, tan amiga de la pelea de borrachos en la cantina y de solucionarla a machetazos.
No me cabe duda de que estamos asistiendo al prólogo de lo que nos espera en los años venideros en Colombia, pues no espero nada distinto en ninguno de los estamentos cuya tarea es propender por la realización del lema de nuestra Patria: "Libertad y orden". De República sólo nos quedaron un juego de palabras, el platonismo y la demagogia.

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