Mi abuela llegó de la
costa hoy y se trajo el verano consigo.
No hace sino repetir una y
otra vez: “en un mes yo me voy, en un mes me voy”,
mientras, afanada en
hacerse notar, pone una cara de aburrida como niña berrinchosa.
Si se devuelve en un mes
para la costa, o si en un mes se muere, es un asunto de ella.
En cualquier caso, sea en
su maleta llena de chécheres que no usa ni usará,
sea en su alma callada y
tormentosa, demandante y mandataria,
sea en el baúl de
recuerdos y reproches que ha cargado toda su vida a sus espaldas,
sea en su mirada punitiva
y caprichosa,
sea en un último suspiro
de paz o de profunda angustia,
sea como sea, y váyase a
donde se vaya,
que se lleve este maldito
verano con ella.
[Escrito: Martes 17/02/2015]

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