miércoles, 30 de abril de 2014

Carta a mí mismo

Envigado, miércoles 30 de Abril de 2014

Para:
José David Maya García

E.S.M.


Cordial saludo.

Por medio de la presente, deseo informarle de mi descontento con las circunstancias relativas a la política de tiempos para trabajo, sueño y ocio de la empresa: la última vez que estuve despierto a las 5:45 de la mañana (porque no madrugo antes de 6:15 am desde hace rato), estaba dedicado a labores mucho más enriquecedoras: me encontraba en una finca con mis amigos esperando a que saliera el sol y disfrutando de una buena conversación.

En la presente ocasión, el amanecer me ha sorprendido realizando y revisando los pormenores del planteamiento del proyecto de investigación con el que pretendo realizar mi trabajo de grado para el pregrado de Psicología.

Solicito la pronta corrección de este incidente por medio de la restitución horaria respectiva en tiempo para descansar y disponer para ocio, a la par con las garantías de no repetición específicas para este tipo de situaciones.

Por su atención y pronta respuesta, muchas gracias. 

Le deseo un feliz día.



Sinceramente: 

José David Maya García



PD: ¡Qué cuca de amanecer! ¿Si o qué?

PD2: ¡Ayudame güevón que esto es pa' ahorita y ninguno de los dos quiere hacer ni chimba!



[Escrito: miércoles 30/04/2014]

*Nota: Me tomé 10 minutos haciendo esto... y ahora, a seguir.
*Nota 2: El texto quedó bien jajaja. Me hacía falta este descansito para seguir escribiendo.
*Nota 3: Llevé a cabo la restitución respectiva mentalmente, en contacto con la administración, el primero de Mayo por medio de un sueño impresionante. En términos de Ocio el 2 y 3 de Mayo y, en términos de descanso, el 3 de mayo especialmente.

domingo, 20 de abril de 2014

Conceptualización: Verdad

En mi proyecto de gestar una matriz conceptual que sea en algo menos platonista que las anteriores, me es necesario replantear al menos de modo operativo algunos conceptos que sirvan de base a los demás y al devenir teórico-práctico mismo. El primero que deseo publicar es el de "Verdad".


Invertir el platonismo: ¿qué filosofía no lo ha intentado? ¿Y si definiésemos, en última instancia, como filosofía cualquier empresa encaminada a invertir el platonismo? Entonces, la filosofía empezaría con Aristóteles y no con Platón, empezaría desde este final del Sofista donde ya no es posible distinguir a Sócrates del astuto imitador; desde los propios sofistas que producían un gran alboroto alrededor del naciente platonismo, y a base de juegos de palabras se burlaban de su gran futuro.

Todas las filosofías, ¿pertenecientes al género «antiplatónico»? ¿Empezaría cada una articulando en ella el gran rechazo? ¿Se dispondrían todas alrededor de este centro deseado–detestable? Digamos, más bien, que la filosofía de un discurso es su diferencial platónico. ¿Un elemento que está ausente en Platón, pero presente en él? Todavía no es esto, sino un elemento cuyo efecto de ausencia está inducido en la serie platónica por la existencia de esta nueva serie divergente (y entonces desempeña, en el discurso platónico, el papel de un significante que a la vez excede y falta a su lugar). Un elemento cuya serie platónica produce la circulación libre, flotante, excedentaria en este otro discurso. Platón, padre excesivo y claudicante. No tratarás, pues, de especificar una filosofía por el carácter de su antiplatonismo (como una planta por sus órganos de reproducción); sino que distinguirás una filosofía algo así como se distingue un fantasma por el efecto de ausencia tal como se distribuye en las dos series que lo forman, «lo arcaico» y «lo actual»; y soñarás con una historia general de la filosofía que sería una fantasmática platónica, y no una arquitectura de los sistemas. (Foucault, 1995 [1970], págs. 8-9)

En cuanto a mis motivos para invertir el platonismo y declararme actualmente como antiplatonista, me basta con decir que me sobran los motivos (como a Sabina). Por ahora, si algún lector está interesado en eso, tendrá que conformarse con que le diga que he encontrado fuertes rastros de Platón en la gran mayoría de lugares en Occidente y sostengo que el sistema que está en crisis desde mediados de la Modernidad y que aun hoy -al menos en Latinoamética- continúa en crisis es la epistemología platónica, siendo ese el último fundamento histórico que da sustento al mantenimiento de ciertas dinámicas socio-políticas, económicas y culturales, entre muchas otras. Así, prosigo al replanteamiento del concepto de Verdad. 


La verdad es una forma axiomática de relación consigo mismo y con el otro o la otredad de manera más o menos consciente; es una predisposición de la interpretación de lo existente que atraviesa el cuerpo, marcándolo. De este modo enmarca, delimita y direcciona la sensación hacia la percepción e interpretación de ciertos sentidos y significados a partir de acontecimientos que pueden tener que ver o no explícitamente con el sentido interpretado (para no hacer una afirmación de carácter ontológico). Los mencionados acontecimientos tienen lugar en los sectores sensoriales del cuerpo, o dejan de tener lugar ante ellos, dando pie a la interpretación. 

Finalmente, existe prueba de la tendencia a la repetición en la interpretación de estos sentidos y significados, es decir, que tiendan a ser buscados una y otra vez en distintos acontecimientos (mas o menos similares entre sí) en aras de revivir, re-evaluar, transformar, negar, evitar, etc. la relación axiomática que dicho(s) acontecimientos(s) designan para el sujeto. Es así como el sujeto se sujeta a una relación axiomática que le permite reconocerse identitariamente como sí mismo o como otro y reconocer la otredad desde estas categorías. Aun cuando esta forma axiomática pueda ser formalizada en una oración, ella no tiene necesariamente una forma lingüística en sí misma.


TEXTO EN CONSTRUCCIÓN
Falta: Citas Nietzsche (sobre verdad y ment), Foucault (x2) (Deleuze diferencia y repetición) y Epicteto

Trabajos citados:
-Foucault, Michel. (1995 [1970]). Theatrum Philosophicum. Barcelona: Anagrama.


[Escrito: sábado 19/04/2014]

sábado, 19 de abril de 2014

Soñé

Soñé que confiaba en ti, que no tenía que aferrarme a tu brazo, que no tenía que asirme con fuerza a tu espalda. 

Soñé que cerraba los ojos y estaba tranquilo porque tu estabas ahí, a tu manera; estabas tranquila, cuidadosa, feliz, cariñosa, tierna, apasionada de estar ahí. Yo estaba tranquilo porque sabía que tu querías estar ahí, conmigo.

No sé si me amabas, no sé si me sabías, no se sí me deseabas a mí. Sé que amabas tu estadía, sé que deseabas seguir ahí, sé que sabías donde estabas y por qué estabas justamente ahí, entre todos los lugares posibles del mundo, y yo confiaba en ti.

Pude desprenderme de ti, soltar mi cuerpo. Así, con mis ojos cerrados, te permití tocar mi rostro y acariciar las cicatrices de mi cuerpo con lentitud.

No sé muy bien qué soñé, pero soñé que confiaba en ti; soñé que era feliz confiando en ti, a tu lado.

[Escrito: sábado 19/04/2014]
*Canción: Joe Satriani - If i could fly

Cigarrillo

Soy un cigarrillo, ni más ni menos.

Fin del comunicado.


[Escrito: viernes 18/04/2014, en Santa Elena]

jueves, 17 de abril de 2014

Nota: huida temporal 2

Comienzo a notar en mí un patrón que me resulta interesante: la necesidad de alejarme temporalmente de los textos profundamente cargados de contenido significativo para mí. Esta última parejita de cuentos, "Porque a las tres de la mañana no pasa nada" y "Grapadora" cumplen con esas características... eso me da a entender de modo suficientemente sintomático que algo logré decir en ellos; supongo que para eso se me dan las letras.

Imagino que, como la vez pasada, volveré al Blog en unos días, aun me quedan algunas cosas por escribir y por decir. En fin, también me puedo tomar unas vacaciones de mi propia mente, así que ¡hasta pronto! jajaja. El aire frío siempre me sienta bien, aunque sea por un par de días.

[Escrito: jueves 17/04/2014]
*Nota: Regresé. El aire frío definitivamente es una maravilla para mi organismo, mi cuerpo y mis palabras; he vuelto feliz y grato de los espacios que me he dado y de la música que la humanidad ha creado (Fecha de la nota de la nota: sábado 19/04/2014).

viernes, 4 de abril de 2014

Grapadora

«Se encuentra colgada en la sala» –comienza su relato con firmeza y suavidad–. «Es paradójico porque desde pequeña fue una chica asmática, de modo que siempre dijo que preferiría cualquier modo que morir antes de la asfixia.

No tiene pantalones ni medias, sólo sus calzonsitos de rayas horizontales de colores rosa y blancas y la blusa blanca de tiritas que le regaló su madre hace un mes. La blusa está enrojecida por los rasguños que le deja la soga al cuello, además de las pequeñas goticas de sangre que se deslizaron por su pecho y desde su nariz, pero que ya están secas. Sus ojos están manchados por un rojo intenso y su rostro coloreado de un pálido azul. En su pierna izquierda se ha escrito, usando como tinta su propia sangre y como pincel sus dedos, la palabra “ReCuerda”. Es una gran obra de arte caligráfica que aun está a medio secar, adornada con finos trazos de arabescos, que reside sobre su piel blancuzca haciendo las veces de lienzo. Tan singular lienzo se empalidece aun más a medida que pasa el tiempo que el improvisado péndulo hecho con su cuerpo sin vida marca, llevando la cuenta con lentitud, pues lleva ya horas en movimiento… tic, tac, tic, tac…; y aun no está quieto… y quizá nunca lo vaya a estar; y quizá jamás se vaya a callar.

Cuarenta centímetros bajo los pies del péndulo tiene residencia un charco hecho con la sangre que ha goteado, apresurada, recorriendo la ruta gravitatoria que va desde la cortada en la muñeca de su mano izquierda hasta el piso de la sala, herida que le sirvió de tintero provisional para redactar su mensaje y plasmar las líneas concéntricas que delatan su movimiento. Su hermoso y esbelto cuerpo se encuentra atado de un modo muy particular: 6 cuerdas de las cuales una, la del cuello, está fija. Las otras 5 son móviles. Este juego de 5 cuerdas, que usan como polea la arquitectura del techo de aquella sala, son más delgadas a comparación de la primera. Cada una está fuertemente sujetada alrededor de una de sus extremidades, atadas con tal delicadeza que permiten hacer de su cuerpo una marioneta de carne… una en cada muñeca, una en cada tobillo. La última cuerda está anudada con su pelo rubio y liso, haciendo así posible mover su cabeza para hacer que mire hacia el frente, hacia arriba o hacia abajo. Sus ojos están abiertos, su mirada está vacía.

Clavado con una grapa en su pecho, justo arriba de sus senos juveniles y por encima de la blusa de tiritas ya no tan blanca, está un sobre de carta. En este se puede leer, escrito a mano con tinta negra, el destinatario: “Mamá”.

Doña Beatriz, ya bastante impactada, busca su teléfono celular en el bolsillo derecho del blue-jean que recién se ha puesto para salir de la ducha. Marca con urgencia a su esposo.

La llamada cae al correo de voz antes de que él conteste; piensa en que él se fue a trabajar más temprano. Frenética, vuelve a llamarlo una y otra vez sin obtener mejores resultados. Llama cuatro veces seguidas aun de pie frente al cuerpo de su hija, sin haberse movido un milímetro de donde está parada y aun goteando agua de su cabello mojado, sin poder entender lo que sucede, deseando  estar soñando profundamente. Lo llama una quinta vez… a medida que escucha el tono del celular repicando pierde los estribos y, movida por una terrible angustia, azota su móvil contra el piso, destrozándolo de inmediato; acto seguido, cerrando con fuerza sus ojos y frunciendo el seño y la nariz, emite un sonido cercano a un gemido cargado de angustia y pena.

Mira hacia el piso y ve, junto a los restos de lo que fue la pantalla de su celuar, que mucha de la sangre está seca, dándose cuenta de que ella lleva horas ahí colgada. Suspira; ahora sabe que siempre recordará esta imagen que se yergue ante sus ojos, sabe también que nunca se podrá borrar de su memoria tal y como la mancha de sangre jamás saldrá del piso de mármol color marfil de la sala.

Desesperada, llama a su mamá a través del teléfono fijo…

– ¿Aló mija? ¿Cómo estás? ¿Cómo están todos por allá? –pregunta Juanita.

–Pues bien mamá, camellando… –responde automáticamente. Guarda silencio mientras piensa en lo que acaba de decir, porque es lo que siempre responde cuando su mamá le pregunta cómo está. Lentamente se le escapa una lágrima de su ojo izquierdo mientras se mantiene el silencio en la conversación y comienza a llorar.

– ¿Qué le pasó Beatricita? ¿Otra vez Juan no me le contesta el celular? No se ponga así que usted sabe que él no se va a volver perro después de tantos años de casado… recuerde cómo era su papá, que después de que las tuvimos a ustedes, él siempre respondió por todos en esta casa aun con el geniesito que se mandaba. Y eso que en esa época no había celulares, pero yo igual sabía que él se iba a mamar ron con esos malparidos amigos de él…

Juanita siguió narrando la misma historia que siempre cuenta de su ya difunto esposo, pero Beatriz no escuchaba nada desde que su madre le preguntó por Juan, su esposo. Ella está esperando a que su mamá se callara por fin para poder hablar, pero mientras espera siente un nudo que crece y se multiplica en su garganta. No puede decir nada, no tiene las fuerzas para interrumpir o ponerle un freno a su madre que siempre ha hablado hasta el cansancio suyo y de los otros, además de contar siempre las mismas historias junto a las mismas moralejas de manera ininterrumpida.  

Beatriz pierde la noción del tiempo escuchando lo que pasó de ser una pregunta a un monólogo cantaletoso e infinito. En algún punto de su escucha interminable tuerce los dedos de sus manos como si fuera efecto de un derrame cerebral, abre angustiada sus ojos desenfocando su mirada y exhala un aire de cuya existencia desconocía; así emerge de su pecho una cosa extraña, un grito amorfo motivado por algo que tiene más fuerza que ella o que los regaños de su madre, y dicha cosa se convierte en esas tres palabras que siempre soñó decirle en los 28 años que vivió con ella: –“¡¡¡ HIJUEPUTA, DEJAME HABLAR !!!”.

Beatriz, sin mermar su angustia o su tono, prosigue con respiración agitada: – “mamita… Natica se mató… ¡Mi hijita se mató! ¡Tiene 23 añitos y se ahorcó!”

La conversación fue infructuosa. Juanita no pudo volver a hablar después de semejante reacción de su hija, mientras que la boca de Beatriz continuó hablando cada vez más palabras, más rápidamente, pero también más faltas de forma; su mente se fue a otro planeta, su sangre hervía. Nada se entendía, sólo comenzaba a gritar más y más fuerte intentando hacer que Juanita la escuchara y le entendiera.

En medio del ruidoso monólogo de Beatriz, suena una melodía que viene desde la mesa del comedor. Allí se encuentra el celular de Natalia sonando y vibrando. La llama Juan. Ella mira extrañada al teléfono táctil que esgrime frente a sus ojos una fotografía de Juan y ella misma sonrientes, foto que Natalia tomó y Beatriz misma eligió. Con el más profundo de los desprecios contesta a la llamada y, sin pausa alguna, sin esperar un segundo, le habla gritando: – “Natica se mató. ¡Mi hija se me mató por tu culpa grandísimo hijueputa, perro infiel! ¡Andate con tu moza y no volvás jamás  gran malparido!” –. Acto seguido lanza el celular por la ventana, aun sin terminar la llamada; a los pocos segundos se escucha el golpe del dispositivo que se estrella contra el asfalto de la calle ocho pisos abajo del balcón.

Sin haber quitado el teléfono fijo de su otra oreja, continúa “hablando” con su madre como si fuera un solo chorro verbal que ha salido y continua saliendo de su boca ininterrumpidamente.

– ¡No fue mi culpa! Ella siempre ha sido así, el papá la malcrió. Ustedes la malcriaron, partida de alcagüetas. ¡Asesinos! Yo sólo le di lo mejor de mí, le di los mejores años de mi vida, le di lo que yo nunca tuve, le di amor, atención, una mamá paciente y dispuesta sólo para ella, un padre presente… no como el borracho peleón de mi papá. ¡A ella nunca le ha faltado nada!  A ella nunca…–

Y estalla en llanto dejando caer el teléfono al piso. Reenfoca su mirada a la escena que tiene en frente y se da cuenta de que sigue ahí, que su hija sigue fría y moviéndose lentamente como un péndulo por las cuerdas que tiene atadas a su cuerpo, que sigue sin vida ante sus ojos.

Sufriendo ante lo que ve, se queda atónita una vez más. Poco a poco toma fuerzas para acercarse a Natalia y, sin tocarla, intentar sacar la grapa de su pecho y tomar la carta. Siente la dureza de la grapa clavada en su carne, siente cómo se desliza con dificultad hacia afuera mientras ella la hala con sus uñas pintadas de un verde-azul brillante. El sobre se encuentra sellado. No está casi ensangrentado, sólo tiene unas líneas secas que sirve de evidencia del paso de algunas diminutas gotas de sangre que descendieron de las dos pequeñas heridas causadas por la grapa. Abre con delicadeza el sobre para no dañar o arrugar su contenido. Escucha atentamente el sonido del papel que se rasga usando como cortapapeles el dedo índice de su mano derecha, sosteniendo con la izquierda el sobre.

Al lograr su cometido escucha el último rasguño del papel. Siente mucho miedo, cierra sus ojos y sus lágrimas se escapan a chorros de estos. Intenta contener sus lágrimas con sus manos para no ensuciar el sobre con estas, pero prontamente se da cuenta de lo ineficiente de esa empresa. Desliza el papel de cuaderno doblado afuera del sobre sabiendo que en este se encuentra lo último que su hija le dirá.

Imagina por un instante que en dicho papel dice que esto no es más que la peor de las pesadillas, que es una mentira, una broma muy pesada y de pésimo gusto, que ella está bien y viva, que sólo está actuando o que Beatriz podrá despertar del sueño en segundos y verla con la piel rosada una vez más. También tiene la esperanza de que en esta carta Natalia la perdone por todo lo que ella le dijo anoche antes de dormir… siente mucha culpa al recordar y llora aun más. Recuerda que Juan se fue iracundo desde anoche, desde la pelea que fue motivada porque él no contestó el celular, pues, según él, lo llevaba en el fondo de su morral. En ese instante reconoce que lo único que quería es que tanto Juan como Natalia fueran más atentos con ella, que la pelea fue un modo caprichoso e innecesario de llamar la atención de ambos, que las palabras que dijo fueron hirientes para todos, más aun para ella misma… y siente miedo al recordar que esta vez, seguramente, Juan no vuelva más.

Finalmente recupera las fuerzas para afrontar el papel que sacó del sobre; lo desdobla y lo pone ante sus ojos. Respira hondo y se dispone a leer.

“Mamá, tu siempre quisiste que yo fuera distinta a como he sido, que fuera como tú me soñaste antes de nacer, antes de yo aprender a decirte que no es así como soy.

Por eso, para tu cumpleaños, te regalo lo mejor que puedo darte: la posibilidad de que revivas tu sueño con mi cuerpo, para que por fin tengas a la hijita que siempre quisiste tener. Te regalo una marioneta para que hagas de mí algo que si te haga feliz.

Te deseo un muy feliz cumpleaños con todo mi amor, con toda mi tristeza, con toda mi vida y con toda mi alma.

–Nata.”



…Finalmente, al terminar su lectura, escapa de su pecho un gemido asfixiado, un grito ahogado, un sollozo mal nacido. Una angustia abrumadora consume su vida, desgarra su rostro y quema sus entrañas…recuerda, recuerda, recuerda… »

El Grito - Mauricio José Vega
2004
(*La señora G termina su relato mirando hacia el vacío y suspirando desabrida mientras se mece, abrazando sus rodillas, sentada en la esquina de la habitación. Se queda en silencio. Lentamente, José se retira de la habitación sin hacer ruido para no perturbarla y cierra la puerta desde afuera. Se encuentra con Martín en el pasillo.*)


***

– Eh José, novato, con que fuiste a hablar con la señora G. ¿Te contó su historia, no?

– Si, ¿cómo lo sabe?

– Porque ella siempre cuenta la misma historia desde que llegó acá. Diariamente la cuenta exactamente igual, en tercera persona y en presente, sin una palabra de diferencia… lo sé porque llevo años trabajando acá. Es lo único que ella dice antes de las doce del mediodía, antes de la benzodiacepina del almuerzo, que la envía directo a la cama. Está como condenada a revivirla diariamente. Lo peor es que no sabemos qué parte es real y qué parte no.

– ¿Y nunca cambia nada en lo absoluto de su historia?

– Sólo una cosa: a veces al finalizar su narración emite un suave grito, como un gemido que se ahoga en su garganta desgastada, como si intentara estallar en angustia. Cuando eso sucede, se agita y nos toca recluirla, en algunas ocasiones hasta pacificarla para que no se haga daño. A veces también dice que el espíritu de su hija la visita en las noches, en sus sueños y en las madrugadas; dice que la visita para torturarla, para martirizarla, para culparla y recordarle la mala madre que fue; dice también que la ve y que su “alma en pena” (como ella le llama) le repite una y otra vez mirándola a los ojos: “Recuerda, recuerda, recuerda…”; pero cuando yo llego a su habitación, ella se encuentra sentada o acurrucada en el piso o en su cama, mirando al vacío, diciéndose a sí misma esa palabra sin cesar, sosteniendo con sus manos temblorosas su rostro y su cabeza.

– Parece que tiene una historia bastante difícil. ¿Cómo llegó doña Beatriz acá? ¿La trajo el esposo?

– No, de él nada se sabe. Ella apareció un día, alguien la dejó tirada a media cuadra de las Urgencias de una clínica de la ciudad y de allá nos llamaron porque ella los atacaba cuando intentaban curar sus heridas o limpiarle la sangre; tampoco lograban entender lo que decía. Cuando nos llamaron, reportaron que estaba haciendo un desastre en la clínica y que era imposible atraparla sin hacerle daño. Tras eso se encerró en una oficina vacía que hay en la parte de atrás de las urgencias pediátricas de tal manera no era posible sacarla, así que nos pidieron ayuda. Fuimos en una ambulancia cuatro enfermeros y yo. Era un miércoles, a eso de las cinco o seis de la tarde si mal no recuerdo. Nunca podré olvidarlo.

Cuando por fin llegamos, nos tocó tumbar la puerta a patadas. Tres de los enfermeros y yo entramos. Nos íbamos a abalanzar ya sobre ella con la camisa de fuerza cuando la vimos en la esquina tras el escritorio del pediatra, sangrando. Con la grapadora de la pediatra se había llenado de grapas buena parte de su cuerpo: se las había clavado en los tobillos, la parte alta de su muslo izquierdo, las muñecas y el pecho especialmente, arriba de sus senos, pero también sus senos y sus pezones. No se movía, sólo estaba ahí quieta encogida sobre sí misma, casi en posición fetal, con los dedos torcidos, cubriéndose la cabeza con sus manos y brazos, mirando al vacío al borde de la catatonia, sonriendo frenética con la mirada perdida. Su mano derecha no paraba de temblar. Respiraba muy fuertemente mientras apretaba los dientes; tuvimos que sedarla. Se despertó medio día después, estando ya en su cuarto del ala oeste, el número 23, hace 12 años, aquí en el hospital mental. Esa es la historia de cómo llegó acá la señora G.

– Qué raro… ¿no dijo ella que Natalia tenía justo 23 años cuando se suicidó?

– ¿Si? Qué terrible coincidencia, no creo que alguien más la haya notado. Eso debe interesarles más a ustedes los psicólogos que a nosotros los psiquiatras, pero si descubrís algo relevante con eso me contás por favor.

– Claro Martín. A todas estas… tengo una duda. ¿Por qué le dicen “la señora G” a doña Beatriz? ¿Es por su apellido?

– No, la letra G es como abreviamos “Grapadora”. Lo del apellido es mera coincidencia.




[Escrito: jueves 03 y viernes 04/04/2014; corregido por última vez en marzo de 2015.]

*Nota: Entre hacer y revisar este texto, debido al evidente fuerte clima emocional en el que ando, me ha dado un fuerte mico (tortícolis) y se me ha quitado parcialmente. Este par de últimos textos son muy importantes para mí, pero este ha sido especialmente angustiante e histerizante. No sé qué haría si no pudiera escribir para permitirle la salida a todo eso. Gracias a cualquier despistado que lea esta nota aunque sea por accidente :)
**Nota 2: Tras un buen día de descanso, de cuidar de mis asuntos y  mi clima emocional, estoy mucho mejor de mi cuello, también estoy más feliz y satisfecho con este pesado texto que pude dar a luz y, además, estoy más tranquilo en general. Tardó todo un día, pero valió la pena . Me hace feliz que alguien lea estas notas sin importar sus motivos, así que gracias por leerme. Feliz noche (sábado 05/04/2014).

jueves, 27 de marzo de 2014

Porque a las tres de la mañana no pasa nada

De par en par ha abierto sus ojos, tan agudos como los de un gato habituado a la oscuridad, para escabullirse en la falta de luz y de ruido de su apartamento a las tres de la mañana.

– ¿Por qué a las tres?– Le pregunté alguna vez a tan singular personaje…

–Porque a las tres de la mañana no pasa nada– responde Andrés, sin la menor duda.

Alguna suerte de reloj interno ha poseído a este sujeto, pues no erra más de 5 minutos la hora que algún destino o "ser superior" ha designado para su pernoctar. Se levanta con suavidad, descalzo, de su cama. Hasta la gata parece estar dormida. Como siempre, observa con detenimiento que no haya alguien deambulando cerca mientras abre suavemente la puerta de su alcoba. Verifica al salir que, a su derecha, la puerta de  la alcoba principal (donde están su madre y su padrastro) esté cerrada. Se dirige con lentitud al frente, por el pasillo, luego a la izquierda en dirección al balcón haciendo uso de todo el tiempo que desee, bien sea por capricho o motivado por su amor al sigilo, con la cajetilla de cigarrillos encaletada en el bolsillo derecho de la pantaloneta con la que duerme. Le encantan los Malboro rojos, pero a falta de dinero esta semana anda fumando Boston, que no saben ni a la mitad por más fuerte que se aspire. Andrés es de esos que carga el encendedor dentro de la cajetilla aunque esta se deforme un poco; es en lo único que puede tolerar el desorden.

Justo al lado del balcón, está el bifé de madera de guayacán que venía en el juego mobiliario de recién casados de sus padres. En el segundo cajón de arriba a abajo, se encuentran el cuadernito, el borrador desgastado y el portaminas 0.7mm con minas 2B con el que él suele pasar el rato diseñando edificios, dibujando parques y jardines imaginarios con los que sueña despierto, porque de sus sueños nada recuerda, excepto uno que es repetitivo.

Dibuja con esmero sentado en la silla plástica del balcón con ayuda de la luz blanca del bombillo de 25 Watts ahorrador que lo ilumina desde el techo. Siempre dibuja de izquierda a derecha. Nunca ha necesitado de más regla que su pulso de cirujano y sus ojos atentos. Prende el primero, aspira con levedad mientras se extravía en el recuerdo de una ocasión en que él preguntó en clase si alguien le prestaba una regla para hacer un examen y escuchó que le respondieron “¡vos sos la regla!”, cosa que le causó mucha gracia a pesar de no entender por qué, ni saber quién se lo había dicho. Riendo aun a carcajadas, cuando pregunta por quién le había dado tan singular respuesta, resultó que sólo él la había escuchado. En ese entonces no sólo se asustó, también consideró posible estar alucinando, siendo él un amante lúdico del LSD en aquella época. Suspira y sonríe con una suavidad cómplice: –“sí, yo soy la regla”– dice para sí.

Continúa hablándose con voz suave:

–Andrés, ¿hoy andás de buen humor no? Te sentís especialmente tranquilo. Me fumaré tan sólo uno, si mucho dos…pero no más, para disfrutarlos; estoy feliz, ni siquiera la gata vino, por fin, silencio absoluto.

En ese instante recuerda que, en las profundidades del mismo cajón del bifé, están guardados dos Malboro rojos que le habían sobrado de una cajetilla que la lluvia y el trajín destruyó en su mochila hace un mes, pero los cigarrillos estaban intactos. Los toma con delicadeza y los guarda en la cajetilla de Boston, uno al lado del otro y puestos en sentido contrario a los demás, para diferenciarlos. Siempre que lleva a cabo esta operación, se toma un momento para mirar la publicidad amarillista de la cajetilla azul y blanca, esa que dice que te va a pasar algo horrible por fumar, y exhalando humo dice “si, es que quiero morirme un poquito cada día, con esto sólo me aseguro de que así sea”.

Es un buen estudiante de arquitectura, reconocido entre los profesores y sus compañeros, con muchas ideas bastante novedosas y con un notable talento. Cuando le preguntan que de dónde se sacó sus diseños o qué lo inspiró, él suele mentir diciendo que se los sacó de sus sueños pues siempre los hace justo a las 3 de la mañana en el balcón y a pulso, pero él mismo sabe que no tiene idea de dónde han salido, porque el único sueño al que él asiste en su mente se repite una y otra vez y no tiene nada que ver con diseños arquitectónicos.

Yo soy estudiante de psicología, así que una vez me lo narró para que yo se lo interpretara. Yo no tenía mucha idea de cómo hacerlo, pero igual me divertía mucho escucharlo hablar de esas cosas.  En ese entonces, hace dos años más o menos, esto fue lo que me relató:

–Pues parce –me dijo con tono franco, mirándome a los ojos justo antes de exhalar el Boston que ese día se fumaba–, el sueño es que yo estoy en mi cuarto, a veces el de ahora, otras en el de chiquito… estoy acostado y como que escucho un ruido de algo que rechina pero me quedo quieto, con los ojos cerrados. Luego algo suena, un golpe contra algo sólido, abro los ojos, miro al techo asustado… y hay algo dibujado en él, pero nunca recuerdo qué es lo que hay ahí; debe ser porque es de noche y está oscuro.

Me levanto y me acerco lentamente a mi puerta, la abro verificando que no haya nadie ahí. Siempre he vivido en el mismo edificio, así que el apartamento me lo sé de memoria. Aun sin ver bien, puedo guiarme en la oscuridad.

Cuando salgo del cuarto todo comienza a sonar más duro. El rechinar es mucho más fuerte y los golpes contra la pared son como si alguien estuviera martillando, pues, como con esos martillos gruesos de construcción, o dándole puños a una pared una y otra vez, rítmicamente: «tump-tump-tump-tump…», como golpes secos, una y otra vez.

Miro para todos los lados con miedo a que sean ladrones, pero no son… y escucho que el ruido viene del cuarto de mis padres. Cuando miro hacia allá, la puerta está cerrada pero escucho gente hablar: una voz gruesa dice algo y la otra, como de una mujer, se escucha gritar de dolor pero tapada o ahogada por algo; como cuando en las películas asfixian a alguien con una almohada. Y en ese instante siento una presión horrible en el pecho, como si se me fueran a salir los pulmones, y dejo de respirar. La voz de la mujer se me parece a la de Olga; pues, mi mamá. Yo no sé por qué le digo así. Bueno…

Aun muy asustado, toco la manija de la puerta para abrir y ver qué hay adentro. A veces la puerta ni siquiera está cerrada, sino que está apenas entreabierta, pero igual la empujo desde la manija. La giro con tanta suavidad como puedo y abro la puerta con lentitud, para no hacer nada de ruido… y en ese instante, me despierto llorando o gritando… o ambas. Nunca lo he podido entender. ¿Vos qué podés interpretar de eso?

No sé si debí decirle más que eso en ese momento; ahora que he estudiado un poco más creo que sí. Sólo le pregunté qué pensaba él que podría haber tras esa puerta y él respondió: –“viejo, no sé, de pronto algo horrible, o de pronto nada”.

– ¿Por qué? –le pregunté.

–Porque me asusto mucho, pero uno a veces se asusta de lo que desconoce. ¿Aunque sabés qué?... Ahora que me acuerdo, a veces abro esa puerta en el sueño y encuentro una habitación vacía, totalmente blanca, pero distinta a la de mis padres: sin muebles, sin cama, mucho más grande, sin nada ni nadie por dentro; no hay nada allí.

– ¿Y te despertás igual?

– ¡Noh! ¿Si vieras güevón? Esas son las veces más raras porque también tengo un orgasmo. ¡Ah! Y también recuerdo que más chiquito, como a los 10 o 12, me orinaba en la cama cuando tenía ese sueño.

Él siempre ha hablado así, sin vacilar, como si las palabras se lanzaran al vacío desde su boca o, más bien, como si él las sacara a las patadas. En aquella época ya habíamos sido amigos por mucho tiempo, al menos 6 años.

Finalmente se aproxima a concluir su dibujo y al final del primer Malboro, cuya colilla lanza por el balcón siguiendo la trayectoria de la del Boston inmediatamente anterior. Saca el segundo Malboro de la cajetilla y lo coloca sobre la mesita que hay justo al lado derecho de la silla, donde reposa el borrador. Esta vez ha diseñado un edificio absolutamente maravilloso, tanto así que hasta él mismo, por primera vez en su vida, se siente orgulloso de su trabajo. Es un diseño original y aparentemente realizable, sumamente estético a la vista, bien resuelto y "funcional" –como dicen los arquitectos–. Frente al edificio dibujó, para adornar, un parquesito con juegos infantiles que, aunque le resulta muy familiar, no recuerda donde lo habrá visto, pero no le presta importancia a este detalle.

Va de izquierda a derecha terminando de hacer luces y sombras en las ventanas del edificio, para que la estructura de 12 pisos se vea menos monótona. Dejó de último el décimo piso por algún capricho de esos que le dan a esa hora y, al terminar de hacer el brillo de la última ventana del décimo piso (la derecha), abre sus ojos de par en par a poco de desorbitarse, inhala con fuerza abriendo sus fosas nasales, se le eriza la piel, abre un poco su boca, acerca lentamente sus manos a su rostro… y dice sorprendido:

– ¡Doble negación! –poco le faltó para gritarlo– “A las tres de la mañana no pasa nada”, ¡eso quiere decir que si pasa algo!

Acto seguido, posa su mirada en el dibujo hasta fijarse en la ventanita de la derecha a la altura del décimo piso. Estático, se va perdiendo con suavidad en un ensueño profundo, como hipnotizado. Al igual que en el edificio donde vive, en cada piso del dibujo hay un ventanal a la izquierda, que corresponde al balcón donde él se encuentra con la luz prendida; hay también una ventana en el centro y una última ventana a la derecha del piso, correspondiendo a su cuarto y a la alcoba principal, respectivamente.

Al día siguiente lo encontramos temprano en el parquesito que hay justo al frente a su edificio. Se lanzó desde su balcón en el décimo piso, con todo y dibujo. Sólo dejó arriba el borrador desgastado junto al portaminas 0.7mm con minas 2B  y el Malboro que no se fumó, puestos todos sobre la mesita al lado de la silla, mirando en el mismo sentido. Ya manchado por su sangre, se veía en su cuadernito el hermoso diseño del edificio que curiosamente estaba acompañado por un bosquejo del parquesito en el que cayó. Al lado derecho del diseño se leía, escrito a mano con grafito, pintado por la sangre y sucio de sus restos: “a las 3 de la mañana, yo los vi. Mi padrastro estaba violando a mi mamá y ella... ella lo estaba disfrutando”.

Yo estaba atónito de ver esa escena. Por su parte, Natalia, sin conmoverse, dijo: –“¡Eh!  ¡Pero el hijueputa además de hacer semejante reguero en el piso, volvió mierda los cigarrillos…!”–. Así se quejaba del modo más bullicioso posible, como siempre, mientras intentaba recoger con cuidado, sin ensuciarse mucho, la cajetilla de Boston aplastada y ensangrentada. Tras tener la cajetilla en sus manos, verifica el estado de los 5 cigarrillos restantes, que estaban ensangrentados pero razonablemente bien. Natalia concluye diciendo: –“Uno de estos días, me lo fumaré. ¿Vos querés uno?” –me preguntó.

–Dame dos, por favor.




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*Notas:

  • Pernoctar: (Del lat. pernoctāre). Pasar la noche en determinado lugar, especialmente por fuera del propio domicilio (RAE).
  • Pernoctámbulo(a): Aquel o aquella que pernocta en constante deambulación, motivado por la agitación e inquietud emocional, con posible correlato motor, cognitivo y orgánico en los casos mas intensos. Es la palabra, el neologismo, que dio origen a este texto; es la palabra que, a mi juicio, mejor podría describir a Andrés... Andrés es un pernoctámbulo.



[Escrito: jueves 27/03/2014]
[Última revisión: jueves 15/05/2014]

Dispariedad

–El sexo –dice él con vehemencia – es una metáfora que se entabla sin fondos y con más trasfondos de los que imaginamos. Una de esas que se escriben sin palabras y que siempre queda cortas a la hora de cobrarlas en la realidad. ¡Es que no hay relación sexual! Le creo a Lacan. Soler es más suave con eso.

–Sergio, –dice ella con seriedad– cuando Soler decía que no había proporción sexual, no creo que se estuviera refiriendo a que vos y yo pudiéramos estar juntos.

–Nata, no sabía que te fuera a disgustar tanto que yo fuera gay.

–No me disgusta, de hecho me alegra mucho que me cuentes. Lo que me deja intranquila es que te des cuenta de eso tras intentar penetrarme…

–¡Si ves! No hay proporción sexual, no somos iguales vos y yo, no nos tenemos que dar cuenta de lo mismo al mismo tiempo. A eso me refería.

–Sergio, cuando Colette Soler dice eso dudo que se refiera a que está bien que vos imagines penetrar a mi hermanito estando conmigo. ¡No quiero volver a darme la vuelta con vos!

–Creo que los dos estaremos de acuerdo en que él es un bebé.

[Escrito: lunes 10/02/2014]

miércoles, 26 de marzo de 2014

Pensar el enfoque Psicosocial

Este semestre he estado participando en la universidad, ya por segunda ocasión, de un seminario llamado Intervención Psicosocial con el que cierro con brillante broche el tema de lo social en el pregrado de Psicología. En esta ocasión lo dirige un docente que está relativamente por fuera del grupo de docentes que habían llevado hasta ahora la insignia de lo “Psicosocial y sociocultural” en la facultad, pero que no por eso dejan de tener algún tipo de vínculos ideológicos entre ellos que no sólo desconozco, sino que me interesa no conocer, por mi propia salud mental. El caso es que este docente, con una perspectiva renovada del tema, nos ha recomendado lecturas con un vasto contenido que se han podido confrontar en el seminario con las discusiones en las que él mismo participa y nos brinda su punto de vista, de modo que nos han permitido darle una nueva mirada al aclamado enfoque Psicosocial..

A lo largo de las lecturas, ha quedado en evidencia no sólo en mi concepto, sino en el de otros estudiantes, que este enfoque además de tener un especial cuidado por el tema socio-cultural-histórico y contextual, también dedica la mayor parte de sus textos a hacer crítica de un paradigma científico positivista clásico que ya está caduco (cosa que ya muchos saben, incluso la gran mayoría de los mismos cientificistas), también a hacer crítica de modos de intervención que terminan por hacer más daño que reparación en el tejido social (acción con daño), y a proponer metodologías de acción o intervención que tengan en cuenta lo que el enfoque cientificista no incluye, y que puedan actuar o intervenir de un modo que no destruya el tejido social o re-victimice. En otros sectores textuales, hasta ahora más reducidos, proponen algunos conceptos que permitan la re-lectura de algún fenómeno, pero sólo en cuanto se contrapone a algún concepto que le atribuyen a los desarrollos conceptuales positivistas. Finalmente, también hay amplias revisiones de procesos históricos en comunidades específicas y recuentos detallados de intervenciones que van de acuerdo a los lineamientos de una acción sin daño en su literatura.

Así, no parece quedarnos claro qué exactamente es el enfoque Psicosocial más allá de lo que se pueda incluir y tener en cuenta de una mirada más social, cultural, contextuada y orientada a ciertos fines (reparación, derechos humanos…) en el marco metodológico de algún proceso investigativo o interventivo específico. Es esto lo que me he permitido llamar la Metodolatría Psicosocial, pues intentan traer a tierra una gran cantidad de discusiones teóricas, epistemológicas y ontológicas –que ya son suficientemente difusas en sí mismas–  a través de la conformación de una u otra metodología siendo esta la que encarna la “Psicosocialidad” del proceso, pero tal transpolación se queda sumamente corta a la hora de integrar las ideas con las prácticas, haciendo caso omiso al platonismo que habita en esto, pero que no es el tema de este texto.

Tras pensarlo con seriedad, he llegado a la conclusión de que el gran motivo de la Metodolatría Psicosocial –que es, curiosamente, del mismo tamaño que la positivista clásica– pareciera surgir de la imposibilidad de hacer mediar de un modo sintético, coherente y cohesivo (polifónico) las distintas escuelas de pensamiento que se pretenden reunir en este enfoque y que le sirven de sustento ecléctico. Esta difusión se puede leer con absoluta claridad si realizamos un paralelo entre las distintas posiciones ontológicas, epistemológicas, metodológicas, conceptuales de estas escuelas y del enfoque Psicosocial mismo, teniendo una especial lupa en los objetivos a los que estas propenden.

De esta manera, al no resultar un entramado teórico que permita e impulse el devenir práctico coherente y cohesivo articulado con este, el único modo que queda para hacer converger las perspectivas de estas escuelas en un solo enfoque es apilar varios de sus elementos constituyentes, que son seleccionados según resulte conveniente y de manera ecléctica, y ubicarlos uno tras otro a través del tiempo en la praxis. Dicho de otra manera, el modo de hacerlas converger es en la metodología, en las distintas etapas investigativas que hacen las veces de lienzo, como una matriz integrativa, un cascarón donde todos pueden caber, pero por partes.

Es así como se da origen a un enfoque se que ha especializado en la acción o la intervención (dependiendo del fundamento y objetivos), pero también ha tenido especial agudeza en la crítica a otras escuelas de pensamiento y perspectivas, en la formulación de metodologías y textos metodológicos, dando origen más a un conglomerado de metodologías interventivas que a un razonamiento o a un sistema de pensamiento cohesivo. Es por este motivo por el que este enfoque se presta tanto más para la moda técnica de la eficiencia, eficacia y repetición que para la forja de una “bella teoría” (episteme) que dé a luz una renovada visión-del-mundo (una Weltanschauungen o intuición-de-mundo para Wilhelm Dilthey), un nuevo paradigma que sirva de marco referencial o punto de partida al re-pensar los modos de acontecer humano en Occidente(s).

Resulta irónico detallar la manera en este enfoque critica tan fuertemente la visión cientificista y tecnocrática de la eficiencia, eficacia y repetición en las prácticas y modelos evaluativos modernos y, observar que paralelamente termina por encarnar una nueva expresión de eso mismo en numerosas ocasiones. Cabe aclarar que esto se ha visto fuertemente impulsado por los llamados de un pueblo que clama por un salvador (o un tirano canalla) ante sus angustias, sufrimientos e impotencias, ante lo cual han tenido un oído especialmente agudo las personas que han optado ejercer sus prácticas desde esta naciente escuela. Así mismo, este enfoque ha devenido de tal modo en cuanto la gran mayoría de sus desarrollos y conceptos son metodológicos, así que pueden incluirse en el formato de un proyecto de intervención motivado estatalmente como metodología “psicosocial” y ser vaciados de su contenido y de la mirada que le dan sustento dentro de esta visión teórica.

El enfoque psicosocial es una episteme joven que no hay logrado aun hacer grandes procesos de síntesis a partir del eclecticismo que da origen a toda teoría. Eventualmente podrá y desarrollará tales síntesis hasta consolidarse como un sistema de pensamiento en sí mismo a partir de investigaciones, casos, teorizaciones propias, de la mano con conceptos más que descriptivos, a saber, conceptos radicalmente fundantes, axiomáticos, que le permitan y le impulsen a cerrarse tras esta gran apertura inicial propia de la crisis epistémica y renovación paradigmática (Thomas Khun) y así, seguir el ciclo vital de las epistemes y las ciencias.

Este “rescate” de lo social en la psicología ha conseguido abrirnos los ojos ante las rancias positividades y otros prejuicios que aun habitan algunas de las áreas del saber humano y de las praxis alrededor de estas y que tienen vastas consecuencia; entre ellas:

  • Aletargar la capacidad crítica.
  • Dificultar el reconocimiento de las culturas, de las prácticas de las que esta se compone y mediante las cuales se recrea y expresa.
  • Incapacidad de tener en cuenta el contexto más que como una variable que dificulta la experimentación y la generalización.
  • Negación la importancia de la construcción y reconstrucción de entramados vinculares en cuanto tejidos imaginarios pero constituyentes del acontecer/devenir humano.
  • El demeritar el impacto subjetivo y comunitario  de los eventos transversales o internos a una comunidad, como lo son las guerras, las crisis socio-económicas y políticas, los desastres naturales, etc.
  • Entre muchos otros.

No obstante es necesario reconocer, aunque de modo resumido pero con un gran transfondo, uno de los grandes logros de estas positividades: La formación de teorías metodológicas que permitan la sistematización de la acción y el conocimiento, herramienta de la cual está siendo uso el joven enfoque psicosocial.

De igual manera, es necesario aclarar que cada teoría que se ha gestado ha descuidado siempre al menos un sector del acontecer humano y que no hay un modo posible de cubrirlo cabalmente, debido a que el lugar del existente (Martín Heidegger) reside justamente en la posibilidad. Se necesita humildad para reconocer y anunciar las falencias y vacíos de la propia episteme.

Entre las personas que ostentan el nombre de lo Psico-Social, se han descuidado muchas cosas al igual que en otras visiones. Además del descuido epistémico y sintético, quizá sea el individuo, el sujeto psíquico del paso a la conciencia y el darse cuenta en la clínica o en la terapéutica lo que se ha descuidado; pero a cambio, ha conseguido darle vida a la relación, al vínculo, darle nombre al acto de reconstruir una vida y un pueblo resquebrajado por la violencia en Latinoamérica, concediéndonos la posibilidad de re-evaluar el silencio cómplice del que se hace llamar víctima para perder la voz, encerrarse en su historia y pedir lo poco que el gobierno le pueda dar; nos brinda la posibilidad de vernos a todos como actores y no como simples desentendidos… comparto mi sincero deseo: que también nos brinde las herramientas para observar con detenimiento histórico el “eterno retorno de lo mismo” (Friedrich Nietzsche) cultural del que hemos venido siendo partícipes y gestores, del mismo modo que el Psicoanálisis nos ha hecho notar la repetición en lo subjetivo y familiar.

Me resta aportar con mis letras y mi pensar al proyecto de gestar autogestores, de provocar reflexión, de convocar al pensamiento sobre sí mismo y cada uno de los nombres que se ostentan: de pensar, junto a los psicólogos que han optado por actuar y hablar del enfoque Psicosocial, qué significa, a qué conlleva, qué sustenta, qué lo sustenta y qué implica ese nombre. Eventualmente este enfoque será una bella episteme como otras tantas, pero ojalá sea una consciente de sí misma en algo más que las anteriores, una episteme humilde que pueda anunciar sus limitaciones, prever las pretensiones de sus adeptos nominales dándole así, sin arrepentimientos, una puerta a los críticos que gesten el siguiente nombre, que formulen el próximo enfoque que entre a re-evaluar y nos haga re-pensar el que entonces será el nuevo discurso amo de lo Psicosocial.

[Escrito: martes 25/03/2014]

*Con esto doy por terminado mi problema con lo Psicosocial.

sábado, 22 de marzo de 2014

Nota: huida temporal

Tendré que confesarles algo: Tras terminar de escribir y publicar Concretud y disolución en el Blog, ha sido necesario para mí huir de este espacio por un tiempo. Aun tengo una infinidad de textos más y mi escritura ha sido prolífica además de muy agradable para mí... pero he necesitado huir de ese texto por lo mucho que en él develo, tanto adrede como "accidentalmente".

Este es mi modo de explicarles por qué he mantenido lejos de renovaciones y nuevas publicaciones en el Blog, pero ya prontamente espero volver a hacerme público en la medida en que sea capaz de asumirme responsable por ese texto en particular. 

Me ha sido necesario hacer esta aclaración especialmente para mí mismo, pero también a modo de explicación a cualquiera que esté interesado de modo eventual o esporádico en Alguna letra desnuda -aunque nadie me ha dicho algo por la falta de publicaciones, pero igual es una posibilidad que consideraré al menos estadísticamente-.

Les agradezco por su paciencia, por su lectura y por hacer parte de esta pequeña complicidad a las que los he invitado sin que ustedes puedan siquiera sospechar lo que hay en juego en cada letra.

Con esto concluyo el primer momento de introducción para entender alguna de mis Confesiones.

[Escrito: sábado 22/03/2014]

*Nota: A partir del martes 25 de Marzo he podido volver al Blog, hacerme responsable de semejante texto, pero también he vuelto a escribir con gran ligereza y tranquilidad, de modo que habrán varios textos nuevos a partir de la fecha. Esta pequeña nota fue escrita el miércoles 26 de Marzo. Gracias por la paciencia a quién le siga la pista a mis letras extraviadas.

martes, 4 de marzo de 2014

El arte de no entender

Hermes Ingenui
Copia romana del original del siglo V a.C.
Museo Pío-Clementino, Vaticano
¿Qué es el lenguaje? A veces pareciera una vil sátira de tantos poemas, de una infinidad de maravillas; las palabras de los pequeños humanos se quedan en nada frente a las más bellas prosas, los más complejos epítetos, la historia relatada en verso y el ser del poeta, que deja de ser suyo (de él) en su palabra y pasa a tener otro dueño, que no es más que otra persona, usted o yo, o quizá aquel joven dormido en la esquina, el todo y la nada de la interpretación subjetiva de la subjetividad. El hermoso arte de no entender. Así pues, en el presente ensayo se pretende demostrar al lector que es así, en el ejercicio del arte de no entender, que podemos comprender.

“Como cuando un rápido pensamiento atraviesa el pecho de un hombre al que inquietan numerosas preocupaciones, o como cuando centellea en los ojos el brillo de la mirada, así se ocupaba a la vez de la palabra y la acción el ilustre Hermes.” Versa así uno de los himnos de Homero, bardo de bardos, que relata la historia de Hermes y su gran habilidad con la palabra, su gran astucia, ingenio y la agilidad que le caracteriza en la mitología. Era Hermes el mensajero de los dioses griegos, un ser que en el mismo día de su nacimiento roba las vacas de Apolo y al día siguiente, cual diestro pícaro, dice a su padre la verdad ante su inquisitiva búsqueda, pero utilizando de tal manera la palabra que no queda la menor duda de su inocencia.

Dirá entonces Hermes, con implacable habilidad, a su padre: “Zeus padre, sin duda que te diré la verdad, pues soy franco y no sé mentir. Llegó a mi casa en busca de las vacas de tortuoso paso hoy, nada más salir el sol, y no llevaba consigo ni testificante ni testigo de vista de los dioses inmortales. Me instaba a confesar bajo violenta coacción. Muchas veces me amenazaba con arrojarme al ancho Tártaro, porque él posee la tierna flor de la juventud ganosa de gloria y yo en cambio nací ayer (y eso lo sabe también él mismo), sin que tenga tampoco el aspecto de un varón robusto como para ladrón de vacas. Créeme, pues te glorías de ser mi padre, que no me llevé las vacas a casa (¡ojalá fuera yo rico!) ni atravesé el umbral. Lo declaro sinceramente. Mucho reverencio al Sol y a los demás dioses; a ti, te quiero, y a él le tengo un respetuoso temor. También tú sabes que no soy culpable, así que pronunciaré un gran juramento. ¡No, por estos pórticos hermosamente adornados de los inmortales! Yo un día le haré pagar con creces su implacable rapto, por fuerte que sea. ¡Pero tú protege a los más jóvenes!“ Curiosamente, solo versó con sinceridad, pues nunca llevó las vacas a casa, ni estas pasaron por el umbral de la misma.

Hans-Georg Gadamer, en su teoría ontológica del lenguaje y del ser en este, plantea en el Giro Lingüístico la habilidad del sujeto hablante de ser y no ser en el mismo instante: antes de comunicarse, el sujeto tiene pensamientos, ideas que dan forma al lenguaje en su mente y que son parte de su ser, de modo que es el ser mismo del hablante el que se comunica en cada palabra y cada gesto. Pero, he aquí el giro: el ser no se agota en este lenguaje debido a que no es posible comunicarlo (al ser) en su totalidad en un solo instante, ni dar a conocer todo lo que las palabras emitidas realmente significan, aunque se use a la perfección el código semiótico y lingüístico, o tantos fonemas, morfemas y oraciones que sea posible. Así, es en el acto lingüístico en el que comunicamos una parte de nuestro ser y dejamos para nosotros aquello que resta del mismo; pero, para quién está escuchando nuestras palabras y percibiendo nuestros gestos, es únicamente lo comunicado lo que logra llegar a él, de tal manera que todo aquello que se calló, sencillamente no existe para el receptor, pues no se puede conocer algo que no es. De este modo, al hablar, nuestras palabras cambian de dueño, dejan de ser nuestras y pasan a ser de quién las escucha, quién las interpreta desde su subjetividad posiblemente entendiendo algo totalmente distinto a la parte de nuestro ser que quisimos comunicar, algo diferente al ser que somos en realidad, pero ya no somos dueños de esas palabras dichas; solo somos dueños de nuestro silencio, aquello que hemos de callar.

Al compartir únicamente aquello que quería que la corte divina escuchara y quedándose con lo que no, es como Hermes pudo ser sincero sin decir toda la verdad y, aun cuando en ningún momento arguya su inocencia, la interpretación de su hábil discurso permite intuirla incluso cuando esta es falsa. Ya el austríaco Ludwig Wittgenstein en 1953 dejaba por escrito su teoría referente a lo que él llamó los “Embrujos del lenguaje”: una tergiversación del lenguaje por entenderlo desde nuestra subjetividad o por la utilización de palabras confusas o ya tergiversadas, de manera que no podemos abordar eficazmente la subjetividad del emisor pues nuestro entendimiento resulta “hechizado” en este proceso, perdiéndose gran parte del ser comunicado inicialmente por el hablante. Curiosamente, también las palabras de Wittgenstein, aunque estén escritas en sus Investigaciones Filosóficas, ahora son mías y, en el instante que las comparto con usted, son suyas para entender algo completamente distinto a lo que él pensó, o quizá algo similar en el mejor de los casos…parafraseando a Gadamer, decía que traducir es traicionar. De este modo, se entiende Biblia no solo es el libro mas traducido, sino también el más malinterpretado de incontables maneras, todas alejadas de lo que algún día quiso relatarse en estos papiros provenientes del borde del Nilo, como también Hermes fue malinterpretado, aunque él astutamente planeó que sucediera así. “Son estos los juegos del lenguaje”, diría Wittgenstein, o diría yo apropiándome de su teoría y de su nombre en mi discurso. Lastimosamente para Hermes, su padre (Zeus) bien sabía la verdad, distinto a lo que hoy nos sucede con la Biblia.

La ironía del lenguaje es que no entendamos lo que se nos quería decir, ni siquiera lo que se nos dijo, pero aquí mismo está nuestra capacidad de comprender. El lenguaje, estructuralmente, puede entenderse como “cualquier tipo de código semiótico estructurado, para el que existe un contexto de uso y ciertos principios combinatorios formales.”[[1]¨] Así pues, al señalar un contexto de uso, estaríamos refiriéndonos explícitamente a la praxis del lenguaje, es decir, al “acto comunicativo”. Jürgen Habermas profundiza significativamente este concepto en la Teoría de la Acción Comunicativa, dónde lo plantea como “la interacción de al menos dos sujetos capaces de lenguaje y de acción que (ya sea por medios verbales o con medios extra-verbales) entablan una relación interpersonal.”[[2]] De este modo, no solo me apropio del ser que el otro me expresa en sus palabras, sino también en sus gestos y en todo acto que me comunique algo, del mismo modo que yo me apropio de la teoría comunicativa de Habermas aun cuando desconozco su historia personal. Aunque conozca sus teorías políticas, usted lector seguramente las desconoce, así que sencillamente, para usted, estas no existen y se sorprenda cuando le diga que él es disglósico.

¿A qué viene esto? Es la muestra fehaciente de que pensamos en términos de lenguaje y que este nos transforma. Que posteriormente compartimos nuestro conocimiento en la comunicación y somos en este lenguaje, que finalmente pasa a ser el ser del otro. Heidegger acertadamente afirmaba que “El lenguaje es la casa del ser” y no solo es su casa, sino que es su transporte: es esta la habilidad y astucia de Hermes, quizá es por esto que muchos ponen alas en su casco, pues representa la maestría que debe tenerse en el pensamiento para poder hablar congruentemente con este y, también puede ser este el motivo por el que otros tantos pongan alas en sus sandalias, por la delicadeza en el vuelo hasta el receptor, pero a partir de ese momento el receptor es libre de hacer lo que desee con el paquete que recibió de las manos de nuestro mensajero celestial.

Visto desde la dialéctica hegeliana, cada elemento de la realidad, incluido el lenguaje del otro, impacta mi ser y lo transforma, así que este se encuentra en un eterno devenir dialéctico, y en su cambio, transforma mi pensamiento y mi realidad junto con mi lenguaje y aquello que comunico. Dicho de otro modo, cualquier estímulo que percibamos de la realidad nos transforma, sea un auto que viene en nuestra dirección, el carné que no encontré para entrar a la universidad y que me haya tocado buscar algún comprobante para acceder, el hecho de que el joven siga profundo en la esquina de este recinto o incluso que ya se haya ido pues estas experiencias transforman nuestro ser y a cada instante toma nuevas formas y profundidades, incluso cuando lo comunicamos y cuando se ve impactado por el lenguaje del otro y su ser, pues el apropiarse de este ser es lo que nos permite comprender a los demás.

Ahora bien, en el acto comunicativo, al apropiarme del ser del otro, yo no soy una tabula rasa como Locke propuso. Cada ser interpreta la realidad partiendo de su subjetividad y no aprehende la realidad tal cual esta es, pues solo logra percibir una parte de esta y esta pequeña porción que percibe pasa por el filtro de su consciencia y posteriormente es interpretada de manera subjetiva como un fenómeno, siendo esta la magia de la Fenomenología de Husserl: como no se percibe completamente la realidad ni todo aquello que nos comunican, ni siquiera todo lo que nos dicen ni las intenciones del hablante (pues estas son la nada), Hermes viene del otro con un fragmento de su ser (“fenómeno”), pero en el camino hasta nosotros, se pierde parte del mismo; posteriormente, el mensaje ya cortado que se convierte en mío en el proceso de interpretación subjetiva debido a que no comprendo exactamente lo que quería comunicárseme, sino tan solo aquello que percibo desde mi subjetividad: una mala interpretación de el mensaje cortado de un ser que no se muestra por completo, pero es, de manera incompleta y manipulada, como aprehendemos el ser del otro, nos apropiamos de él y comprendemos más o menos lo que quiso decirnos.

Por lo tanto, al igual que sucede en el arte (que es una expresión, un lenguaje comunicado en sí mismo), realmente no existen géneros, sino múltiples expresiones, realidades y una infinidad de interpretaciones de las mismas, sea que se logren desde su contexto histórico, desde la historia personal del artista o desde algún otro ámbito, pues llega a nosotros a modo de fenómeno que interpretamos subjetivamente. Así, la expresión de un artista está en su obra, pero el arte está en la interpretación y comprensión de la obra; Hermes es mensajero y el artista solo expresa su ser a su manera, pero es quien lee y comprende tergiversadamente ese ser quién le da el calificativo de Arte, de bello o de aversivo, de modo que el Arte no existe, ni los artistas realmente existen por sí mismos, solo existen las múltiples interpretaciones de un mismo fenómeno y es en esta donde se da el arte y se califica como hermoso o como el “mayor pegote que he visto”, como acertado o equivocado lo que nos dice el profesor en la medida que su lenguaje nos impacta y nos apropiamos del ser que habita sus palabras o incluso cuando decido no prestar atención porque la clase únicamente vale 2 créditos.

Resta únicamente hacer que esta parte de mí sea suya, lector. Que Hermes lleve este pequeño texto, un collage de teorías lingüísticas y comunicativas que hacen parte de mi, con tantos nombres y postulados en los que baso mi pensamiento que compone cada palabra que sale de mi boca para que deje de ser mía y yo me adueño de mi silencio. Pudiendo elegir cuales serán las últimas palabras que compartiré hoy, que valga repetir la introducción a este texto ya habiendo explicado cada una de sus partes, pero no como palabras mías, sino como cita de lo que fui algún día, siendo diferente a como soy ahora; dije en aquel entonces: “El lenguaje… ¿Qué es el lenguaje? A veces pareciera una vil sátira de tantos poemas, de tantas maravillas; las palabras de los pequeños humanos se quedan en nada frente a las más bellas prosas, los más complejos epítetos, la historia relatada en verso y el ser del poeta, que deja de ser suyo (de él) en su palabra y pasa a tener otro dueño, que no es más que otra persona, usted o yo, o quizá aquel joven dormido en la esquina, el todo y la nada de la interpretación subjetiva de la subjetividad. El hermoso arte de no entender.”

Finalmente, cito a Homero en su oda a Hermes que mueve mi ser entre usted y yo: “¡Salve, Hermes, dispensador de alegría, mensajero, dador de bienes! “ Dador de ser… malinterprétese, así, cuanto sea posible aquello que dije y entiéndase  por favor (ojalá) mi ser en estas palabras. Le regalo al lector la posibilidad de interpretar mis palabras y mi silencio, pues aquello que no digo me pertenece, pero todo cuanto el silencio comunica, será suyo, lector, pues hasta el silencio comunica y las mentiras hablan igualmente del ser, de cómo él decide expresarse en mentiras que todos creen y verdades que ninguno escucha mientras se espera lo mejor de este dudoso y frágil proceso…Es este el hermoso Arte de no entender.

Y ahora que vuelvo a leerlo, falta decir que no estoy de acuerdo.




[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Lenguaje.
[2] HABERMAS, Jürgen. Teoría de la Acción Comunicativa, I pág. 124

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[Escrito: miércoles 18/05/2011]

*Nota: Este es uno de los textos medio serios más viejitos que tengo y bueno, aun hay mucho que corregirle entre los conceptos, la citación y muchas otras cosas... pero es uno de esos textos que recuerdo con mucho cariño así como es, sin más ni menos. Fue un ensayo que escribí para Procesos Psicológicos Básicos III, en tercer semestre, porque nos pidieron un ensayo sobre el Lenguaje y el Pensamiento como procesos mentales, de modo que me puse a leer de neuro y este fue el texto que salió; no quise escribir de otra cosa o de otra forma.  

Uno esperaría que me hubiera sacado un 1.0, pero no, me saqué un 4.8 por un ensayo de filosofía en el lugar equivocado, siendo el 0.2 que me rebajaron justamente por no citar bien. Admito que ese día me sentí profundamente feliz porque el profesor me felicitó y me dijo que era un muy buen ensayo a pesar de tener otro enfoque al que había pedido y que por eso lo reconocía como válido, aun cuando no toqué el tema de Pensamiento.