sábado, 22 de febrero de 2014

Aferrarse al viento

Intentar aferrarse al tiempo – escribe para sí –  parece una empresa saludable
hasta que ves lo que queda en tus manos  tras aruñar con fuerza momentos infinitos,
de esos que sólo duran un suspiro.

Esa es la definición de la Nada – se burla de Sartre –,
es lo que queda en tus manos al intentarlo, al sufrirlo:
ellas vacías y un vacío en el pecho.
Sopla el viento frío y duelen las yemas de los dedos.
Sobreviene el recuerdo, esa es la nada, lo que no es ni será,
aquello que no es ni posibilidad. Nihil.
La nada es la soledad de recordar su compañía que no volverá.

*Suspira con desdén* 

El viento nunca es demasiado frío, lo helado es el alma que es desgarrada en su propio dolor.
 El viento solo le recuerda cómo no se siente el calor.

*Interrumpe la escritura y dice para sí:*

 – Cuando estás feliz el viento es una caricia incluso con un frío tal para que de tu boca emerja vapor.
¿Acaso están ya marchitos los labios que recitaron “poesías” en los sueños de mis tejados?
Esas cosas que ella escribía en-sueños de girasoles,
de miradas que no fueron, de amores empapados,
en esa blusa blanca con tus senos mojados,
de ese beso que ambos nos negamos.


El recuerdo no se tiñe por el viento o por la compañía,
como la tinta no hace un significado,
sino por los matices de la soledad
esperando ausente a que llegue una tempestad.


*Y así, tiritando y solitario, concluye su trazo:*

“Ni siquiera al viento de aquel entonces me logré aferrar.”

[Escrito: Lunes 06/08/2012]

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