–¡ Amigui !, ¿te conté
que dejé de ir a dónde mi psicólogo?
–No sabía. ¿Y a qué se debe eso?
– ¡Se debe a que él es un imbécil! ¡Tras diez meses de
terapia, el muy mal nacido se atrevió a decirme que yo soy desesperante! ¿Puedes
creerlo? Ojalá un día de estos le quiten la licencia, se lo tiene merecido por grosero y por estúpido.
¿Uno dónde o con quién puede poner una queja? Deberías apoyarme con esto.
– Tranquila Sara. ¿Cuál es su teléfono?
– Es XXX-XX-XX. ¿Le vas a decir a ese imbécil que es un sinvergüenza por lo que me hizo?
– No; le diré que estoy de acuerdo con él.
[Escrito: lunes 30/06/2014]

No hay comentarios.:
Publicar un comentario