domingo, 29 de marzo de 2015

Manifiesto obsesivo

Hablaré por mí: Si, ya era hora de resolver esta mierda. Hice lo que tenía que hacer y espero prontamente moverme de acá… a dónde sea, de algún modo, del que sea, pero moverme.

Me rehúso a seguir es(x)tático en la duda, me rehúso a seguir esperando mi felicidad y sospechando del cariño. Declino frente a ese mundo lejano del mañana: estoy vivo hoy, no voy a esperar más para sentirme feliz, para sentirme amado, acogido y deseado. Rechazo vaciar mis ojos y matar mis letras por una esperanza que se está extinguiendo desde que nació.

Me han crecido raíces. Mis pies han llegado a pensar, en sus pliegues, que son las raíces de un árbol; he acabado fijado a este piso, he terminado con mi movimiento, he mutilado mi acontecer. Mi boca se resecó a tal punto que se volvió el hogar de algún roedor que escapaba de su invierno, de la tempestad que es vivir. Mi boca dejó de desear, se comenzó a podrir. Mis dedos se quedaron quietos como ramas tostadas al sol, se me acabaron las letras, se calle(a)ron mis hojas, se agotó mi corazón.

¡Basta ya! ¡Basta de esperar! Corté mi pelo, podé aquellas ramas excesivas que me impedían mirar hacia alguna dirección; el narcisismo ocupa mucho espacio para decir muy poco. Corté mis raíces con brutalidad… no iban a dejar de apresar este suelo infértil y árido si las trato con caricias; me di cuenta que este suelo tampoco se va a mover.

¿Y ahora qué? Por fin tengo respuesta con tres meses pensando la obviedad: y ahora a moverme; a salir de este mierdero, a vivir con arrebato, a buscar sentirme feliz cuando mire a los ojos de quién me acompañe en este caminar, a sentirme abrazado cuando me mire al espejo, a desear con pasión, a amar con locura, a acoger con ternura, a escuchar con paciencia, a compañar con sensatez, a besar con suavidad. No tengo nada más qué forzar en el mundo, ya no me nace empujar ni convencer, ya no me voy a contener.

Me tiene sin dolor si vienen conmigo o si mis notas quedarán para los gusanos, como mi cuerpo… en ese sentido, mis letras y yo somos igual de humanos. Me identifico con el muriente, por eso tengo algo de qué disfrutar. Estoy deseoso de compañía, abierto el cariño y a la diferencia, pero continuaré mi movimiento sin esperar a alguien, a vos o a cualquiera, ni a nadie.

Si alguien se hará vital en mi caminar será por su compañía, no porque me lo pida, ni porque lo reclame, ni porque se parezca. El día que creemos y creamos en un camino compartido sabrás que sos vital en mí caminar, Agenciamiento. Esta es mi nueva condición de selección, de especialidad.

Soy la Voluntad de Crear. Tengo mil cuentos que contar y un millón más por encarnar.



[Escrito: sábado 28 y domingo 29/03/2015]

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