Hace algunos días alguien me preguntó: "¿Jose, uno cómo des-idealiza a alguien?"
Yo le respondí que tampoco sabía, pues no es que exista una receta para eso –aunque las abuelitas decían que para eso sirve imaginarse a la persona en cuestión cagando–, pero que a mí me ha servido intentar ver las cosas y a los otros más por lo que son y menos por lo que uno quiere que sean, sin esperar tanto de ellos.
Uno mismo sostiene los ideales, con esfuerzo y sufrimiento, allá arriba, donde están. El castigo de Atlas es, en verdad, insoportable.
–¡Parce, se va a caer el cielo!
–¡Pues que se caiga ese hijueputa! Yo no lo voy a sostener.
[Escrito: lunes 30/03/2015]

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