martes, 24 de noviembre de 2015

Sonrío

Siempre ha sido difícil hallar las palabras adecuadas para decir y, sin embargo, se dice. Las palabras precisas me eluden o no existen… opto por la segunda, elijo hablar descuidadamente, como un acto fallido; elijo expresar por accidente: se dice porque hay qué decir.

Siempre será complicado dar con las palabras precisas
para decir,
para decir lo que no necesita decirse,
lo que no hay necesidad de decir,
lo que está bien sin ser dicho,
lo que siento con sencillez y que a veces,
 –malditas veces–
intento adornar entre mis letras,
con los desfases de mis relatos…
lo reduzco y lo engrandezco
sólo con la esperanza
de sentirme más en control de mi frenés;
pero hoy es tan sencillo que hoy no hay necesidad,
hoy no parece haber vanidad,
no me siento envuelto más que en la humildad
de sentir esta tranquilidad,
de decir solamente la obviedad.

Disfruto de tu compañía,
sonrío si estás por ahí,
por aquí. Por aquí.

Sonrío si te escucho cantar,
me alegro si te veo pasar,
si me topo contigo
cuando no queda más qué andar
aunque no vengas conmigo,
aunque no vayas en mi camino,
me alegra verte saludar,
te observo al detalle en tu despido,
disimulo como puedo mi suspiro
que sin duda tú has de notar.
Lo que digo, sin duda, es que sonrío.

Hoy estoy más sencillo y sensato que otras noches, menos radical, menos melancólico, menos maníaco, menos nostálgico, menos helado, menos calado. La sobriedad de alma me acompaña.


No sé si me gustás, no sé si esto pueda ser algo que llame o se llame gusto, o que vos podás considerar así… Es algo muchísimo más sencillo, definitivamente menos complejo y comprometedor:

Me alegro cuando estás,
me embeleso cuando te emocionás,
cerrás tus ojos y cantás
sin errar la nota, sin sacrificar un compás,
y sin sospecharlo, me apasionás.

Y cuando sin temor narrás
esas tonterías que te hacen tan vivaz,
esos detalles por los que te encantás,
por los que me encantás,
yo aparto la mirada por pura vergüenza
para que no me leás.

Te veo cuando  por allá estás,
por ahí caminando o hablando con alguien más,
me gusta estar pendiente
para recordarte,
por si te vas.


A vos te abrazo por gusto cuando me despido… a ratos sospecho que sólo busco una excusa para hacerlo, pero qué se yo. Resulta que me interesa lo que opines de mí y, aparentemente, lo que tengas que decir sobre casi cualquier cosa. Para colmo, y como sos observadora, supongo que te habrás dado cuenta de lo mucho que me cuesta decirte que no.

No sé si eso es gusto, pero si sé que disfruto muchísimo compartir con vos
aunque sean tres miserables palabras,
veinte minutos en un carro,
una mirada y media en el parque,
un saludo y una despedida en lo fugaz de esta vida…
bastan para mí,
son suficientes para sentirme feliz hasta que me vaya a dormir.
Y vengo a casa a escribirte cosas que no leerás,
a pensar en tantas maniobras que no actuaré,
a reprocharme por no haber sonreído más,
por no haberte detallado más y más cuando estabas ahí,
para memorizarte, para hacerte real,
para poder recordar tu voz e irme a dormir tibio,
para no esperar ansioso volver a verte,
volver a escucharte para detallarte de nuevo
para sorprenderme cada vez que te veo
para alegrarme de lo que sos.

Me siento feliz, muy feliz de haberte visto hoy.
No quiero pensar en lo que pensás vos de mí…
otro día será.

Esta vez quiero, solamente, aceptar la sencillez de mi sentir:
entender que seguiré emocionándome cuando estés,
sonriendo cuando no me mirés,
escuchándote atónito cuando cantés,
atento y disimulado cuando hablés,
mirándote cuando no lo notés
 –aunque también cuando lo notés–,
escribiéndote estupideces y obviedades,
cada que por mi vida te pasés.
Me alegra mucho que estés.


Gracias por eso.
Es lindo,
te juro que es lindo ver una lucesita
aunque sea una fugaz y chiquitita,
antes de irme a dormir.

Ojalá cuentes también con alguna luz para los días oscuros.
Te deseo una feliz noche.




[Escrito: viernes 13/11/2015, transcrito y corregido domingo 15/11/2015]

Notas:
*Nota 1: Asumirse cuesta, ¿no? Bueno, hoy me tocó a mí.

*Nota 2: Un ancla es un ancla, aun con lo frívolo que es pensarlo, aun con lo hermoso y doloroso que pueda ser sentirlo. Un punto medio en-la-distancia-de la vincularidad, de la relación, se construye con muchos trazos y no sólo con un dibujo hecho a precisión. Puedo divagar en paz, ir y venir sin mesura, lanzar lineas tanto como quiera y tanto como necesite, tanto como haga falta para terminar de hacer esta silueta por fin.

Con un ancla puedo descansar finalmente de mi búsqueda afanosa, desenfrenada, agotadora. Puedo centrarme por un tiempo en mis asuntos, cerrar los ojos de noche y dormir tranquilo, escuchar el silencio con serenidad en mi alma, escribir con lentitud dibujando cada letra con ternura y paciencia. No es una alternativa elegante, pero es la que tengo para afrontar esta época; aun tengo asuntos que dejar pasar antes de seguir con mi vida y diciembre siempre despertará mi cariño con enorme intensidad.

Tendría problemas si llegase el día que ella no voltee la cara al despedirnos, ese día de verdad yo no sabría qué hacer. Estaría encantado y encartado en semejante encrucijada, cesaría mi producción de lineas y de constancia relacional (objetal), tendría que salir de la indeterminación de golpe, por respeto y por cariño. No puedo negar que es mi deseo, pero también mi mayor temor, mi pesadilla. No puedo costear una fractura así una vez más y mucho menos ahora, de ahí lo preciso de mi elección: ella es justo quien puede ayudarme a ser en este momento, en su distancia, en la diferencia, en lo que me atrae y me encanta, en lo que me disgusta y me desencanta y no cesa de aparecer para recordármelo; un milímetro más o uno menos serían dañinos para mí en este momento de mi vida. Sé bien que aquí hay una resolución, sé bien que la tendré que callar y esperar lo mejor. Tengo a mi favor que no sospechan lo calculador que soy, como también me favorece lo descuidado que soy. Aun me extraña que eso pueda combinar en mí jajajaja.

Cuento con la bienaventuranza de la disparidad y el desencuentro que me iluminan más que nunca en lo delicado de este proceder. Cerrar la puerta dos veces parece ser mi firma hoy también. Cada linea puede parecer una exageración, pero es un personaje en sí mismo: encarnan un concepto a cabalidad, ese y no otro pues su devenir se dibuja con su encuentro con otras lineas; por eso la fuerza y lo implacable de mi escribir, por eso la potente violencia de mi pensar.

Dicho eso, la Francesita de Leiva encaja a la perfección, mucho más de lo que podría imaginar jajaja. Por lo menos hasta el final de diciembre tendrá que ser así. 

No conocerás mi jardín; ese tour es para una mujer, no para un ancla.

Cerrar, cerrar, cerrar.
Quiero terminar de cerrar este año en lo referente a asuntos amorosos, ya es tiempo de terminar de crecer aquí; para navidad tendré que asumirme. 

Ojalá quede la amistad, por lo menos me divierto bastante.

Esto de producir mis "síntomas", aun con lo que hay que mancillar a esa palabra, es un trabajo divertido: es una cuestión de arquitectura, diseño, balance y letras; aun cuando sólo yo pueda reconocer la belleza y la precisión de estos movimientos.

[jueves 19/11/2015]

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