jueves, 10 de diciembre de 2015

Para hacerle frente

Grito desesperado
Por: Aless Cruz
Tomado de: 

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He estado teniendo experiencias más bien agridulces por esta época. Las animosidades y las magnitudes emotivas de las personas, sean para el festejo o la discordia, se ven multiplicadas a la luz de la navidad, y más aun en la sombra de lo incierto del futuro que se esgrime amenazante, anunciando una muerte ojalá señalada antes de tiempo, o quizá pronosticada con precisión. No ha habido siquiera tiempo de preguntarnos si aun vale la pena armar el arbolito este año; punto a favor de la pereza y en contra de la tradición. Lo comparto porque lo quiero gritar.

Algo se aprende de todo esto, algo se saca de todo. Entre las cosas a rescatar del silencio está lo oportuno de escuchar a una persona desesperada, de regalarle un espacio para hablar y así poder darle forma a su desesperación; pero también está el saber escuchar: no tomárselo personal, aprender a perdonar, a acoger, a cuidar, a cooperar. Entre más grande sea el mierdero que se arme, más difícil es lograr escuchar y acoger al otro… pero también se puede ganar más en la cooperación aunque sea una provisional, temporal y motivada en la urgencia que nos haya convocado a rabiar en primer lugar.

¿Y por qué habría uno de acoger al otro? A excepción de muy contados casos (entiéndase “física e irremediable hijueputez”), lo más seguro es que el otro también esté intentando buscar la mejor alternativa para resolver el problema en cuestión, pero una persona angustiada, desesperada, estresada, frustrada y asustada jamás contará con las mejores palabras y estrategias para compartir sus ideas y perspectivas. Esto significa, generalmente, que el otro también está dando lo mejor que puede a pesar de lo difícil de entender o lo incómoda que sea la forma en que lo hace; y aunque uno no alcance a verlo, actuar de esta manera con seguridad representa un esfuerzo enorme para esa persona, cosa que se puede leer no sólo en la potencia que le imprime, sino también en lo enredado y lo conflictivo de las situaciones que su accionar genera. Así, acoger y abrazar a quién parece el enemigo es poder contar con un nuevo aliado, es hacerse con una nueva perspectiva que ayude a pensar, a refrescar la mente, a entender, a dar alguna alternativa al conflicto, la confusión y la impotencia que nos desbordan incesantemente, que nos abruman ante la dificultad. Si se quiere, es un asunto de privilegiar –antes que el orgullo– la practicidad.

A bien y a mal cuidar del otro también es cuidar de uno mismo, es ventajoso amistar con la otredad. Como humanos no tenemos más opción que crear desde el desencuentro y la diferencia para hacerle frente a la vida y a la muerte, a lo imposible de lo ideal y lo insoportable de existir… o por lo menos yo elijo creer, agenciar y hacerle frente a la desesperación y a lo agridulce de este intenso cavilar.



[Escrito: (09)10/12/2015, 12:00 a 2:30am]

*El otro siempre se erigirá como otro y nunca como objeto de deseo total, puesto que no suele ser condición absoluta de la existencia del deseo más que en el fetiche. Esto implica que el otro jamás será el mejor aliado , ni el amigo o la pareja ideales... pero así como es vale la pena y, además, es lo que hay.  Deal with it, somos humanos y nada más. No nos queda sino renunciar a la totalidad hipotética, a lo imposible de la satisfacción, para poder vivir con algo de felicidad, para hacerle frente a la desesperación y la disparidad.

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