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| Grito desesperado Por: Aless Cruz Tomado de: http://www.fotocommunity.es/pc/pc/display/17245188 |
Algo se aprende de todo esto, algo se saca de todo. Entre
las cosas a rescatar del silencio está lo oportuno de escuchar a una persona
desesperada, de regalarle un espacio para hablar y así poder darle forma a su
desesperación; pero también está el saber escuchar: no tomárselo personal,
aprender a perdonar, a acoger, a cuidar, a cooperar. Entre más grande sea el
mierdero que se arme, más difícil es lograr escuchar y acoger al otro… pero
también se puede ganar más en la cooperación aunque sea una provisional,
temporal y motivada en la urgencia que nos haya convocado a rabiar en primer
lugar.
¿Y por qué habría uno de acoger al otro? A excepción de
muy contados casos (entiéndase “física e
irremediable hijueputez”), lo más seguro es que el otro también esté
intentando buscar la mejor alternativa para resolver el problema en cuestión,
pero una persona angustiada, desesperada, estresada, frustrada y asustada jamás
contará con las mejores palabras y estrategias para compartir sus ideas y
perspectivas. Esto significa, generalmente, que el otro también está dando lo
mejor que puede a pesar de lo difícil de entender o lo incómoda que sea la
forma en que lo hace; y aunque uno no alcance a verlo, actuar de esta manera
con seguridad representa un esfuerzo enorme para esa persona, cosa que se puede
leer no sólo en la potencia que le imprime, sino también en lo enredado y lo
conflictivo de las situaciones que su accionar genera. Así, acoger y abrazar a
quién parece el enemigo es poder contar con un nuevo aliado, es hacerse con una
nueva perspectiva que ayude a pensar, a refrescar la mente, a entender, a dar
alguna alternativa al conflicto, la confusión y la impotencia que nos desbordan
incesantemente, que nos abruman ante la dificultad. Si se quiere, es un asunto
de privilegiar –antes que el orgullo– la practicidad.
[Escrito: (09)10/12/2015, 12:00 a 2:30am]
*El otro siempre se erigirá como otro y nunca como objeto de deseo total, puesto que no suele ser condición absoluta de la existencia del deseo más que en el fetiche. Esto implica que el otro jamás será el mejor aliado , ni el amigo o la pareja ideales... pero así como es vale la pena y, además, es lo que hay. Deal with it, somos humanos y nada más. No nos queda sino renunciar a la totalidad hipotética, a lo imposible de la satisfacción, para poder vivir con algo de felicidad, para hacerle frente a la desesperación y la disparidad.

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