viernes, 30 de enero de 2015

ψυχή – Psuché

Nota: "ψυχή – Psuché" es la compilación de textos académicos en un volumen físico y virtual que me sirvió para hacer cierre del pregrado en Psicología y de las prácticas. Fue terminado e impreso el lunes 2/11/2014 y presentado el viernes 14/11/2014. La introducción y el cierre son los relatos que acompañan a los textos que compilé, que son: 
  1. La güevonada del psicólogo, o De la psicopatología a una ética de las pasiones
  2. Psicoterapia, terapéuticas del alma y mutuo cuidado de sí
  3. Las disciplinas Psi (Ψ)

Dichos textos también se encuentran en el Blog y tienen la etiqueta de "ψυχή – Psuché".


Introducción*

Mis tiempos subjetivos, los tiempos del modo en que vivo mi vida, tienen mucho efecto en mi existencia. Desde tercero de primaria, estos tiempos quedaron configurados por semestre, de manera que yo me ocupaba de hacer las reflexiones respectivas para evaluar, criticar y corregir, con esos términos. Gracias al paso del tiempo, he podido cambiar esas palabras y hacerme menos duro conmigo mismo.

Hace aproximadamente año y medio me encontraba bastante nervioso por el momento de mi formación académica que me encontraba próximo a iniciar: las prácticas. En ese momento yo ancaba cerrando el lapso de tiempo que había dispuesto para leer acerca de humanismo y psicoanálisis, pero el segundo aun no lo he podido cerrar.

Como para mí es más sencillo discurrir en la teoría, comencé por cuestionar desde lo teórico la praxis psicológica, sin dejar de tener en cuenta que la teoría nunca podrá abordar cabalmente lo que experimentamos en la vida. Así, me valí de mis pequeñas conversaciones con otras personas, y de mis experiencias como consultante para nutrir mis primeras reflexiones al respecto.

De este esfuerzo de lectura nacen dos textos, ambos con mucho por pulir. Ambos se gestan a partir de una tempestad emocional: una inmensa rabia con quién era mi terapeuta en ese momento y la urgencia de escribir algo que sentía atascado hacía tiempo; de modo que con ellos abandono ese espacio terapéutico y rabié por varios meses en contra de él.

Fue una gran oportunidad para escribirle a mi terapeuta que lo consideraba un güevón y cuestionar sus prácticas. Finalmente nunca se lo dije porque había dejado de asistir cuando hice el segundo.

Dos meses después, comencé mis primeras prácticas y la había emprendido en contra de la negación, es decir, la capacidad de hacerse el güevón voluntariamente frente a algo. La veía patentemente en las asesorías que realizaba en el colegio donde practiqué, cuando me comenzó a parecer sospechosa mi actitud ante ella. Ahí me di cuenta que yo mismo estaba negándome a afrontar la disparidad que había vivido en mi terapia.

Con el tiempo, de la lectura y las experiencias, entendí que yo fui demandando psicoterapia y él, en cambio, me ofreció un análisis de sesión corta frente al cual yo protesté, pero él insistió. Ahora lo respeto, pero ambos estábamos fuera de lugar… yo más que él, ciertamente.

 El reconocer esto, sin embargo, y tomar un paso por mi propio camino fue un enorme movimiento a mi parecer, de la manera que el título mismo lo expresa al ser la vía del transcurrir entre rabiar contra él a hacerme responsable de mis pasiones, es decir, pasé de culpar al otro a cuestionarme y moverme hacia una postura ética. Aquí nace La güevonada del psicólogo, o De la psicopatología a una ética de las pasiones, por eso tiene dos títulos, porque representa exactamente ese paso.

A partir de esto, al no estar centrado en exterminar la negación sino que pude considerarla como algo necesario para el psiquismo humano, entonces me centré en la pregunta por lo terapéutico… Era para mí sorprendente que las chicas que asistían a asesoría salieran más tranquilas, más tristes, más rabiosas, más felices o agitadas sólo por unas pocas palabras que yo pudiera decirles. Ese semestre, hice los cierres como pude.

Durante las experiencias terapéuticas del segundo semestre de prácticas me encontré con un cambio enorme en mi posición como terapeuta; definitivamente ya había pasado un semestre. En este caso, buena parte de las chicas que me pidieron asesorías eran desesperantes, y me enfrenté a la dificultad de enfrentar sus ires y venires como pacientes, lo salvaje de la transferencia de algunas y todas las acciones histéricas que por algún motivo no me llegaron en el primer semestre de prácticas allá, en el mismo colegio de chicas.




Confieso que atendí mucho menos de lo que debía porque no soportaba a la gran mayoría de esas chicas, así que me dediqué a otros asuntos más grupales, en que podía disimular mi inactividad y tedio. Al paso de un mes, sin embargo, varias de estas mismas chicas me buscan quejándose porque no las he atendido y terminan por contarme lo grandes que se han vuelto sus situaciones, así que al sentir tal demanda cedo para atenderlas…. Y ya había algo distinto.

Una vez más disfruté de las asesorías individuales, porque entendí que mi función como terapeuta también consistía en ser paciente con mis pacienticas, como dice Lacan, el que es realmente paciente es el analista.

Fui honesto con ellas cuando me preguntaron por qué no las había atendido… a varias de ellas les dije que mi motivo era que no las soportaba, pero que en ese momento si las podía soportar. Una de ellas, una chica de 6° que aun recuerdo bien, me respondió que ella tampoco soportaba mucho a la gente, pero que yo le parecía muy soportable porque hablaba con una voz que la calmaba… y ahí entendí que tanto yo tengo que soportarlas a ellas, con sus síntomas, ocurrencias y repeticiones, como ellas tienen que soportarme a mí, con mis propios ires y venires, y en eso consiste el contrato de la terapéutica, en soportarse mutuamente para dar soporte a un proceso terapéutico.

La asesoría inmediatamente siguiente era una chica gritona, cansona, excesivamente demandante… y cuando comenzó con el teatro habitual, la frené en seco. Recuerdo haberle dicho que gustosamente yo la acompañaba y apoyaba en su proceso, pero que no estaba dispuesto a soportar el escándalo que había montado en las dos ocasiones anteriores y ahí, en un arranque de sinceridad, le dije “yo te ofrezco mi cuidado en este espacio, pero sólo si estás dispuesta a cuidar de este espacio y de mí mientras estés acá”. Ahí comenzó la terapéutica, resultó que su asunto era con el cuidado (¿"pre-neurosis"? Etiqueta).

De estos eventos nace Psicoterapia, terapéuticas del alma y mutuo cuidado de sí, como un vómito de las conclusiones de lo que andaba leyendo por esos días y una condensación de lo terrible que fue aguantarse a esas chicas hasta ese momento. Igual tuve que soportarlas el resto del semestre y por nada del mundo trabajaría ahí de nuevo, pero fue más amable para mí.

Finalmente, Las disciplinas Psi (Ψ) no conforma un texto en cuanto tal. Su forma original es un mapa conceptual que habitaba en mi tablero. Al iniciar el pregrado de Psicología nació en mí esa duda de las diferencias entre la psicología, la psicoterapia, el psicoanálisis, y la psiquiatría (incluyendo a la antipsiquiatría) y realmente nunca me interesó resolverla hasta que comencé a diferenciar las terapéuticas de la psicología. En esa situación no podía entender qué era el psicoanálisis, y esa ha sido una de las tres cuestiones que me han ocupado este semestre junto con la psicosis y el suicidio de Sergio.

En el espacio terapéutico/analítico que emprendí a principios de este año, a plena conciencia de lo que demandaba, he podido abordar esta distinción y elaborarla con claridad con la ayuda de Santiago, que desde su condición de sujeto posibilita un espacio para conversar de los asuntos conceptuales que también me angustian.

Quizá el evento que motivó en mí resolver operativamente la distinción entre estas disciplinas fue disputa que ocurrió a finales de septiembre del presente año en la fundación donde estoy practicando, disputa que se da por un desacuerdo en un diagnóstico y que llevó a respuestas bastante sugerente por parte de los directivos, que consideraron mi despido.

Cuestioné muchísimo lo que ellos esperaban de un psicólogo allá y lo que en general la sociedad espera de un psicólogo… un psicólogo no puede cambiar mágicamente los pensamientos de alguien, como tampoco un psicólogo o un terapeuta pueden salvar a un suicida, cuando mucho pueden ayudar a que un “loco” aprenda a cuidar de sí.

Con esta discusión, que fue harto incómoda y angustiante para mí, decidí emprender de lleno esta distinción para aclarar qué función quería tener en la sociedad en un futuro cercano, cuando me graduara de psicología. Y así, con unas pocas palabras de Santiago, mi terapeuta/analista logré dar con la piedra angular de esta diferenciación.

Confieso que esta postura que él maneja en su análisis me es razonadorable (razonable y adorable) y, decidí continuar formándome en varias áreas del saber, profundizar en la psicología, pero continuar con la filosofía e incursionar en serio en el psicoanálisis. No creo que se pueda ser terapeuta sin ser filósofo, a menos de que se pretenda adaptar al otro.

Aun no sé si quiero ser psicoanalista, pero si sé más o menos cual es la posición que quiero tener como terapeuta y eso me alegra enormemente porque constituye propiamente el cierre de mis prácticas y del pregrado de psicología, mas no de mi vida académica, espacio en el que aun estoy joven, dando mis primeros gateos, aprendiendo a caminar. Así mismo, por primera vez estoy asumiendo una posición ontológica y epistemológica al decidir mi postura terapéutica, lo que me parece encantador porque todo ello significa un gran compromiso en mi vida, algo de solidez en lo maleable y volátil de mis letras.

Cierro esta introducción con gran alegría diciendo, como he dicho últimamente, que me quedan mis letras para puntuar mi existencia, para leerme y releerme, para conversar conmigo y abrazarme cuando me haga falta, como ahora que cierro este texto y cierro la última responsabilidad de las clases del pregrado.

Admito que me siento feliz y tranquilo con lo que he hecho hasta este momento y desde hace 5 años, el día en que llegué acá y conocí a Daniela. He cambiado muchísimo, y ahora me quiero muchísimo más. Me siento sereno aun cuando faltan 15 días para culminar esto, para entregar el trabajo de grado e ir a embriagarme con justo motivo y llorar como lloré el día que salí del colegio: a moco tendido, 4 días seguidos, desbordado, nostálgico, pero feliz y sereno a fin de cuentas.

Soy consciente de que hacer la maestría inmediatamente en la universidad y buscar trabajar ahí como joven investigador tiene mucho que ver con lo duro que es para mí partir de los lugares que aprecio tanto, pero esta vez asumo con gusto mi temor a irme y quiero quedarme más tiempo; aun así es mucho lo que lloraré, pero deseo llorar, me cuesta mucho desbordarme a plena consciencia y me gusta, es una gran oportunidad para quedar liviano de alma un par de años.

Una vez más, me presento: Soy mi nostalgia y mi serenidad, soy un cierre que me cuesta escribir, que me cuesta asumir, y una nueva apertura que aun no ha llegado con concretud.

Tengo miedo a entregar este libro porque sé que en el momento en que lo entregue comenzará el cierre como tal. Hoy me abordan el miedo y la nostalgia, me cuesta mucho dejar a mis amigos y temo disolverme en el olvido, lo temo a morir, como a nada en el mundo. Soy este terror que me atropella sin piedad antes de irme a dormir.

Me gustaría tener otro cierre, uno más alegre, pero acepto que cierro con miedo al futuro, con incertidumbres enormes que entorpecen mi escribir, mi transcurrir… pero no, estas son mis letras y este mi sentir. Quizá al comienzo del nuevo cuaderno, tras terminar todo esto, cuando pueda tener alguna certeza sobre lo que voy a hacer con mi vida el próximo año; quizá entonces mis letras hablen de esperanza y mi voz sea apaciguadora, pero hoy soy este manojo de nostalgias y miedos, estas lágrimas asustadas, aterrorizadas por el transcurso de vivir.



Cierre – Psuché & Pathos**
¿Por qué dejar el título para el final? Este librito es una recopilación de textos, como ya lo había planteado antes, alrededor de lo que he vivido con la praxis psicológica en estos últimos casi dos años. Dos años, porque son preguntas que comenzaron meses antes de iniciar la práctica como tal.

En estas páginas hago una radiografía de mi aliento en estos dos años, una serie de fotografías que pueden ser comparadas la una con la otra y dar la apariencia de movimiento, como un filme en celuloide. El título tan sólo me sirve para expresar con claridad que esta es mi respiración; en últimas, es mi alma puesta en letras, como suelo hacerlo cuando me hace falta o por simple gusto. Me sirve también para conceptualizar mi cierre como practicante, para suspirar y dejar ir las presiones que la práctica y el pregrado conllevan aun sabiendo que otras presiones y tensiones vendrán prontamente… Así, puedo dejar morir con tranquilidad este fragmento de mi vida que duró 5 años y comenzar otro empalmado precisamente con esta palabra, con esta intención.

Si, ψυχή es una palabra griega antigua bien especial, significa aliento. Específicamente, significa ese aliento con el que vivimos y que sale del cuerpo humano cuando morimos, esa larga y profunda última exhalación que escapa del cuerpo cuando cede su vida. Es a esto a lo que denominaron alma o espíritu los griegos, al aliento de vida.

En el devenir fonológico de esta palara, se le fue transformando con el uso hacia otra, cuyo sonido es bien similar y más conocida por nosotros: Psyché (ψυχή), que se escribe exactamente igual pero significa algo distinto. Significa “mariposa”. Sin embargo, ψυχή viene de ψύχω, que significa “respirar”.

La respiración es todo un mundo para mí. La gran mayoría de dados (Heidegger, Vattimo) o de “síntomas” que experiencio son respiratorios; valdría decir que fueron ellos incluso algunos de los más tempranos en mi vida… la asfixia y, años después, la alergia. Gran parte de mis pacificaciones conceptuales y terapéuticas han sido también respiratorias en esta medida, así que la noción de ritmo me ha acompañado toda mi vida, desde la asfixia hasta la tranquilidad, desde la música clásica hasta el metal.

Mi intención haciendo esta compilación, el texto de la introducción y este es justamente esa: respirar, hacer frente a la asfixia, la angustia y la incertidumbre frente a mi futuro por medio de las letras, porque escribiendo puedo respirar con suavidad. Mi intención con este texto es escribir hasta que pueda respirar y fluir con tranquilidad, fluir en perpetuo movimiento en busca de sentido. Prosigo.


Hoy específicamente me enfrento a la angustia y su característica asfixia. Constantemente me siento sólo en este proceso, y siento que mis fuerzas escasean, que el tiempo se agota, que los otros se desvanecen. Son tiempos duros y siento miedo frente al futuro. Si, siento incertidumbre, pero ha valido la pena arriesgarme como sujeto a ser acogido por otros porque soy igual de ser humano que las personas a las que atiendo y que yo mismo acojo como terapeuta, o que los amigos que me cuentan sus dramas y yo los acojo entre mis brazos. Me duele, me asusta, me desborda, lloro y me agoto; y necesito aceptarlo. Hoy he decidido volver a mi condición de humano y la sitúo, de una vez por todas y en acto de clara rebeldía con mis padres, por sobre mi condición de estudiante, de académico. Este es mi cierre, la decisión de aceptarme como humano, como sujeto, y dejarme ser con tranquilidad en el espacio terapéutico y en mi vida social.

Hoy hablé con dos personas a las que pude contarles algo de lo que sentía, un poco de la angustia y la desesperación que hoy estoy viviendo… y me sentí escuchado, me sentí acogido, me sentí abrazado. Ha sido esto lo que me ha dado ese pequeño aliento para poder sobrevenir a mi asfixia, lo que me ha permitido sobrevivir hasta entrada la noche. El dado de hoy es esa gota de pasión sincera que alimenta estos párrafos; ese es mi aliento de vida, esa es la compañía que convoco de un u otro modo cuando el miedo me asecha en la penumbra.

Se trata de una pasión que no puedo conceptualizar por fuera de griego πάθος (Páthos) porque le faltan palabras, porque sólo la siento en mi pecho, en la intensidad con al que escribo con los ojos cerrados, en el vértigo que me habita cuando me descargo en estas letras. Soy el hogar de algún tipo de esperanza, de enamoramiento, de suspiro encantado por las palabras de otro ser humano y por su escucha amable. Soy la añoranza de alguna compañía que haga menos doloroso este vagar errante.


Respiro. Este es mi polo a tierra, las pasiones más dolorosas y las más bellas esperanzas que confluyen en el mismo párrafo, en el mismo suspiro y que recorren la misma carne y desembocan en la misma tinta. La humanidad que me habita es inefable, y necesito recordarla cada vez para nunca olvidar que sigo vivo y que la persona con la que hablo también está viva. Por eso me apasiono por ser escuchado y por escuchar, ese es mi deseo.

Este cierre es la aceptación de que, tras 5 años de estudio, 2 años de pensamiento en la praxis y año y medio de prácticas, sé más, pero sigo siendo igual de humano que antes. Ser psicólogo no me hará infalible en cuanto sujeto y en la medida en que logre conservar eso, mi concepción de sujeto sin mayor o menor estrato que otro, podré ejercer la labor que he elegido por ahora de un modo que me satisfaga; pero más importante aún, podré actuar coherentemente con mi subjetividad, con mi humanidad… podré optar por la felicidad como mi propia postura ética personal. Si, por el contrario, el estudio de psicología sólo me ha hecho más sensible, más profundamente humano, me ha empujado a aceptar cómo me siento, a aceptar lo que aun me cuesta concebir de mi propia existencia y a hablar lo indecible de mi propia histo(e)ria.
  
Acepto que mi pasión es convivir con lo otro, con los otros y con lo demás, sabiendo que es doloroso para mí, sabiendo que es la gran fuente de intranquilidades y de sufrimiento en mi vida, confesando que me asusta, que gozo y reprimo, que ataco, lloro y sonrío, todo en el mismo suspiro.

Reconozco el vértigo cuando miro hacia el abismo que nos separa entre las miradas. Aun con el miedo que tengo, hoy me apasiona saltar al vacío, me desborda este aliento que habita, me emociona esta confianza de que habrá alguien que escuche también lo que yo tengo por decir, lo que adrede escondo entre estas letras embriagadas en una conversación apasionada que bastó para renovar el deseo de cerrar, de emprender un nuevo episodio de este viaje de escasos 23, de dar inicio a un nuevo capítulo tan necesario como el primero, tan vital como me es necesario.

Mi cierre es una reivindicación como sujeto: yo también tengo mis güevonadas y justamente eso es lo que me permite vincularme al otro, desear escucharlo y desear ser escuchado. Me aburre el exceso de mismidad y me encantaría que alguien leyera esto para poder hablar de lo que motiva. Por ahora, mi mayor sueño es una buena conversación… hacer un verso con voz(s).





*Introducción: Escrito la noche del domingo 02/11/2014 y madrugada del lunes 03/11/2014.
**Cierre: Psuché & Pathos: Escrito la noche del sábado 25/10/2014 y la madrugada del domingo 26/10/2014

domingo, 16 de noviembre de 2014

Mis dos problemas con el Feminismo

En general, tengo dos problemas con el feminismo -cosa que no me hace machista-.

El primero es buena parte de las feministas.

El segundo es el nombre: Llamarle feminismo a una perspectiva ideológica, teórica y socio-política que opta por la equidad de género es como cambiarse el nombre a Adolf Hitler y crear, en pleno siglo XXI, un movimiento llamado Nationalsozialismus que abogue por la libertad de culto y por concientizar al público en general de los daños que causa la discriminación étnico/racial. Y que además tenga una esvástica por logo.

Me parece comprensible si usted no está de acuerdo con mi opinión... pero, antes de escribirme una réplica inundada de ira, le pido que por favor haga introspección y, con la mayor de las sinceridades, se pregunte: "¿Será que tengo arena en la vagina?"

De todo corazón, gracias.


[Escrito: domingo 16/11/2014]

domingo, 12 de octubre de 2014

Nota: Cronos

Hace unos días atendí a una persona que clamaba ser Cronos.

Le pregunté quién era Cronos y me dijo que el primer ser humano. Me contó que ha estado desde siempre, desde el principio, y me relató unos breves apartados de su larguísima historia, por ejemplo quién había sido él en su vida pasada, o por qué estaba saltando al rededor de la fundación moviendo los hombros: estaba intentando recordar cómo volar.

Sea diagnosticado como esquizofrénico o no, eso no me da derecho a hablarles de su historia a fondo. La traigo como una anécdota para hacer alusión, brevemente, al reloj de "arena" que me regaló Ana hace unos días.


Es muy interesante porque, en vez de arena, tiene una viruta metálica de un color gris oscuro, casi negro, que cae rápidamente por la forma de mujer raquítica que acompaña a esta arábiga tecnología. Me recuerda al metal oscuro de la hoz que Cronos usó para castrar a su padre, Urano, en la Teogonía de Hesíodo. Lo curioso del caso es que Cronos, la persona que atendí, no cree en esta historia... me decía que esa no era "la de verdad", que eso era sólo mitología; y tiene razón después de todo, es la mitología griega.

Bueno, todo esto es para contarles que me siento castrado por el tiempo. Debo entregar prontamente el trabajo de grado, así que he estado ausente del Blog y estaré ausente cuando menos un mes más.

Espero que cuando vuelva pueda tener más letras para compartir, porque en este momento casi todas ellas están dedicadas a lo urgente. El tiempo se agota, y no quiero esperar otros 6 meses para optar por el título del pregrado. 

¡Saludes!


-Jose David


[Escrito: domingo 12/10/2014]

jueves, 11 de septiembre de 2014

El orden de la vida, el sentido de la existencia

La vida no tiene más orden que aquel que busquemos en ella, sea por necesidad o por comodidad.

Esta digresión* frente a la vida será lo que llamaremos “ley” y “normalidad” en nuestro afán narcisista, tambaleante, dubitativo e inseguro de someter a la otredad o exterminarla una vez nos hayamos frente a esta; pero también ha de llamarse ética cuando somos conscientes del paralelismo entre la vida –que por simple conveniencia didáctica, por no decir “pereza”, me permitiré llamar– “natural” y la vida psíquica de la humanidad.

El Superhombre (Übermensch) de Nietzsche es tal: es aquel que decide continuar soñando aun sabiendo que está soñando. No nos motiva, pues, a despojarnos de los nombres que llevan las cosas bellas, o de los nombres bellos que llevan las cosas, sino a disfrutar de su fragilidad, a usar estos nombres con respeto y responsabilidad sabiendo que no hay tal cosa como La Verdad, que el nombre no contiene a la cosa ni la agota, y que no es el único nombre para referirse a esta. El resto, amigos míos, ¡es pura poesía, es creación pura!

La búsqueda de un orden supremo e infalible, o el afán por debelar la “realidad última” o un adefesio tal como aquella supuesta “ley natural” que lo rige todo, habla más de la inseguridad que pulula en el espíritu de la humanidad contemporánea que del mundo al que nos hemos visto arrojados, impotentemente, al nacer. Será decir con Nietzsche, Deleuze y Žižek que no hay más orden que el motivado por el terror que nos produce nuestro propio desorden, nuestra pequeñez y aparente insignificancia ante el enorme universo, nuestra impotencia ante la pasión, ante el amor, el odio, el miedo… nuestra impotencia ante la vida y la muerte.

¿Y si realmente no hay un "papel normal"? ¿Y si son las propias excepciones las que crean retroactivamente la ilusión de la "norma" que supuestamente violan? ¿Y si en la filosofía, no sólo la excepción es la norma, sino que además la filosofía misma -la necesidad de un auténtico pensamiento filosófico- surge precisamente en aquellos momentos en que las (otras) partes constituyentes del edificio social no pueden desempeñar su "papel propio"? ¿Y si el espacio "propio" para la filosofía es el de esos mismos hiatos e intersticios abiertos por desplazamientos "patológicos" en el edificio social?

Slavoj Žižek – Órganos sin cuerpo: Sobre Deleuze y consecuencias (pág. 14)

De ahí que nos pasemos la vida buscando un sentido, un delirio razonable, una fantasía duradera que explique y sostenga nuestra condición de existentes, un constructo metafísico que nos de soporte práctico y narcisista al tomar por sorpresa al mundo (Vattimo) y nos ayude a sentirnos menos diminutos ante lo demás y los demás, pero especialmente, que nos ayude a sentirnos menos insignificantes ante nosotros mismos.

Yo decidí gestar algo distinto para mí; no creo que sea algo único, pero hoy me siento motivado a compartirlo. Más que un sentido que me diga el orden del universo, yo busco un sentido que me permita asir y sentir lo que siento, un concepto que, más que gozar, me permita contactarme duraderamente conmigo mismo… y bueno, con eso, con estar conmigo, me basta para ser feliz.

Creo que el sentido es personal, es del campo de la ética aristotélica, eudaimónica y, por eso, no nos resta en la vida más que pensar en la vida propia, la de cada uno en concreto, para darle sentido a esta y no a todo el mundo en cuanto tal. Claro está: no impongo mi opinión, la propongo y aclaro que esta ha sido, desde hace ya varios años, mi propia elección.

Elegí fabricar mis sentidos, mis nombres, mis palabras y mis letras para gestarme, a conveniencia, como un mundo que me sea amable tanto a la hora de dormir como de despertar. Sufro como todo ser humano en el movimiento del ensueño entre el amor y el desamor, entre la compañía y la soledad, pero me basta con crear otro nombre, otra palabra, para volver a desear a la vida y vivir con tranquilidad.

Hoy, soy un desorden en Žižek, soy la carne de mi brazo derecho que dejó de sentir por un golpe, por un tirón, por la tensión. Soy la tinta que discurre, transcurre, divaga y deviene tiernamente entre mis dedos y el papel. Soy movimiento inagotable soy una voz que vuelve de la nada a decirte que sigo aquí, contigo, soy un punto que arremete sin aviso.

No hay orden, no hay ley. Me quedan mis letras para puntuar mi existencia –no imaginan la alegría con la que lo escribo– y, con esto, me basta para irme a dormir feliz esta noche. Punto final.



*Digresión: (Del lat. digressĭo, -ōnis). f. Efecto de romper el hilo del discurso y de hablar en él de cosas que no tengan conexión o íntimo enlace con aquello de que se está tratando. (RAE)

[Escrito: miércoles 10/09/2014]

domingo, 24 de agosto de 2014

Religare

Tramitar a un ser querido muerto es recordarle a viva voz en una comunidad religiosa.

Ahora, no se me malinterprete; hablo de un grupo con características de Común-Unidad, unidad en torno al vacío que deja su ausencia –la del muerto– que es común a todos y que, ante esta, se propenda por una re-ligazón (religare) subjetiva e intersubjetiva.

La muerte de otro es también la posibilidad de buscar nuevos modos de sujetarse a sí mismo, a lo otro y a los otros, con las puertas abiertas a la conversación, a hacer palabras y elaboraciones del sufrimiento, de lo común, y así erigirse como comunidad de supervivientes, pero también concebirse como sujetos impotentes ante la inexorable, la muerte.

Hacer algún trámite alrededor de la muerte de otro implica entonces una nueva formulación subjetiva y, para nosotros que creemos en los otros (con minúscula), una nueva configuración del lazo social, una nueva formación social y comunitaria. Semejante evento que todos comparten es, a mis ojos, suficiente excusa para buscar al otro aventurándose en los confines de lo posible de cada uno.

Sí, el amor es un salto al vacío, también lo es la amistad. La confianza de lo íntimo, la develación de lo reprochable, la confidencia que transgrede la vergüenza, lo que arriesgamos en el proceso identificatorio, este vertiginoso movimiento hacia la otredad, lo abrumante de la emoción… ¿Cómo amar sino desde el deseo reconciliado con esa extraño goce que nos aborda cuando vivimos intensa y apasionadamente? ¿Cómo amar sin ese miedo a que el otro falte o muera? ¿Cómo vivir sin angustia?

El amor no es la solución, no hay un amor que escape a los eventos más dolorosos de la vida humana. Dicho al contrario, justamente son estos eventos lo que le dan sustento al amor como proceso y no como un solo instante de pasión desbordada, pues es a lo largo de lo impredecible de la vida que nos acompañamos en el amor y la amistad.

Me gustaría tener más palabras para mí y para quienes lean esto, pero seré conciso: yo no sé más que ustedes ni sufro menos que ustedes; pero le he cogido gusto a saltar al vacío cuantas veces sea necesario a ver si encuentro a algún otro con quién conversar. Siento este texto inconcluso justamente porque es un salto al vacío, un salto de fe, y no me queda más que confiar en que alguien lo leerá y que algo, alguna idea o alguna pregunta, se quedará con él o ella.

[Escrito: sábado 23 y domingo 24/08/2014]

jueves, 21 de agosto de 2014

Carta a Juanda - Hermenéutica

*Nota introductoria (Advertencia): En esta carta hablo de Sergio. Considere con cuidado si desea leerla porque la escribo con pocas reservas y mucha sinceridad. Aclaro que en ningún momento es mi deseo el causarle malestar a alguien, como tampoco pretendo compartir morbosamente información.


Envigado, viernes 1° de Agosto de 2014 (1:52 am)

Para:
Juanda

E.S.M.



Hombre… hace rato que no hablamos.

¿Cómo vas?

Aun me espero… espero que algún día no te vayás cuando queremos hablar… pero vos sos como la menstruación: entre más se te espere, más tardarás en venir, pero al fin de cuentas, eventualmente terminarás viniendo.

Espero con ansias hablar con vos, sea de Hermenéutica, sea de tu padre o lo que te venga en gana. Te diría que te hablaré de hermenéutica en esta ocasión, pero no.


Por mi parte, tengo mucho que contarte…

Se suicidó un gran amigo.

Vos sabés que yo soy hijo único, de manera que nunca tuve hermanos sino amigos muy cercanos. Estando más chico, a ellos les decía “hermano” sin darme cuenta, y a penas con la muerte de Sergio, con su ausencia, pillé el sentido. No sé si me han hecho falta hermanos, o me han sobrado amigos, quizá ambas…

Con el tiempo se han sumado nombres a la lista, pero también han ido saliendo uno tras otro, separándonos en los distintos caminos que decidimos a cada momento. Vos conocés a varios, además, vos sos uno. Jose Gabriel, Nicolás, Jose Luis, el mismo Alejo… Óscar, Camilo Claudio, Juanes, James, Pérez, Villegas, Pupu, Calle, vos, Zubieto, Vieco de vez en cuando, Pipe, David, Pulido… Sergio…

Vos sabés cómo soy. Obviamente nunca se lo dije a ninguno más que como una simple muletilla para nombrarlo, pero siempre lo sentí y lo pensé. Dice una canción de Leiva, uno de los dos de Pereza “nunca nadie supo la verdad”. Y güevón, no me pongás problema por el concepto de “verdad”, que vos sabés con claridad cómo lo concibo: forma discursiva de carácter axiomático.

Que los vientos no traigan
Siempre un nudo en la garganta.
Para ya, ya, ya, ya, ya
Que te vas a quedar en nada,
Que te vas a quedar en nada,
Que te vas a quedar sin alas…
Cuídalo bien.

No voy a soplar las velas.
Hoy vengo muerto, quiero gritar.
Los veranos en ruta
Me salvaron otro año más.
Nunca nadie supo la verdad.”

Se llama “Nunca nadie”, es una de esas que escucho en San Pedro; aparentemente el bajo me hace falta sólo cuando tengo calor.

Sí, nunca se lo dije a nadie… quizá sólo a los primeros dos, nunca con claridad. Pero cuando supe que no lo volvería a ver, a Sergio, supe que él era uno de ellos, que se agregó a la lista hacía ya tiempo. Yo ya lo sospechaba hacía unos meses, pero decidí no echarle cabeza en ese momento. Me dolía mucho porque él se encontraba lejano de mí, así que no lo quería pensar… además de que yo andaba con otro lío, uno menos amable. Vos sabés cual jajaja, ¡pero shhhh!

Resulta que el muy güevón se colgó. Eso ya estaba claro, él lo había anunciado hacía muchísimo tiempo y dos personas lo sabíamos directamente y con claridad. Yo llevaba ya años intentando que ese pendejo siguiera con vida, anduve pendiente de él, pero cuando lo vi inclinándose hacia la repetición intenté dar un paso atrás… claro, yo mismo no me lo permití y me quedé ahí, intentando cuidarlo, pretendiendo salvarlo. Sé que vas a decir que yo soy muy tierno, que soy un amor… no tengo cómo contradecirte, yo soy un amor con mis hermanos.

Eventualmente me alejé de él para darle un espacio en la relación que entabló con una chica con la cual también amisté al tiempo; aun siendo una relación supremamente voluble y ambivalente, él la disfrutaba y la padecía con intensidad. Pathos, él siempre fue un apasionado.

Hasta ayer… no, hasta hoy, me sentí culpable por su muerte, pero logré conceptualizarla de un modo más amable: pensaba que yo había inducido la emoción que lo empujó a suicidarse… pero no; creo que sólo clarifiqué sus motivos y él tomó su propia decisión. Alabado sea Santiago, mi terapeuta, por esta revelación. Hoy dormiré liviano.

Además se mató en la misma habitación que murió su padre; completó la escena. Él nunca pudo superar eso, y siempre me dijo que su padre se había suicidado porque decidió optar por el machismo, la terquedad y el egocentrismo antes que por su vida, que era un cobarde, una gallina. A él, a su padre, lo mató un cáncer frente al cual se reusó a ser tratado y Sergio nunca se lo perdonó, además de que siempre buscó un padre en la gente, en su entrenador, en Andrade, en mí, en otros tantos. Lo fantasmático de las relaciones humanas es apasionante e intenso, pero confrontador.

No sé si morir en el mismo lugar y bajo una modalidad similar a la que él conceptualizó, el suicidio, será muestra de haberlo perdonado. Freud en varios momentos habla del suicidio como asesinato y como suicidio al tiempo, además del asunto de las escenas fantasmáticas del Acting-out y el Pasaje al acto en Lacan. ¿Quizá por fin mató al papá? No sé, pero evidentemente no sobrevivió a eso. Es un Acto como tal, uno irrepetible, pero un Acto a fin de cuentas, el más claro de todos, el acontecimiento vitalicio y primordial. Bueno, ya ni modo preguntarle.

La ventaja es que no sólo ya no me siento culpable, sino que esto me ha ayudado a impulsarme un poco más a la adultez, hacia algo de sabiduría. Volví a crearme otro nombre, está en gestación, comencé la casa por el tejado, como dice Fito Cabrales (el de Fito y los Fitipaldis), pero ese es tema para otro día, o para otro texto.

Volver, volver a ver en a la universidad fue fuerte, me salieron dos lágrimas, de esas que no preguntan, sino que atropellan mi voluntad e inundan mi rostro. No pude evitar observar con una profunda nostalgia la banquita donde nos encontrábamos. O bueno, una de ellas.

Sólo pude llorar a los días, no sé si 3 o 4. Ana puede saber mejor que yo. Iba con ella en su carro, de copiloto gasolinero, como siempre, y por poco ocurre un choque entre autos frente a nosotros. Yo me asusté, sentí que me iba a morir… yo si vi el choque y, en pánico, algo lloré. Fueron pocas lágrimas, asustadas, comprimidas, pero algo salió. Sentí que me moría y luego descansé. Con eso desapareció el hueco en el pecho que tenía, la resolución de la culpa a penas vino una semana después.

La misa que la familia le hizo fue una mierda. Hombre, fue terrible, yo estaba desesperado, quería matar al cura y a la hermana de Sergio. ¡Qué mujer más bullosa y culposa! Que desespero esa diada de religiosos.

La gente llora mucho, no sé si por hacer drama o qué. Yo escribo mucho y no espero ser leído, al contrario que ellos que, incluso se molestarían si no son leídos a su gusto. Me siento relativamente autóctono frente a ellos en estas situaciones.

Esperé poder salvar a Sergio mucho tiempo, Yo sé que no tengo derecho a decirlo por lo que te conté el otro día, pero para mí es absolutamente coherente. Él pretendía huir en ese tiempo, yo terminar tras haber hecho lo que tengo aun qué hacer; así que pasé mucho tiempo desesperado, angustiado, triste y melancólico por no haber podido salvar a mi hermanito… ¿te he contado la historia de “Por mi tripa” de Pereza?

Es el hermano, no sé si de Leiva o de Pozo, pero es un cocainómano pesado y es algo que a su hermano le pesa muchísimo; algo así. Esa canción me acuerda a él… y no lo pude salvar.

Llegué a una sentencia: La psicología sirve para cuidar locos, no para salvar suicidas. Ante eso, Santiago respondió que no era muy razonable pensar entonces que yo pude haberlo salvado o incluso inducido, a lo que yo repliqué que el loco era yo; pero él tiene razón.

Es cierto, yo no lo condené ni lo salvé, siempre fue su decisión y él se afirmó a sí mismo, a su existencia, como destino y como decisión, como acto, con su suicidio. No quiero quitarle eso con mi delirio de control y saber, no. Siempre fue su decisión hasta el final.

No obstante, esta conclusión no me ha rescatado de mi propia mente, de la nostalgia, la melancolía, la culpa y el dolor. Tan sólo hoy pude rescatarme de mí. ¿Te acordás de que me mandaste State of love and trust de Pearl Jam como respuesta ante Concretud y disolución? Jajaja, ¡esta vez no me disolví! Sólo tuve un  hueco en el pecho, son buenas noticias, y con el cambio de nombre creo que esto va a mejorar mucho más.

Al principio pensé que él era un güevón por haberse suicidado, pero ahora creo que fue sensato de su parte llevar a cabo (lo digo amando y odiando a Heidegger) el deseo que hace tanto tenía: una vez muere su padre, el peso de su madre recae sobre él, oh mujer asfixiante, simbiótica, ambivalente, culposa, culpante, culpable, desesperante, persecutoria, manipuladora, desgraciada. Los duelos se hacen por las buenas o por las malas, pero uno no se va de esta vida debiéndose nada.

Si, quizá el más sensato sea el suicida. Empédocles de Agrigento, el filósofo griego que abogó por el Physis equilibrista, se arrojó al Etna, al volcán, supuestamente para dar un final suficientemente digno, honorable, a su altísima existencia. No sabe uno si se reconcilió con su pequeñez en el vuelo hacia el volcán, o si Sergio lo hizo, pero seguramente tuvo tiempo para pensarlo. Deduzco entonces que, si bien el acto del suicidio puede ser sensato y recrear con claridad la escena de la asfixiante angustia de la pérdida de un ser querido y la persecución, los motivos del suicidio y el suicida mismo pueden carecer de sensatez. Bendito sea Aristóteles, amén.

El pendejo no llamó a nadie esa noche, él sabía a lo que iba. Se disculpó por lo que me dijo antes de hacerlo, y me dio las gracias por mi amistad. ¿Habrá tenido una epifanía? Me decía que no se sentía bien, que se sentía flotando… algo se reveló a sí mismo, algo se permitió sentir, estoy seguro de eso. Lo último que le dije fue que escribiera, y ahora soy yo el que  escribe de él.

Le pesó hacerse responsable de lo que vivió con ella, con esa noviesita con quién entabló su última relación. Le costó mucho asumirse responsable de lo que él mismo gestó con su vida, en su relación y en su mundo. Quién sabe si su propia culpa lo mató, y quizá sí, él siempre deseó expiarse, extirparse, y bueno, quizá lo consiguió finalmente.

Tenía ese delirio de poeta maldito, incluso le gustaba el francés. De poeta maldito y de Edgar Allan Poe. Él no quería misa, pero el muerto ya no se pertenece a sí mismo, le pertenece a los que dicen llorar por él escandalosamente. Podría incluso decir que él me dijo en alguna ocasión que él era vitalista, como Nietzsche, o que era nietzscheano, y nadie podría decir lo contrario. La verdad es un juego discursivo y, con el paso del tiempo, un juego jurídico, Foucault. Pero sí, si me lo dijo, y yo le decía que no entendía él a qué Nietzsche estaba leyendo; imagino que al de Wikipedia jajaja.

Él me dijo que no se sentía bien; y sí, aparentemente estaba mal, pero no creí que se refiriera a eso. Pensé en llamarlo, pero decidí no hacerlo, preferí no hacerlo. Pensé que era un momento de él con él, que no era lugar para mí en su mundo. Acerté.

Su suicidio fue su decisión y su responsabilidad, no la mía. Él lo eligió. Yo tan solo hablé con él y clarificamos sus percepciones y motivaciones, también las mías, y él decidió a conciencia qué hacer con su vida. No le quitaré nunca el nombre que él decidió darse con su acto, yo no tengo y nunca tuve poder sobre él, así que lo puedo dejar morir en paz. Me refiero a mi propia paz.

Él pudo ser mi hermanito, pero siempre lo vi como alguien igual a mí en términos de capacidades. Aun así, siempre sostendré que él no entendió ni a Nietzsche ni a Schopenhauer, pues, más allá del tema del suicidio. Él no estaba loco, pero entendía lo que le daba la gana. Quizá todos seamos así, pero él lo era más patentemente. En vida, él no estuvo de su parte.

Vos llegaste a verlo, quizá una o dos veces. En el cumpleaños de Ana sé que lo viste.

Es curioso todo esto. No hubiera pensado que su suicidio sería un motor tan grande en mi vida, algo que me motivaría, que me daría impulsos para asirme adulto, para confrontarme con mi propio niño interno, el “mal hijo” que habitó en mí y que por fin pude dejar morir con Sergio.

Cuando él murió, soñé a la segunda noche (la noche del día de la misa) con un retrato familiar en el que estaban los padres y el niño en el medio, lo abrazaban. El niño era él y ya se llevaba bien con ellos, en especial con el padre.

El retrato es una representación de uno de los de mi familia. Es el único recuerdo que queda de un busito verde que boté, se me perdió en la calle un día y me regañaron muchísimo por ello. Ese día me sentí un mal hijo. Quizá con la muerte de mi especular hermanito también algo de ese “mal hijo” que habita en mí cambió, se re-estructuró, se transformó, murió, y tomó nueva forma.

Sí, creo que era una situación que me hacía falta para semejante cambio que estoy experimentando, una transformación de raíz que ya se veía venir desde hace tiempo pero que, por algún motivo, yo no había aun llevado a cabo. Seguramente me hacía falta una crisis.

Ante la intramitabilidad de la muerte, la de alguien tan cercano como él, necesité jugar esa carta: la carta de “El Sabio” que me permite asir y fluir con tranquilidad. El mismísimo James Joyce me ha iluminado con su psicótica sabiduría identificatoria y he virado la moneda que mis padres tan amablemente prensaron para nombrarme; el otro lado de esta siempre estuvo libre para mi propia inscripción. ¡Soy padre de mis nombres desde los 12 años! Ahora no me queda más nombre ajeno que mis apellidos; con esto y el viento frío que me acompañan esta noche me basta para seguir potente y vital, y un poco más sabio que ayer, que hace dos semanas.

Hombre, me escribiste que reconociste en vos las faltas de tu padre. Yo quería escribirte para decirte que no te mataras por favor; es en serio, al menos no te matés por ahora.

Sé que vos no lo harás, pero… me hizo falta decirle eso a Sergio: “Oe, no te matés, no te matés por favor, al menos no hoy, al menos no por hoy.” Resulta que le dio por matarse el mismo día del cumpleaños de Sara, mi amiguita de toda la vida de la unidad.

Este taco en la garganta es brutal.

Si, Sergio… me duele no haberte dicho que no te mataras por favor, y ya no podré decírtelo más que en estas letras, en mis textos. Te pedí que escribieras, ahora te escribo a vos. Me hubiera gustado decirte que no te mataras por favor, pero juro que descansé cuando me dijeron que efectivamente te habías suicidado. Esa tención de estar tras de vos diario, preocupado, atento, en pánico… fue terrible, absolutamente desgastante y doloroso. No era sostenible seguir en esas, nunca ibas a parar, nunca ibas a dejar de amenazar con eso; así que te juro que por fin descansé.

Juanda, vos sos distinto. Vos no has amenazado con eso, a vos nunca te he cargado, así que te lo digo sin ningún reproche: Juanda, hermano, no te suicidés por favor. Deseo tener mucho más tiempo para hablar con vos, claro, cada que te de la puta gana de volver… pero aquí estaré, estaré más que nunca, para cada uno de mis hermanos. Los amo a mi manera, y me hacen falta como gusto de la suave distancia y los calurosos reencuentros.

Hoy soy este viento frío que los saluda a todos por igual y que con ternura declara su cariño y su fuerza, su constancia para acogerlos y su paciencia para soportarlos.

Juanda, vos sabés cómo soy como yo te conozco a vos, y los dos sabemos que ambos lloramos algo leyendo esto. Te mando un abrazo fuerte con mi tinta, con mi alma. Y si, yo tampoco quería hablar de Hermenéutica jajaja.

Me despido de vos; como siempre, es un placer escribirte.



Con cariño y sinceridad, sin reserva alguna, tu auto-nominado hermano.

-José David.



*Nota 1: Si alguien decidió leer esto, le pido el favor de que lo guarde para sí mismo, de manera ética, discreta y prudente. Es un tema delicado para varias personas y lo seguirá siendo por un tiempo. Confío en los pocos lectores de este espacio.
*Nota 2: Este mes he escrito mucho, pero asuntos de otro orden, mucho más introspectivos y aparentemente desorganizados. He sentido desde que escribí esta carta que no puedo publicarla y, a raíz de eso, no he podido escribir o publicar nada más del estilo de este Blog. Definitivamente es mi desnudez y ponerle un límite implicó transgredirme... a penas hoy logro, aun con algunos miedos, publicarme y publicar a Sergio con sinceridad, sin muchas reservas.
*Nota 3: Sinceramente espero no ofender a nadie con esta carta, no ha sido mi intención en ningún momento. Si alguien definitivamente le ocasiona malestar, por favor comuníquese conmigo. No me gustan los problemas ni incomodar a las personas, así que seré receptivo en caso de que alguien se sienta incomodado u ofendido por esto.
*Nota 4: Lo comparto por una infinidad de motivos. Ustedes no tiene idea del descanso que siento por poder publicarlo por fin, es una tarea enormemente terapéutica para mí. Este texto, esta carta es una letra desnuda, este es su lugar, no el olvido ni el reproche, no el silencio ni el vacío. Hoy dormiré tranquilo tras librarme de mi propio silencio hipócrita. Me alegra que este espacio sea tan íntimo y privado como para poder hablar con sinceridad, sin contenerme. Por fin puedo sacarme este taco de la garganta y dejar de callar a mi amigo, a mi hermanito, y dejar de callarme a mí. Cierro mi silencio, puedo hablar libremente... Hasta siempre.
*Nota 5: Gracias por leerme... y gracias por acogerme con sus lecturas. Gracias, muchas gracias.
*Nota 6: Diré y seguiré diciendo que Sergio me quedó debiendo 20.000 pesos; sé bien lo que digo: le reclamo al malparido que matándose me quedó debiendo un amigo, un amigo muy importante que jamás podré olvidar. Poco a poco lo voy aceptando, y quizá algún día deje de ser un reclamo y se vuelva un simple chiste para nombrarlo, o deje de nombrarlo... pero, por ahora, sigo extrañando a mi amigo, a mi hermano.
*Nota 7: Casi a dos años de su muerte, por fin puedo dejar ir esa pequeña deuda de mi amigo. Así, como fue, estuvo bien. De verdad que así estuvo muy bien. Gracias por todo, amigo mío. [Junio de 2016]



[Escrito: viernes 01/08/2014]

sábado, 19 de julio de 2014

¡Colombia huele a mierda!

Imagen tomada de: http://www.panoramio.com/photo/32563981
– ¡Colombia huele a mierda!

– ¿Toda Colombia?

– Pues, más que todo el puente.


[Escrito: viernes 18/07/2014]

jueves, 17 de julio de 2014

Viento frío

Llegué a la Fundación.

Este clima sigue siendo una bendición para mí, el frío me hace bien, me calma. El silencio es necesario en la vida; en mi caso el silencio es vital y la compañía del viento suave y frío es un punto de equilibrio entre el contacto humano y la soledad. Alguna metáfora dirá en su roce con mi piel, algún verso saldrá disparado de mi carne ante el roce pacífico y cariñoso de los suspiros del mundo.

Con suavidad me dirijo al sentido. Poso mi mirada en el cielo, mis brazos al aire. El leve sol tempranero calienta mis manos con ternura y el viento no cesa, nunca cesa de soplar. Me siento como la hoja de un árbol que se mece con tranquilidad en su vuelo vitalicio: no hay nada qué pelear con el viento, pues él no busca pelea, no parece gustar de la confrontación; sólo quiere recorrer los cielos con suavidad, surcar el amplio firmamento. Él me lo susurró.

Mi cuerpo hace de noria ante su potente perseverancia, y giro infinitamente, sobre aquel eje que reside en mi piel, recobrando energías con su flujo helado, gestando letras a partir de su fortaleza cinética, produciendo versos a partir de su tenue calor, haciendo música con el cantar de sus labios invisibles que se liman con suavidad uno con otro para gestar el suspiro de un enamorado que desea y recuerda con pasión.

El viento cantará lo que cada uno quiera que cante. Para mí, canta la historia de esta humanidad, y de tantas otras que han habitado todas y cada una de las realidades posibles en la subjetividad.

Creo en el cantar del viento, en su aliento de vida que me dota de la fuerza de un soldado espartano para aferrarme a la existencia, para enfrentarme a lo imposible en las Termópilas, para llamarme Vitalismo con su aire, con un suspiro que tomo prestado para ser palabra; y soy palabra viva, viento mío, porque me dotas de vida con tus suspiros, y con un suspiro decaeré, pagaré mi deuda contigo una vez haya llegado el tiempo para hacer de mi alma viento helado, viento que dará vida a algún otro loco que necesite viento para escribir su vida, para vivir sus letras.

Entonces continuaré fluyendo hasta que no queden más vidas que aquellas que habitamos en el viento helado como vida muerta, como la Stýx que recorre el Hades tantas veces sean necesarias para hacer del inframundo una gran ciénaga. Con la guía de algún Caronte amable, esta corriente es para los vivos un vasto archipiélago cálido lleno de caricias desde El Volador hasta San Félix. Será este roce desmedido entre cuerpos desnudos el que exprese el amor que en nuestras almas siempre habitó, el amor que aun en la hora de la parca Inexorable no pudo ser rescatado para la vida, para los que aun hoy continuamos viviendo. Así, llegada Aísa, con ternura saludamos a la vida que fluyó entre nuestros dedos como viento, entre los dedos de nuestros abuelos años atrás. A sus labios calmados nos entregaremos, como siempre hubiéramos hecho con los labios de ese viejo amor que nunca dejamos de añorar… y habrá tormenta, y habrá paz.

Seremos la música que se escucha en las alturas, aquel motor inmóvil que hace de las nubes un altar de plastilina, una almohada cristalina de sueños de libertad. Cantaré la historia, la de todos y la mía, así como -sin pena ni gloria- pretendieron mis letras en vida, vacías de aire y llenas de tinta. Danzaré entre los vivientes como mi cuerpo nunca me permitió y daré con mis dedos ese tacto amoroso que tanta falta le hace quienes escriben su vida hasta desvanecerse en la tinta cuando no queda nada más por decir.

Quiero ser aire frío que le de fuerzas a otro idiota para no quitarse la vida hoy, y convencerlo, con el mismo cantar que hoy fui seducido, de unirse a la legión del viento vivo una vez de su carne se halle partido. E incitarlo a vivir sus instantes con ámplio vitalismo, con dulce erotismo, como una hoja que vuela propulsada por la ternura del viento, de la mano con este Caronte que no cesa de llevarme a las alturas con sus corrientes inmensas. Llegaré hasta donde desee llegar con la corriente a mi favor, hasta que me canse de respirar, hasta que desee cantar.

Ya no tengo en mis hombros la historia de la humanidad, no es Atlas mi nombre, más circulan con armonía en mis oídos sus dulces cantares, en mis espaldas siento su potencia que me impulsa a caminar, y en mi piel aquella ternura, el sincero cariño, que siempre me recuerda cómo amar.

Soy el viento helado que me dice que no todo el sol es odioso, que me recuerda mi cuerpo y mi historia, que me da cuerda como a una noria para nunca dejar de girar, para seguir caminando con suavidad y jamás ceder lo que me queda de humanidad.

Soy las letras movidas por el viento que escapan de mis hojas, que no alcanzo con mis manos, que se llevan mis dedos a volar con ellas. Soy mis letras hechas con aliento de cada poeta que ha cantado los hervores de la raza humana, soy la gran biblioteca de libros que cantan lo que nunca dijeron los vivos, los que a cada momento dicen lo indecible sin remedio: Que los muertos siguen vivos en este viento que nos abraza, que son amor leve que pasa entre nuestros dedos y acaricia nuestra piel, que aquí se encuentran entre nosotros, a nuestro lado, para recordarnos que hay que seguir andando, que hay que seguir amando sin límite o reproche, que la vida es vida mientras exista aire frío qué respirar, que enfríe la punta de mi nariz y nos acaricie hasta el final.

Lo único infinito es el viento que nos acompaña en la aguerrida campaña de seguir con vida otro instante para luego ceder al suspiro, al canto hermoso que acompaña a los que sigan luchando después de nosotros. Respiramos la vida misma, por eso no puedo ser algo más que vitalista.

*Nota: Ambas fotos son mías. Son en la fundación :)
*Nota 2: Estos son textos que no suelo compartir ni siquiera en los espacios más íntimos de mi vida. Soy consciente de lo volados y extraños que son, pero quizá son también algunos de los más sinceros, de los que no fabrico ni pienso en lo absoluto.Tan sólo salen. 

Con el tiempo, he aprendido a dejarlos salir para hacer su tránsito más amable para mí y para el texto mismo. Este fue hermoso para mí... pude darle su espacio y salió con la más amable parsimonia, con tranquilidad de principio a fin y al terminar sentí que no había nada más por decir, que así, sin más ni menos, era ese texto. Y así es, con esas dos fotos que tomé en el mismo lugar el mismo día, así es el texto que sentí en mi interior justo antes de escribirlo... esto me ha hecho muy muy feliz.

[Escrito: miércoles 16/07/2014]

Parce, ¡huele a mierda!

– Parce, ¡huele a mierda!

– Pues claro, ¿será porque estamos en una letrina? Güevón.

[Escrito: martes 15/07/2014]

lunes, 30 de junio de 2014

Desesperante

–¡ Amigui !, ¿te conté que dejé de ir a dónde mi psicólogo?

–No sabía. ¿Y a qué se debe eso?

– ¡Se debe a que él es un imbécil! ¡Tras diez meses de terapia, el muy mal nacido se atrevió a decirme que yo soy desesperante! ¿Puedes creerlo? Ojalá un día de estos le quiten la licencia, se lo tiene merecido por grosero y por estúpido. ¿Uno dónde o con quién puede poner una queja? Deberías apoyarme con esto.

– Tranquila Sara. ¿Cuál es su teléfono?

– Es XXX-XX-XX. ¿Le vas a decir a ese imbécil que es un sinvergüenza por lo que me hizo? 

– No; le diré que estoy de acuerdo con él.


[Escrito: lunes 30/06/2014]

domingo, 15 de junio de 2014

Oposición

 
A mi juicio, hay dos grandes ganadores en el proceso electoral colombiano en el presente año: el re-elegido Juan Manuel Santos y la oposición (aclarando que la oposición no son los uribistas sólamente). Creo que hoy se ha expresado un movimiento de oposición enorme que bien podría dar origen a procesos de veeduría más serios que en los años anteriores en la medida en que, más que santistas, hay muchos "neosantistas provisionales" que seguirán siendo oposición al gobierno, sumados a los uribistas que está más que claro que tendrán un ojo fiscal ante las promesas y acciones del presidente electo.

Consolidar una oposición atenta sirve para aclarar los límites de lo permitido y lo no permitido, para exigirle a la corriente política imperante que se mantenga dentro de los límites de lo legal, lo moral y lo ético. Si todos los que no votaron por Santos se unieran para gestar una oposición sólida sumados a muchos de los que sí, podrían hacer del Presidente de la República un servidor público, es decir, alguien que sirve al pueblo, y no alguien que se sirve del pueblo; es este el papel de la oposición.

Traigo entonces el estado de Facebook de Antanas Mockus que, como saben, se unió a la campaña de Santos en esta ocasión. Dice esto: "¡Colombia eligió la paz, la vida sagrada! Con independencia y libertad seguiremos exigiendo que el Presidente Santos rinda cuentas a la ciudadanía, cumpla sus deberes y garantice los derechos humanos."

En este sentido, lo importante para mí no es que haya ganado Santos o que haya perdido Zuluaga. Lo que para mí es importante es que tenemos una gran tarea como oposición, y es hacer de Juan Manuel Santos el Presidente que Colombia necesita en estos próximos 4 años. Nuestra tarea es ser una oposición constructiva y propositiva, no por el bien de su gobierno 2014–2018, sino por el bien de los colombianos de hoy y de siempre.

Queda claro que hoy ganó Santos y que se expresó la oposición, votando tanto a favor como en contra de este –siendo el acto expresivo en sí mismo un logro considerable–, pero tendremos 4 años para hacer de esta expresión más que una simple manifestación aislada del deseo de ver mejor a nuestro país, y hacer también de la oposición una ganadora de estos comicios. Voté por Santos y lo felicito por su victoria; así mismo declaro que, de manera respetuosa y constructiva, me opongo a él.


*Nota: La pregunta es en serio... ¿Qué lograremos hacer con el concepto de Demokrácia?
*Nota 2: Queda claro que es mucho más peligroso ser oposición del uribismo que de Santos. Les dejo en el siguiente link el venenoso pronunciamiento de Álvaro Uribe Vélez ante la victoria santista: http://twishort.com/YWAfc

[Escrito: domingo 15/06/2014]

viernes, 6 de junio de 2014

Nota: Zuluaga y Santos.

Parce, política aparte, Zuluaga tiene que ser muy feo para que Santos se vea bien al lado suyo.


*Nota: Obvio si es un comentario político, pero shhh, que no se den cuenta jajajajaja.
[Escrito: viernes 06/06/14]