Sin duda, la más desventurada ocurrencia histórica de la
humanidad en lo poco que llevamos en la faz de la tierra ha sido suponer la
identidad (o por lo menos una ligazón indivisible) entre el amor y el sexo,
entorpeciendo ambos procesos y nublando toda capacidad de disfrutarlos con
alguna plenitud, pues al privilegiar alguno se hace a costas del otro y termina
así por anularlos a ambos y erradicar la felicidad de nuestras vidas.
Si ha de existir una relación en la que habite una
ligazón similar a esta, será porque las personas implicadas llegaron a sentirse
así sin darse cuenta, casi por accidente, y no porque así se nos haya enseñado a amar así: medievalmente.
Para decirlo simple y claramente: el amor y el deseo sexual son
dos cosas distintas.
[Escrito: viernes 10/04/2015]
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