jueves, 23 de abril de 2015

Corazones

Me disgusta que las mujeres me respondan a mis mensajes con corazones. Eso perturba mi voluntad de soltería. Además, nunca aprendí a dibujar corazones, así que no entiendo lo que significan. No sé si quieren de mí una respuesta ni entiendo lo que quisieron expresar.

Confieso que les he cogido pavor con el tiempo y que no ha habido quién me haga entender su sentido, ni quién me enseñe a bailar salsa. Confieso que he sido condescendiente cuando he respondido con un corazón a los que las otras personas me han enviado porque nunca he podido darles un significado para mí, no he sentido algo que llene de sentido esa figura... Acepto que nunca he sentido algo que me empuje a entregarle a alguien, sin reproche alguno, mi corazón.

Reconozco que mi lejanía no ha sido sólo por mi carácter, que siempre ha sido también una emoción opaca que me abruma en cada desencuentro íntimo, cuando una persona quiere leerse en mí, imponerse o someterse antes que conversar conmigo, entre pares diferentes, pero de igual valor.

Reconozco que no ha habido quién me lea ni quién me escuche sin intentar encontrarse a sí mismo en mis letras o sin intentar arreglarlas, que no ha habido quién contemple mis palabras por lo que son, ni ha habido quién se encariñe con mi proceso de pensar.

Aun la gente no entiende lo que significa que yo regale palabras, gestos y miradas, o que me esfuerce en comprender algo totalmente ajeno a mí elaborando trabajosamente una teoría que nos brinde alguna luz aun desde el error, que haga una letra con mis dedos en el aire o en su espalda, que piense hasta la muerte y me abrume la duda… ha sido cuestión de dignificar mi deseo, de optar por un amor más digno (Ding) y dejar de regalar mis letras a quién no las pueda acoger. Tampoco ha habido alguien a quién no me canse de contemplar; no porque entienda o deje de hacerlo, sino porque no conversa conmigo entonces no me embobo, me quedo frío como una tumba y me distancio sin notarlo.


No he sentido el impulso de regalarle a alguien ni mis pasos ni mi corazón, y quizá eso me ha hecho un ser extraño, pero ahora más que nunca soy sincero. A partir de hoy me comprometo conmigo mismo a ser, hacer y decir lo que me nazca, no por condescendencia, ni por ocio ni temor; me comprometo a dignificar este corazón, esta barquita de tinta y papel, a cuidar estas letras que amarran mi cuerpo, a vivir tranquilamente mi soledad. Me comprometo a ser sincero y paciente, a vivir sin afanes, desprevenidamente y dejarme llevar. Me comprometo a respetar mi modo de ser, a encarnarme tal y como soy y, por fin, dejarme respirar. 


[Escrito: jueves 23/04/2015]

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