Confieso que les he cogido pavor con el tiempo y que no
ha habido quién me haga entender su sentido, ni quién me enseñe a bailar salsa.
Confieso que he sido condescendiente cuando he respondido con un corazón a los que
las otras personas me han enviado porque nunca he podido darles un significado
para mí, no he sentido algo que llene de sentido esa figura... Acepto que nunca
he sentido algo que me empuje a entregarle a alguien, sin reproche alguno, mi
corazón.
Reconozco que mi lejanía no ha sido sólo por mi carácter,
que siempre ha sido también una emoción opaca que me abruma en cada
desencuentro íntimo, cuando una persona quiere leerse en mí, imponerse o
someterse antes que conversar conmigo, entre pares diferentes, pero de igual
valor.
Reconozco que no ha habido quién me lea ni quién me
escuche sin intentar encontrarse a sí mismo en mis letras o sin intentar
arreglarlas, que no ha habido quién contemple mis palabras por lo que son, ni
ha habido quién se encariñe con mi proceso de pensar.
Aun la gente no entiende lo que significa que yo regale
palabras, gestos y miradas, o que me esfuerce en comprender algo totalmente ajeno
a mí elaborando trabajosamente una teoría que nos brinde alguna luz aun desde
el error, que haga una letra con mis dedos en el aire o en su espalda, que
piense hasta la muerte y me abrume la duda… ha sido cuestión de dignificar mi
deseo, de optar por un amor más digno (Ding) y dejar de regalar mis letras a
quién no las pueda acoger. Tampoco ha habido alguien a quién no me canse de
contemplar; no porque entienda o deje de hacerlo, sino porque no conversa
conmigo entonces no me embobo, me quedo frío como una tumba y me distancio sin
notarlo.
No he sentido el impulso de regalarle a alguien ni mis pasos ni mi corazón, y quizá eso me ha hecho un ser extraño, pero ahora más que nunca
soy sincero. A partir de hoy me
comprometo conmigo mismo a ser, hacer y decir lo que me nazca, no por condescendencia,
ni por ocio ni temor; me comprometo a dignificar este corazón, esta barquita de
tinta y papel, a cuidar estas letras que amarran mi cuerpo, a vivir
tranquilamente mi soledad. Me comprometo a ser sincero y paciente, a vivir sin afanes, desprevenidamente y dejarme llevar. Me comprometo a respetar mi modo de ser, a
encarnarme tal y como soy y, por fin, dejarme respirar.
[Escrito: jueves 23/04/2015]


No hay comentarios.:
Publicar un comentario