domingo, 18 de octubre de 2015

A veces estoy donde quiero estar

A veces me pregunto y escribo con fuerza, plantando un piso lleno de experiencias, límites, dudas y conceptos, plagado de emergencias.
A veces fantaseo y escribo con violencia, le arrebato de un tirón el blanco al papel relleno ya de tachones y figurines, de letras que no ceso de dibujar, líneas y trazos, formas que no podría reproducir.

A veces me acompaña la música a escribir y escribo con pesadez y delicadeza, y queda plasmada mi emoción a un nivel supra-textual, en la forma de las letras, en su enunciación, como si fuera el Alma-del-texto.
A veces soy luz y escribo con una claridad helénica, seductora, el torrente de pensamientos que me habita, y disecciono los sistemas conceptuales que han marcado esta historia.

A veces sueño con una respuesta, a veces tan sólo aparece sin más y escribo vigorosamente, con magistralidad lo digo todo y no queda nada por decir.
A veces sueño con una expresión y creo algo, una palabra, una noción, un concepto de deseo o de amor que, tanto produzco, como ya estaba desde el principio ahí, aquí.

A veces reconozco un deseo y lo articulo con todo cuanto soy; termino así tejiendo el concepto con la respuesta, con la fuerza y la violencia de mi escritura, la pesadez teórica y la delicadeza de la exsistencia, la emoción con la claridad y mi particular coquetería histórica, pensante y dividida, y soy esta ligereza al escribir.
A veces sueño con un deseo, con mi deseo, y anudo mi vida con mi creación y florece una producción con vida propia, con la consistencia que sólo la ternura de un artesano le podría dar a su artesanía. Esta danza conceptual es también un acto de seducción, ustedes lo saben.

Y sin embargo, no puedo más que imprimirme en cada creación, así que me esfuerzo infinitamente porque sea cabal, porque no quede un bache ni una incoherencia. Si voy a seducir con conceptos, al menos voy a hacerlo bien y voy a aportar algo a la vida de quién me escuche y me lea, aunque tan sólo sea mi sinceridad y transparencia. Es mi modo de lidiar con la vergüenza que me produce llevar a cabo este deseo de hacerme notar, de hacerme desear y hacerme amar.

Sí, mi deseo es lo que teje todo esto y no temo reconocerlo, ni me culpo ni me avergüenzo. Una creación es más que una simple defensa, supuestos lectores de no-sé-qué-Freud.

A veces me arrebato escribiendo y me hago efervescente y destrozo el estilo uniforme de un texto tejido, y soy tan tranquilo que me importa un culo. Lo acepto porque así es como hablo, así es como escribo. Acabaré literaria y filosóficamente al crítico o editor que lo critique, lo asesinaré en tantos cuentos, lo descuartizaré en tantas formulaciones que no sabrá si lo sigo matando a él o a algún otro hijueputa criticón o interpretador de la opinión pública, que lejos de sobrar habitan fácilmente donde quiera que haya una boca y una voluntad de joder la vida. Les queda la advertencia desde ya, zánganos de las letras, ortodoxos, estreñidos.

A veces me alebresto en rabietas y algarabías, y sonrío entre mis letras feliz, inundado de alegría, y elaboro una oda a lo que soy sin desear cambiar un solo detalle de lo que ha sido mi vida hasta hoy.
A veces estoy tan feliz y tengo tanto que agradecer que no sé por dónde empezar. A veces escucho a sabina y lo canto sin detenerme en lo absoluto, pues no tengo reproche ni reclamo alguno. Me desborda esta felicidad.

A veces, hoy especialmente, escribo detalladamente  con ligereza, con micropunta nuevo y escribo de morado, lentamente. Escribo sin costo alguno, las letras emergen sin esfuerzo y el ruido hace ya unos días cesó con finalizar el texto del deseo.

A veces escribo acerca de cómo me siento; ahora soy esta felicidad de ser yo y vivir mi vida, esta satisfacción… no sé cómo decirlo: es más felicidad que narcisismo, ustedes saben que no sufro de esas cosas, que me interesan el jengibre y los rizomas inmanentes. No me imagino en otro lugar en este momento, ni con las galletas de Nutella ni comiendo fritos de merienda. 
A veces estoy donde quiero estar, objeto de aquella dulce mirada cómplice en lo fortuito de un juego de azar.

Soy un deseo que es más que una falta y una escritura que es más de desahogo, soy esta creación con vida propia, soy esta producción constante de letras y perspectivas, de visiones, nociones y vías alternativas. Ahora soy la ternura, la pasión y la amistosa complicidad que imprimo en esta artesanía; crear, sonreír, coquetear y cantar son mis gratitudes con la vida.

Gracias por todo :)




[Escritos: lunes 12/10/2015, completado domingo 18/10/2015]
*lo único que completé fue: "objeto de aquella dulce mirada cómplice en lo fortuito de un juego de azar"; el viernes fue una noche especial jajaja.

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