En cuanto a la belleza, para mí es necesario aceptar que
hay chicas a las que veo y se me escapa mi aliento, se va tras ellas.
Si el tiempo no se
detuviera para mí, seguramente me daría cuenta de la cara de imbécil con la que
miro semejante Revelación divina que me mira coqueta, sonriente, encantadora
como ninguna otra mujer.
Musas bien podría haber en
cualquier lado, pero de vez en cuando aparece en el mundo alguna belleza que
excede incluso al mito, que sólo se puede contemplar desprovisto de toda
esperanza, a la cual sólo se puede contemplar de lejos, sin siquiera escucharla
hablar.
Cuerpo delicado, la única
flaca auténticamente hermosa, absolutamente hermosa. Con esa cara su cuerpo no
importa mucho, con que mire con esos ojos basta y sobra para enamorar. Y, aun
así, aun con ese rostro pulido y detallado, minimalistamente figurado, aun con
eso, su cuerpo despierta un deseo enmarcado en la ternura y un cariño lento,
suave y callado. No es un cuerpo que motive al sexo, sino uno que motiva a la
ternura, a la caricia delicada, a delimitarlo con las yemas de los dedos y el
borde de los labios cada noche y cada amanecer, por el resto de las noches y
los días habidos y por haber.
Se trata de una silueta
que no motiva a la rudeza, sino al desborde de ternura y a los abrazos de
acogida, sin ninguna excepción. Habría que besarla desbordante de amor para que
aflore esa sonrisa que sólo en su rostro tiene residencia y en mis ojos hoy
paga alquiler, porque habitara únicamente ante la mirada de algún amante con
suerte y dinero, aunque sea el dinero de papá… y, sin embargo, tu rostro lo
vale una y mil veces. De puta no tenés
nada, pero la crianza y el estrato pueden modular a su antojo la inclinación del
tallo hasta de los más bellos arboles, más aun la de esta delicada flor.
Por eso te observo en
silencio, a lo lejos, escribiéndote con suavidad los gritos del deseo que tu
existencia despierta en los que te vemos pasar. Habría que rodear el encaje de
tu ropita con los dedos delicadamente y repetir el divino gesto del maestro
González con los calzoncitos de Madeimoselle Toní para hacer justicia a tan
angelical expresión que se lee en tu cara sonriente, mujercita coqueta de
mirada asesina, de sonrisa pícara, de semblante tierno de mujer “para toda la
vida”.
Con un vals infinito, uno
que languidece y revive inundado de una pasión conmovedora, termino de
escribirle por primera y última vez a tu imagen esculpida en hierro, forjada a
la perfección hasta el último detalle en uno de esos pocos rostros que puedo
ver por completo, que podría determinar sin problemas con mis manos y mi mirada
sin miedo a perderme más que en tus labios y tus ojos profundos y cálidos,
mujer encantadora de figura sencilla y sonrisa coqueta, de pelo desorganizado,
de besos trasnochados. Con gusto te abrazaría el resto de nuestras vidas sólo
por ser objeto de tu dulce mirar.
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Y, sin embargo, humana te
vez. Más imagen que persona eres para mí, que ni siquiera quiero escuchar tu
voz. Sé lo que pasaría: no serías nada de lo que me gusta, hablaría una
engreída estratificada y árida y yo, humano y humilde, te echaría por la tierra
sin piedad alguna, te lanzaría de golpe al lugar donde todos pertenecemos…
querida, es el mundo de la vida, bienvenida, caminemos, vamos a pie. Tu belleza
te exalta hasta lo inimaginable, a lo imposible… has de ser entonces el colmo
de la humanidad, sea cual pudiera ser aquel que habite en ti. Seguramente eres
peor que tan sólo desabrida, no tienes voz.
Aquí tienes también
residencia, en estas, mis letras, que son también tuyas esta noche porque tu
existencia, tu imagen y tu recuerdo distante son los que le dan vida y arroja a
estas letras de mis manos a la vida y a la pasión, a las letras de Sabina, al
canto a tu rostro que es este texto que hoy compongo y te dedicaré cuando te
vuelva a ver a lo lejos y vuelva a suspirar con cara de imbécil cuando se
detenga el tiempo para mí, como siempre, en tu presencia, en tu mirada.
Valdrá la pena dormir hoy
contigo en mente, como compañía. Feliz noche, hermosa mujer; ojalá alguien
ilumine tu día tal como tú has iluminado el mío y tu belleza me ha colmado de
alegría; y lo digo con gratitud, no con cariño.
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Suficiente por hoy.
Para enamorarse valen la
pena las personas, no imágenes y remedos de aristócratas. La ilusión embellece la
noche, pero la vida es más atractiva que un rostro lindo y una figura
tiernamente esbelta. Si no me encantan sus palabras, si no me enamora su voz,
no podrá valerme la pena lanzarme a amar. Y ella, bueno, ella no tiene voz.
[Escrito: miércoles
30/09/2015]
*No subo imagen porque tendría que ser alguna de la chica en cuestión... y pues no jajajaja.
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