domingo, 18 de octubre de 2015

Nota: Sabina y la desilusión

...Y queda sabina, siempre acompañando la caída de la noche con su voz partida por la vida.

Si nadie cantara de los desencuentros con cariño y alegría, seguro yo seguiría pensando que son un infortunio en vez de aceptar que son la normalidad de lo humano. Digamos, estos son propiamente los encuentros humanos.

Si no fuera por sabina seguiría golpeándome de cabeza contra el bombillo buscando la luz hasta quemar mis alas, como una miserable mosca, en vez de haber aprendido a usar esa luz para ver lo que me rodea y buscar algo que me emocione, que me produzca ternura.

Aun en contra –y menos mal, fuertemente en contra– del sentido común, lo diré: Sabina salvó con sus letras, y yo salvé con sus letras mi vida amorosa de las añoranzas ominosas e ideales tan imposibles como la perfección. Si no hubiera sido por sabina, hubiera tardado unos cuantos años más para aceptar mi humanidad.


Gracias a Joaquín Sabina porque le debo la esperanza que me ha dado la desilusión, la esperanza de la vida, y gracias también a Isabel, a esa rubia de la cuarta fila que me presentó su música en primer lugar. Gracias.



[Escrito: lunes 12/10/2015]

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