La “realidad” en la que vivimos es la única realidad
posible, es la única forma de ser, el único modo presente de existencia. Cuando
se mira la historia en retrospectiva, cada evento, cada detalle, cada índice,
cada transformación, cada ligero e ínfimo movimiento se enlazan todos a la
perfección, sin exceso ni esfuerzo alguno, como si así se hubieran planeado y
estuvieran destinados a ser de ese modo desde un principio. Cuando una botella
de vidrio se cae y se quiebra, ninguno de sus fragmentos podría haber llegado a
un lugar distinto al que llegaron con las circunstancias y acontecimientos que
los llevaron a romperse en un primer lugar, sólo podrían haber quedado donde
quedaron, y a ni un milímetro de distancia en ninguna dirección.
Cada proceso se da procesualmente y por eso se despliega
con una exactitud dada, a tal punto que nos hace dudar de nuestra libertad de
elección como principio existencial. Las cosas son como son y con tal fuerza devastadora
que nos hace temblar hasta el fondo de lo que somos, retumbando incluso en los
cimientos de nuestra subjetividad; la fuerza de la existencia es tal que
amenaza con derrumbarnos, con dejarnos impotentes ante una supuesta realidad
que se impone y así eclipsar toda voluntad. Sin embargo, sin darnos cuenta,
nuestra voluntad y nuestro actuar tienen el mismo poder de hacerse tangibles en
la única realidad posible, en nuestra vida.
No tiene caso pasarse las noches dudando y divagando en “qué
hubiera pasado si…” pues nunca pudo haber sucedido porque no pasó. Si pudiera
haber pasado entonces habría sucedido y esta, la única realidad posible, sería
otra; pero no lo es, no es el caso y jamás lo será. Esta es la única realidad que siempre pudo
haber sido ya que es la única que es. Una vez se acepta eso podemos convivir
pacíficamente con el mundo y, paradójicamente, comenzamos a vivir con libertad,
con la voluntad a flor de piel intercediendo para elegir a cada instante cómo
hacer de nuestra vida algo que nos valga la pena vivir.
[Escrito: viernes 01/05/2015]
*Nota: Este no es un texto ontológico ni epistemológico, no es una propuesta teórica, ni una con orientación práctica o moral. Es una resolución mía conmigo mismo que me sirve para aceptar las cosas como son y permitirme dormir por las noches; es decir, me sirve para dejar de chimbiarme la vida con imposibles. Aceptar que las cosas son como son es lo que necesito para vivir en paz con mi vida y mirar el futuro con esperanzas, para vivir sintiendo mi propia libertad.
Paz. Tranquilidad. Fluidez. Aceptación. Movimiento. Felicidad. Dulce movimiento.
Paz. Tranquilidad. Fluidez. Aceptación. Movimiento. Felicidad. Dulce movimiento.

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