No pretendo decir la verdad. Hoy no,
en todo caso.
Pero… tengo una pregunta: ¿Qué tal si…?
No, no es una afirmación. Es una
sospecha, es una pregunta, es una incertidumbre a pesar de lo dulce de cómo
pueda sonar.
Lo digo del siguiente modo: no creo
que sea sencillo, ni siquiera probable aun cuando – y lo digo estrictamente hablando–
pueda ser posible. Sin embargo, es implausible y eso es lo que me da la
libertad de preguntarlo.
Prosigo. ¿Qué tal si…?
Es una melodía. La tengo en la cabeza
desde ayer, o desde hace dos días, no sé.
No sé cómo termina la pregunta porque no quiero una respuesta. Quiero la
pregunta. Por eso es implausible aun cuando es probable, porque no la
formularé.
No es una pregunta incompleta. Es la
posibilidad de una pregunta, y me agrada como posibilidad. No se constituye
como duda por el simple hecho de que no sufro tanto, no espero, sólo me
apasiono.
Es una cuestión filosófica también,
pero especialmente filosófica. Es una reflexión infinita, densa e infinitamente
liviana; es una pregunta a la que no estoy amarrado porque no busco una
respuesta, como tampoco busco formular la pregunta en su totalidad. Diría que
es un acto de cobardía si no me estuviera retrayendo conscientemente,
retirándome deliberadamente pero sin abstenerme de ser. Diría que es un acto de
cobardía si me hiciera falta formularla.
Es una pausa. Un bosquejo, una
reinvención en estado escueto. Debió
existir algún momento en el que las cosas no tuvieran un nombre en la historia
de la humanidad; la incertidumbre nominal (si se me permite) es un reflejo
opaco de esas épocas en las que aun había que señalar con el dedo a lo que
carecía de alguna forma de llamarlo. Eso, esto, aquello. Algún, algunos. Vos. Quejo.
La Anomia de Durkheim. ¿Será que le
tenía miedo a sentir? No digo que yo no, justamente porque he vivido antes un
miedo como ese. Pero ahora estoy tranquilo con eso; como siempre, desconfiado,
pero tranquilo… y a ratos confiando más en la gente. Supongo que es cuestión de
tiempo.
Es estético. Inútil. Inservible. Pero
hermoso a su manera y, por sobre todo, sincero. No me velo, como dice Oscar
Wilde. Me quito mi armadura. Y no esperaría que tantas letras salieran de
desprenderme de esta coraza, de abrirla al mundo. Por mi tripa, por mi tripa.
El malparido de Sergio es causante, sigo fracturado. Romper con Ana fue a penas
una consecuencia, una de tantas, de semejante fractura… de no poder sosteniendo
mi coraza rajada, de tener el pecho vuelto mierda. Sangro, sangro. Desde que él
no está, no tengo más opción que sangrar, que ser sincero a toda costa, aunque
me cueste el alma y la tranquilidad. Le debo mucho a él, muchísimo… un puño en
la cara, entre otras cosas. Por lo menos ya me resigné, no me pagará mis
20.000.
Las cosas si entran, pero entran tan
pero tan fuerte que me despedazarían. Por eso no soporto las manifestaciones de
cariño, porque aun estoy sanando mi carne magullada por semejante sopetón. De
Julio a Julio me he hecho adulto, a los golpes, a las fracturas, a las letras y
las palabras, pero aún quedan dos meses.
Nadie lo sabe. Ni siquiera lo
sospechan. Pienso en él, pienso mucho en él… a ratos lloro, lo hablo, lo
recuerdo, lo despido. El imbécil ni siquiera tuvo la decencia de despedirse de
mí. Sigo descalzo, esperando a sentir el temblor de su aniversario. Y ahora
Luis…
Mentí, dije la verdad. Seré
coherente, así la diré completa.
¿Qué tal si… te cuento? Esta
historia, esta maldita historia aun me saca lágrimas, aun no ceso de
extrañarlo. Aun siento este vacío, él no deja de no estar aquí conmigo, como
siempre fue, cansón, teta e insensato, pero mi hermano. Él fue el amigo con el
que me encarné, al que no le oculté nada. Falta que Vieco también se mate y me
tiro de un balcón.
Maldita sea.
No, no. La verdad es que hoy quiero
vivir, dado el dolor, dado el cariño, dado el miedo… quiero vivir con las
personas que quiero; por lo menos estoy pudiendo con mi soledad. Dada la vida,
dado el cariño, dada la pasión.
Me duele confiar en la gente. Los
puedo escuchar, pero me cuesta hacerlos parte de mi vida. No sé si pueda
contarte porque no sé si yo huya, ni si vos te quedarás, ni si te importe, ni
si te interese. Ese miedo no se pierde,
lo cargo a cuestas como lo último que él y yo hablamos, como no haberlo podido
abrazar unos días antes y despedirme con tranquilidad. Mi problema no es la
muerte, pero que por lo menos se despidan. “Amigo” es una palabra que me ha
costado usar desde ese entonces, pero creo que he encontrado a grandes amigos
desde que eso pasó.
¿Qué tal si te cuento por qué me arde
tanto? Porque sigo sanando esta herida, mi voluntad de confiar en las personas
aun se encuentra fracturada. Hago lo que puedo aun con mi dolor.
La formulo: ¿Y qué tal si confío en
vos? No quiero una respuesta. No me preocupa agradar ni generar interés, aun
cuando me siga faltando un ala y me haya arrancado la otra por la fuerza: caí en picada, pero no me arrepiento. He
vuelvo a formular mis ideales, son mis bosquejos, por eso Rin, por eso este
trazar excesivo e incansable. Menos mal que soy mi escritor, así puedo escribir
todo aquello para lo que no tengo palabras aun cuando lo intento.
Me reformulo: te abro esta puerta, mi
coraza ya no funciona, ninguna armadura quedaría entera después de todo esto.
Fracasé como hermético, pero eso me hace feliz. Sé que ya no puedo mentir y eso me saca una sonrisa desde el fondo de mi alma, ya no tengo más opción que ser sincero.
Cementerio de viejos ideales
consumidos por la maleza, de modos arcaicos caídos en desuso por el ejercicio
del amor y la superviviencia, de escombros
de tiempos pasados cubiertos por la potencia del vitalismo que me invade y que
sigo encarnando, lo que me queda de epicúreo… te presento mi jardín.
Bienvenida.
-Jose David
[Escrito: miércoles 13/05/2015]
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